Mundo grúa (1999), miseria y realidad 

La ópera prima de Pablo Trapero estrenada en 1999 es, a pesar de tener ya más de 25 años en su haber, una película fresca, necesaria y todavía perturbadora. Nos invita a pensar una realidad real y concreta que pregonaba allá por los 90s en la Argentina, aunque si volviéramos a verla o la mirásemos por primera vez, sorprendería por su correlación con el mundo actual. Pionera del Nuevo Cine Argentino, formó parte de un movimiento heterogéneo de jóvenes cineastas que se encontraban haciendo películas con lo que había, pero principalmente con un tinte de urgencia, de denuncia, de voracidad por contar historias reales, concretas y realmente crudas. Entre ellas podemos encontrar a Rapado (1992) de Martín Rejtman como una de las piezas germinales de este período, a Pizza, Birra, Faso (1998) de Bruno Stagnaro, Bolivia (2001) de Adrián Caetano, como así también La Ciénaga de Lucrecia Martel, también del mismo año, entre tantas otras.

Mundo Grúa», de Pablo Trapero, en el «Sanjo» (Viernes 29/10 – 18:30 Hs.) |  Videoteca del Mirador

De una forma más urgente, se trataba de grabar con lo que había y producir un sentido emergente en diálogo con la realidad social que acontecía a fines de la década de los 90s y a principios de los 2000s. Nuevas voces y estilos tuvieron lugar durante ese período, pensando narrativas audiovisuales similares incluso sin saberlo o planificarlo, con financiamiento ajeno al INCAA. Se construyó así este movimiento que, con cámara digital en mano o restos de película que sobraban de otras producciones propias y ajenas, se convirtió en bastión para pensar otros modos de hacer cine. Con un tinte casi documentalístico en ocasiones y otras con una construcción coreográfica de las escenas, este período cinematográfico sienta las bases para pensar las realidades de las periferias y los bordes.

Este es el caso de Mundo Grúa, que aborda una realidad particular y marginal pero que, sin embargo, es también representación de una realidad social mucho más abarcativa. Filmada en 16mm en blanco y negro, curiosamente, con la producción de Lita Stantic a la cabeza, resulta una de las obras más representativas de aquella época. Es una historia sin dudas contemporánea, que toma aspectos reales para ubicarlos en una ficción que nos deja inquietos y angustiados en más de un momento. La lógica de este tipo de películas es exponer un momento determinado de los personajes sin brindarle psicologicismo a los mismos. Asimismo, se verá una exploración del territorio físico diferente, un deambular por las calles, sea cual sea el barrio, ciudad o provincia. En caso de que sea nuevamente la ciudad de Buenos Aires la locación predilecta, esta no se muestra desde los lugares habituales o harto conocidos, sino desde las periferias, desde los recovecos, donde la suciedad se ve un poco mejor.

Mundo Grúa – comentando cine

Mundo Grúa ubica a Rulo (Interpretado por Luis Margani), un hombre de más de 50 años que toma un trabajo como operario de grúas, sin ubicar que su estado de salud perjudicaría esta oportunidad laboral. Manejar grúas es lo único que sabe hacer correctamente

Con una imagen alegóricamente Fellinesca, Trapero nos ubica estrictamente en una ficción, en una historia plena con tintes reales.

El ruido de las máquinas antecede una discusión entre obrero y jefe de obra, entre empleados de diferentes jerarquías, bajo el mando de quién sabe quién. Disputas sobre la continuidad del trabajo y su interrupción, debido a la falta de elementos de seguridad laboral abren paso a Rulo y su necesidad de mantener un trabajo. Las discusiones y los tonos son plenamente mundanas, son voces y contenidos que podríamos escuchar en cualquier momento pasando por una obra en construcción. Un buen tango de fondo acompaña el alejamiento de la cámara a una ciudad poblada y extremadamente edificada, una ciudad de cemento y manos callosas. El ruido de máquinas y autos se contrapone al ruido de las voces, a la voz de Rulo, que intenta hacerse un lugar en el mundo en este nuevo trabajo y el barrio que lo comprende. En una salida al “kiosco de Milly” para comprar algo de comer conoce a la vendedora, Adriana (interpretada por Adriana Aizemberg) y allí comienza una historia paralela a la del laburo. Rulo transita su cotidianeidad con insomnio, en cierta precariedad edilicia a la que se suma el hecho de vivir con un hijo joven que hace de su vida lo que quiere. Además, una madre grande que se preocupa por Rulo y tiene una presencia ambivalente desde la lejanía. Los recuerdos de su juventud como bajista de una banda reconocida de los 70s, Séptimo Regimiento, abren paso a un romance con Adriana y a cierto estancamiento de la vida de Rulo en el pasado. El punto curioso aquí es que el actor que interpreta a Rulo, Luis Margani, no es tanto un actor profesional sino un mecánico y también músico de aquella banda mencionada. Es convocado a actuar en Mundo Grúa por ser amigo del padre de Pablo Trapero. En un encuentro entre tantos, el director lo invita a participar. En algún punto, vida real y ficción se tocan, salvando las distancias pertinentes. Rulo, en la vida real, también confesaba dificultades laborales y económicas y con él, el resto de los compañeros de la película. En general, es un retrato vívido de la realidad concreta de aquel momento: desempleo, salarios bajos, condiciones de trabajo precarias, represión, y un conjunto de condimentos que se adicionan, se vuelven moneda corriente.

Mundo Grúa – comentando cine

Volviendo a la ficción, entre las peripecias cotidianas con su hijo y este incipiente romance con Adriana, los exámenes laborales auguran complicaciones ligadas a su sobrepeso, lo cual le impide a Rulo continuar con su nuevo trabajo. Un trabajo que no era sólamente fuente de ingreso económico sino también modo de socialización y construcción del sentido de pertenencia. Las maquinarias enormes se tornan frías y hostiles para Rulo, al cerrarles las puertas de su manipulación a cambio de un salario. Bien sabemos que, en aquellas épocas (y ciertamente fue una historia que se reiteró en el tiempo hasta el día de hoy inclusive) como en la vida de Luis Margani y Rulo a la vez, como la vida de muchos Rulos del país, y muchos Luises. Historias comunes de todos los días.

Mundo grúa | Netflix

Mundo Grúa se mantiene fresca y dura a la vez; a medida que van pasando los minutos y las escenas, se torna casi asfixiante en eso que no se dice, en esa pesadez del personaje que, aunque intenta, el mundo se le dificulta demasiado. La lucidez de Trapero es notable al narrar una historia chiquita pero ejemplificadora sobre el gran sostén que es el trabajo, gran dignificador del sujeto, y lo grave que es para el ser humano no tener ese referente que otorga identidad. En un estilo que no deja de tener tintes documentalísticos, Trapero nos lleva a acompañar a Rulo en su viaje a Comodoro Rivadavia en busca de un trabajo, ni siquiera duradero, sino que pudiera darle de comer.

Mundo grúa (1999), de Pablo Trapero | Encadenados - revista de cine

Una de las escenas finales es representativa de esta realidad cruda y agria: nuestro protagonista Rulo se encuentra hablando en el auto con un amigo nuevo, que este trabajo en el sur le ha brindado, recordando tiempos de juventud, tiempos mejores, cansado de no sentir esas emociones en el presente, amargado y desanimado. Esa contundencia se expresa en esas luces que iluminan la noche detrás de ellos, como ese pasado ya perdido que sólo puede ser recordado a través de anécdotas lejanas.

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