Si piensan que la guerra es un juego, entonces, miren Warfare: Tiempo de guerra 

La nueva película Warfare: Tiempo de guerra, que transcurre en Irak, probablemente ofrezca el grito más prolongado y angustiante que recuerde haber oído como espectador.

Elliott Miller, un francotirador y médi, sale de una casa en la que estaban atrincherados para intentar atravesar las líneas enemigas, pero un artefacto explosivo improvisado (AEI) colocado en la puerta le vuela ambas piernas. Los rastros de sangre roja brillante manchan el suelo mientras sus compañeros del escuadrón SEAL lo arrastran de vuelta adentro. Cuando comienzan a curar sus heridas, suelta un grito ensordecedor de una agonía insoportable. A su lado yace el suboficial principal Sam, también gravemente herido, rodeado de otros soldados que están paralizados. El grito desgarrador retumba en toda la habitación, interrumpido solamente por el zumbido amortiguado en los oídos de los presentes o, a veces, por el silencio absoluto de sus voces internas. Todo indica que los hombres tienen una sordera temporal, provocada por la explosión y la intensidad brutal del dolor.

Escena de Warfare: Tiempo de guerra

Mientras tanto, el intérprete iraquí yace junto a la puerta de entrada, hecho pedazos tras la explosión. Al otro lado de la calle, estalla un intenso tiroteo dirigido contra los estadounidenses.

El vehículo de combate Bradley M2, enviado para extraer al equipo, se ve obligado a retroceder. Un soldado joven, aterrorizado e inexperto, se inyecta morfina a ciegas, clavándose la jeringa en la palma de la mano. Pero lo peor es que pronto queda claro que no solo los Navy SEALs, sino toda la fuerza estadounidense involucrada en el operativo conjunto, ha caído en una emboscada bien planeada durante la Batalla de Ramadi, en 2006. Más allá de los pedidos ocasionales de ataques aéreos a bajo vuelo como medida disuasoria y la promesa incierta de refuerzos que intentan acercarse desde callejones cercanos, el equipo Alpha One, ahora atrapado en una vivienda aislada, no tiene escapatoria.

Warfare comienza con el plano fijo de un videoclip musical ochentoso en el que hay modelos haciendo ejercicios aeróbicos, con maillots y polainas dignos de La sustancia. Los jóvenes Navy SEALs se amontonan frente a la pantalla de su cuartel, con la mirada fija, en silencio, pero casi febrilmente emocionados, como si estuvieran hipnotizados. Luego, la película corta a una pequeña unidad encargada de vigilar un mercado local, utilizando una mezcla de planos objetivos fijos y tomas en primera persona con cámaras corporales, que sumergen al espectador en las calles de Ramadi, devastadas por la guerra.

Escena de Warfare: Tiempo de guerra

Avanzan con extrema cautela, pero el callejón que conduce a la vivienda civil que están por ocupar es silencioso. Nosotros, como espectadores, no contenemos la respiración, ya que sabemos que el peligro llegará, tarde o temprano. Incluso hay momentos en los que los soldados bromean entre ellos; en una esquina, uno imita un paso del videoclip, intentando calmar los nervios o demostrar su calma y valentía ante los demás.

En resumen, antes de que estalle el tiroteo, Warfare: Tiempo de guerra presenta mucho material que se aleja por completo de lo que se suele ver en el cine bélico. Está llena de rutinas mundanas en lugar de tensión cinematográfica: gestos ociosos para combatir el aburrimiento y la monotonía extenuante de detener a los residentes de los edificios. Incluso cuando comienza el combate, no vemos las típicas coreografías de acción: no hay siluetas ágiles, cambios de cargador elegantes ni héroes que esquivan balas con una destreza imposible. En lugar de eso, vemos pasos vacilantes, trepadas torpes, cuerpos hinchados y movimientos descoordinados, dominados por el pánico.

Escena de Warfare: Tiempo de guerra

No puedo evitar admirar cómo Warfare: Tiempo de guerra despoja a la guerra de todo heroísmo —e incluso de la acción misma— en su representación. Se siente tan real que uno llega a experimentar un dolor físico solo con verla. De pronto, me di cuenta de algo: nunca estuve en un campo de batalla. No soy un fanático militar obsesionado con armas y tácticas. ¿Cómo podría juzgar si lo que muestra Warfare: Tiempo de guerra es “real” o no?

Pensé en mis contadas experiencias haciendo senderismo con el equipo completo. No hay manera de que pudiera trepar paredes rocosas utilizando las manos y los pies, ni correr por bosques densos esquivando ramas. Y, sin embargo, en los canales de noticias militares, solemos ver a los miembros de las fuerzas especiales atravesar los circuitos de obstáculos como si nada, alcanzando blancos con una precisión impecable. Sin dudas, los Navy SEALs desplegados en Irak están mucho más cerca de esos atletas de élite que de alguien torpe como yo.

Entonces, ¿qué pensar del desafortunado equipo Alpha One de la película? ¿Será que su evidente torpeza está exagerada —quizás incluso de forma deliberadamente absurda— para resaltar aún más el heroísmo de los miembros del Alpha Two que llegan a rescatarlos?

Esta película está basada en hechos reales y quien la narra es Ray Mendoza, el oficial de comunicaciones que coordinó el apoyo aéreo para el Alpha One durante el operativo real. En los créditos finales, la película rinde homenaje a Elliott Miller —el francotirador que lanzó el grito más desgarrador—, quien perdió ambas piernas y su capacidad de hablar en esa misma batalla. Así que, quizás, de alguna forma, lo que vemos en la pantalla no sea una realidad objetiva, sino los recuerdos de Ray: recuerdos anclados en su verdad personal. Al fin y al cabo, él estaba supervisando todo desde arriba y tenía una vista completa del campo de batalla. Tal vez fue él quien tuvo la perspectiva más clara para relatar lo sucedido.

Para poder crear la prótesis de silicona, el equipo de efectos especiales utilizó fotos reales de las heridas de Elliott y luego las sometió a un proceso de “ingeniería inversa”.

Independientemente de cuán “real” sea, Warfare: Tiempo de guerra transmite un dolor visceral y corporal en sus espectadores. Los soldados tendidos en charcos de sangre, sus ojos llenos de desesperación, sus gritos de agonía: todo me recordó a una reciente conferencia de prensa en Kiev. Los oradores eran mercenarios rusos que habían sido capturados en el campo de batalla. Entre ellos había tres jóvenes chinos. Uno dijo que aceptó el trabajo porque no conseguía empleo en su país. Otro, que estaba aburrido de la paz y buscaba algo de emoción. Todos coincidieron en que era mucho más fácil alistarse con el ejército ruso que con el ucraniano. Pero, una vez en el campo de batalla, se arrepintieron de inmediato. Rápidamente comprendieron que la guerra no se parece en nada a PUGB: no hay un botón para reiniciar cuando mueres. Y luego había otro joven chino que —simplemente por una sincera oposición a esta guerra de agresión— eligió unirse al lado ucraniano y terminó muriendo en tierra extranjera. Nadie sabe qué clase de miedo llenó sus ojos en sus últimos momentos.

En Kunming, China, una vez conocí a un veterano estadounidense llamado Mike, que había servido en la guerra de Vietnam. Un año, mientras caminaba por las calles de Kunming, se topó por casualidad con un compatriota de Kansas, un joven soldado en servicio activo. Poco después, ese soldado fue destinado al norte de Irak para ayudar a entrenar a las fuerzas kurdas. Se puso en contacto con Mike y le preguntó si estaba dispuesto a ir a Mosul a filmar una película bélica, completamente financiada por los militares kurdos.

Y así fue como el viejo Mike, que no tenía experiencia en el cine ni mucho interés en las películas, terminó dirigiendo una gran producción de guerra con armas y balas reales. Una noche, me citó en un bar para mostrarme el corte inacabado. Era una mezcla caótica: una especie de película bélica de kung-fu y espías donde todo, salvo las armas y los soldados, parecía falso, incluso ridículo.

El viejo Mike sabía que su película no era buena, pero aun así lograba captar una verdad absurda.

¿Y Warfare: Tiempo de guerra? ¿Acaso también expresa la mirada del director sobre la guerra más allá de su crudo y doloroso realismo? Al final de la película, se nos dice que está dedicada a Elliott Miller, el soldado que fue gravemente herido durante la batalla. Pero justo antes de ese crédito final, vemos a los militantes iraquíes que, tras haber arrasado la posición estadounidense, llegan a una casa y observan en silencio los restos ensangrentados de su compatriota, el traductor, cuyo cuerpo fue destrozado por una bomba casera. La mujer que antes había gritado “¿Por qué?” a los soldados estadounidenses que invadieron su casa ahora permanece de pie, en silencio, inexpresiva, entre las ruinas.

Quizás la película también les ofrezca una disculpa tácita a los civiles cuyas vidas fueron arrasadas en el proceso, a pesar de retratar plenamente la agonía y el sufrimiento del propio bando estadounidense.

¿Habrá alguien que, incluso después de ver esta película, siga deseando ir a luchar como mercenario a Rusia o a Ucrania?

Póster de Warfare: Tiempo de guerra

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