Metrópolis fue realizada en 1927, hace casi 100 años. En su momento la película fue criticada como marxista y el partido Nazi la censuró, a pesar de esto Fritz Lang logró ser una de las personas más visionarias del siglo XX. Exponiendo los miedos personales que lo llevaban a pensar en el fin de la humanidad como la conocía. En la segunda década del siglo XX, ya se avecinaba el dominio de la máquina sobre las personas y una concepción moral del trabajo. Nada más cercano a la realidad de nuestro presente.

En la película hay una secuencia donde el cuerpo de Maria, una mística que incita a los obreros a esperar el momento para revelarse, ha sido clonado para portar la mente del Ser-Máquina con el fin de confundir y seducir a los hombres. La escena empieza en una fiesta de “los hijos”, que vestidos de gala y aparentando intelectualidad y sofisticación, se sorprenden al ver la aparición de un escenario montado. Esclavos sostienen en sus espaldas una gran base, elegante como un plato barroco, se levanta una especie de tapa y en el centro de la imagen aparece María.
Los caballeros se sorprenden y miran con lujuria el cuerpo semidesnudo y blanco de la mujer, con los ojos bien abiertos se multiplican en la pantalla. Aparecen composiciones de yuxtaposición de ojos y gestos de hombres embrutecidos. El baile que ella realiza es sensual, y lejos de dar una sensación de liberación del cuerpo femenino, parece estar maquinado específicamente para el placer de ellos.
En la escena el montaje es dinámico e intercala momentos en los que Freder está teniendo una fiebre de pesadilla, y frente a él un perverso ayudante de su padre le muestra un libro con la imagen mítica de una mujer sobre una bestia de 7 cabezas. Volviendo al salón, María se eleva desde la punta de una estatua igual a la del libro. Su posición se vuelve dominante sobre el espectador y los hombres.
En esta secuencia de imágenes simbólicas, el montaje delirante relata el principio del fin de los hombres y la humanidad. La bestia, los 7 pecados capitales (referenciados también como momias que reviven entre la muerte en un mausoleo), los esclavos que se convierten en esculturas bajo la bestia y los hombres que se acercan con los brazos arriba queriendo tocarla. La figura endiosada de María dando comienzo a un show, parece ser inalcanzable. Los dos grupos de los dos lados del espectro social, pierden su humanidad frente a la máquina que los engaña. En la composición de la imagen se observa la forma de una pirámide, dejando una connotación sobre esta jerarquía de poder. Curiosamente, los caballeros elegantes quedan por debajo de los esclavos que sostienen el monumento.
Badiou, en el texto El Siglo , propone un poema de 1923 que elabora de forma figurada una relación entre el Siglo XX y una bestia. En este poema se considera “el pensamiento sobre el tiempo” como una composición orgánica, que vive y que aparece para cuestionar la propia experiencia en el tiempo.
Aparecen preguntas filosóficas como: ¿Qué es la vida? o ¿En qué sentido podemos considerar que un siglo está vivo?, ¿Qué es la vida del tiempo? ¿El nuestro es el siglo de la vida o de la muerte?
Se considera que la construcción del siglo es problemática. Propone formas de pensar y cuestionarse en relación a las condiciones y el compromiso intelectual con la memoria. La película Metrópolis sirve en muchos aspectos a esta filosofía que surge desde un vestigio de humanidad.
La propuesta de Fritz Lang al hacer esta película se parece a la de Mandelstam al escribir su poema. La bestia sobre la cual María en el Ser-Máquina se eleva sobre los hombres, es una clara imagen que vaticina el futuro del siglo.
La relación del hombre con su tiempo a través de la bestia se puede interpretar fácilmente en ese cuadro donde la relación es piramidal. El cine fue el arte del siglo XX, y los imaginarios que se trazaron a través de ese tiempo nos dejan una concreta visión de los artistas sobre su época. Al pensar en la contemporaneidad, en nuestro tiempo, la conversación sigue siendo la misma, el sometimiento de la humanidad a favor de una Metrópolis. En muchos sentidos, hoy en día nuestra experiencia estética está ligada a la disociación de la realidad, y nuestras herramientas para olvidar el presente son el celular, el fútbol, y el shopping.
Entre el poema “El Siglo” y la escena de la bestia de 7 cabezas, se puede vincular la filosofía del vitalismo.
Badiou escribió: “El problema del poema, que es también el problema del siglo, radica en el lazo entre el vitalismo y el voluntarismo, entre la evidencia del poderío bestial del tiempo y la norma heroica del cara a cara.” Asumir el desafío de vivir una vida verdadera radica en la necesidad humana de reconstruirse y renovarse, quizás y probablemente re-presentarse.
En Metrópolis, donde se imaginó el caos, y el futuro controlado por máquinas, también se permitió la redención del personaje de Freder, hijo del capitalismo, que en la potencia de la ficción encuentra su humanidad renovada junto a María.
En la realización de este film, se refleja un intento de creación y destrucción. Por la época, el film sufrió varias pérdidas de material y cambios a través del tiempo. Esta forma de operar en el destino y la acción humana es lo que inscribe a Metrópolis en el materialismo de Groys en Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea (2014).
Groys propone una idea de imposibilidad de estabilización permanentemente (o eterna) del material, más que evidente en ciertas partes del film donde se denota el deterioro físico de la película que casi cumple 100 años de existencia. En mi opinión, hay una potencia espiritual en Metrópolis, que fue necesaria para sobrevivir en el tiempo. Y nos hace preguntarnos cuántas películas que hablan del siglo XX deben haberse perdido en el devenir histórico, entre guerras y migraciones. En este sentido, la pregunta carga con una nostalgia que Groys promovía eliminar culturalmente, para que el arte venga desde la vanguardia, se destruya y re-configure la imagen permanentemente sin resguardar lo anterior.
Las fuerzas materiales de la existencia de Metrópolis lograron perecer, y su influencia en nuestra relación con el cine, la distopía y la ciencia ficción está estrictamente vinculada. La obra de Fritz Lang es referente histórico de una visión atinada del futuro, de la arquitectura, de lo social y de la experiencia visual entre lo humano y lo tecnológico.
Esta preservación de la obra nos ha formado colectiva y estéticamente desde lo cinematográfico. La pregunta sería, ¿Qué hubiese pasado si dejaban las cintas deteriorarse con el tiempo hasta su inevitable fin?

Sin embargo, la preservación del cine es irrevocablemente una forma de entender la historia a través del paso del tiempo. Su pérdida nos llevaría a una falsa representación constante, como sucede muchas veces, que caemos en el engaño de comprender la historia a través de películas “de época”.
Para no seguir extendiéndo esta reflexión, me gustaría recalcar que Fernando Martín Peña, un ex profesor de la ENERC, encontró la versión “perdida” de esta legendaria película en el Museo del Cine por el 2008. La película más buscada de la historia apareció en Buenos Aires, y no por mera casualidad. Esto dice Peña:
"…es evidencia de que ha habido, que hay una cultura cinematográfica muy importante y muy cosmopolita”
(Cita de un artículo de Norte Bonaerense)
Me gusta preservar esta cita para sostener la idea de que en este siglo la bestia del consumo y el individualismo no nos hará dejar de creer en lo que amamos, y que todavía hay esperanza para quienes deseamos preservar el archivo de cine de nuestra historia.


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