La belleza lastima: el terror corporal de La hermanastra fea 

“¡Mamá! ¡Están completamente arruinados!”.

Una joven grita mientras sale corriendo del castillo, desesperada por contarle a su madre —quien se había casado con un miembro de la nobleza— este desafortunado descubrimiento. Esta escena inicial de la película noruega La hermanastra fea me hizo sospechar de inmediato que lo que estaba viendo era una versión oscura y adulta de La cenicienta. Cuando la trama cambió el foco hacia una joven que recurre al dolor autoinfligido y a transformaciones físicas en un intento desesperado por ganarse la atención del príncipe, quedó claro: la protagonista aquí no era Cenicienta, sino su hermanastra “fea”.

Para cuando la historia llegó al clímax, cuando el príncipe recorre el reino con el zapato de cristal perdido en busca de la joven a quien le calzara, y cuando la hermanastra toma una navaja y empieza a rebanarse sus largos pies, entendí que esta película es parte de un nuevo género en auge: el terror corporal.

Póster de La hermanastra fea

Hace unos pocos meses, luego de que los cinéfilos se enteraran de La sustancia, una vibrante candidata en la temporada de premios, un amigo mío predijo lo siguiente: en una época en la que el cine se está volviendo un medio cada vez más desactualizado, solo el terror corporal, con sus representaciones extremas, todavía puede captar la atención en la taquilla, sobre todo si las grandes estrellas están dispuestas a desnudarse, explotarse a sí mismas y llegar al extremo solo con tal de aferrarse a su antiguo estatus.

Noruega no tiene precisamente celebridades mundiales, pero La hermanastra fea, que se estrenó en Sundance a principios de este año, pareció darle la razón a mi amigo: solo las películas que provocan una incomodidad visceral a través del terror corporal aún logran dejar su huella en el mercado actual.

Los efectos especiales, impresionantemente realistas, retrataron un proceso brutal de transformación estética que culminó en el grotesco momento en que la hermanastra se acuchilla el pie para calzarse el zapato. Pero lo que resultó aún más inquietante fue su mirada femenina: como fue dirigida por una mujer, la película exhibe sin titubear la desnudez masculina —traseros desnudos, penes, e incluso semen— lo que llevó al público hacia otro tipo de incomodidad física, una que suele estar ausente en el cine dirigido por hombres.

Escena de La hermanastra fea

Cuando pienso en el cuento de la Cenicienta, lo único que recuerdo es el zapato de cristal, el carruaje de calabaza y el toque de queda a medianoche. Sin embargo, al ver La hermanastra fea, comencé a recordar más: en la historia original, luego de la muerte de su padre, Cenicienta era maltratada por su madrastra y sus dos hermanastras.

Esta reinterpretación oscura y adulta no altera la estructura del cuento; más bien, cambia sutilmente el enfoque. En la película, la hermosa y maltratada Cenicienta ahora es una mujer mayor, más experimentada y lleva una vida terrenal —muy alejada del ideal de los cuentos— que hasta se acuesta con el cuidador de caballos.

Para decirlo sin rodeos: el príncipe, obsesionado con corromper la inocencia de jóvenes de la nobleza, termina casándose con esa misma Cenicienta que tenía encuentros nocturnos con la servidumbre y ni siquiera asistió al entierro de su padre. Mientras tanto, la hermanastra menor —la única genuinamente amable— parte hacia lo desconocido junto a su hermana mayor, cuyo pie fue mutilado, huyendo de su madre egoísta, empecinada en buscarles pretendientes.

La hermanastra fea y Cenicienta

Pese a haber sido maltratada, Cenicienta nunca fue realmente inocente. Y la hermanastra mayor, antes retratada como una persona cruel, termina siendo el personaje con quien empatizamos más. ¿No es acaso una subversión total de la historia original?

Pero, un momento: ¿cuál era la historia original de Cenicienta, después de todo? ¿La versión suavizada que nuestros padres nos leían antes de dormir?

A menos que hayas sido un niño adelantado con acceso temprano al internet o a chatbots de IA, lo más probable es que tu primer cuento de Cenicienta haya sido la versión que todos conocemos mejor: el de Cuentos de mamá ganso (1697), del escritor francés Charles Perrault.

Pero si definimos la historia de Cenicienta por su recurso central —un príncipe que busca a la joven cuyo pie calza un zapato especial— entonces la versión más antigua podría remontarse a la Grecia del siglo I a.C. El historiador Estrabón relató la historia de una joven llamada Ródope, que lavaba ropa junto a un arroyo cuando un águila le arrebató una sandalia y la dejó caer ante el faraón de Menfis, quien luego salió en su búsqueda.

A medida que el cuento se difundió por todo el mundo, fue cambiando. En Vietnam y Corea, se añadió la rivalidad entre Cenicienta y la madrastra. En la China del siglo IX, una colección de cuentos escritos durante la dinastía Tang titulada Los bocados diversos de Youyang, contaba la historia de una joven transformada por una criatura mágica, que asistió a un gran evento con ropa elegante y perdió un zapato que hizo que él la encontrara.

También es famosa su aparición en los Cuentos de los Hermanos Grimm. A medida que crecemos, descubrimos que las versiones originales de los Grimm eran sorprendentemente oscuras y brutales, muy lejos de las versiones suavizadas que escuchábamos de niños.

Así que, quizás, esta nueva película noruega sea, en realidad, la versión más fiel al espíritu original de los Grimm. Con una representación gráfica y cruda, sin filtros, destruyó la inocencia cuidadosamente protegida de nuestra infancia. Y, ahora, en nuestra adultez, nos presenta la historia original de Cenicienta a través del lente de una nueva ola de narrativas de terror corporal. En un mundo donde se exige corrección en todo —especialmente en una sociedad tan consciente de la igualdad como la de los países nórdicos— es lógico que esta historia oscura se haya adaptado y reinventado aún más.

Escena de La hermanastra fea

Por lo tanto, seguimos a esta hermanastra “fea” con un nudo en el estómago y la vemos someterse a cirugías estéticas brutales y dolorosas. Tal vez, a través de esto, empecemos a entender la intensidad deliberada detrás de la visión de la directora Emilie Blichfeld de exponer, de la forma más extrema posible, la tragedia que las mujeres han soportado durante miles de años bajo la mirada masculina: que deben ser hermosas para cambiar su destino.

Y en cuanto a la naturalmente hermosa Cenicienta, ¿qué es exactamente lo que hemos estado elogiando de ella durante todos estos siglos? ¿Podría ser que la película haya expuesto la cruda verdad detrás del llamado “privilegio de la belleza”?

Escena de La hermanastra fea

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