Está claro que Born in Flames y Bloody Mama son dos películas muy diferentes, realizadas en contextos muy diferentes. Como suele suceder con estos trabajos de análisis comparativo, el interés real está en encontrar sus puntos en común, que a diferencia de lo que uno podría imaginar no son rebuscados, sino que están ahí, a simple vista, a la espera de ser notados.
Es útil, antes de hablar puntualmente sobre cada película, entender estos diferentes contextos en que se hicieron y fueron estrenadas. Bloody Mama, que apareció entre el final de la década de los sesenta y el comienzo de los setenta, hace uso de la violencia y el sexo para shoquear y atraer, como es propio del cine de explotación, a la vez que refleja la oscuridad y desilusión que se hicieron presentes en esa época en Estados Unidos no solo a través de estos elementos, sino también en el hecho de que los protagonistas sean unos anti-héroes asesinos que, en la vida real, no debieran generarnos mucha simpatía, pero que en la película ocupan el centro y hasta pueden gustarnos; esa glorificación de figuras anti-establishment es propia de aquel momento histórico. Por su parte, Born in Flames fue realizada entre los años 1978 y 1983; es una película que se posiciona explícitamente como de carácter político: trata sobre los derechos conseguidos por el feminismo durante los años previos y la resistencia con la que estos derechos se encontraron. La película se pregunta cómo debía o podía el movimiento seguir adelante en medio del resurgimiento de políticas conservadoras que se dio por esos años.
A su manera, cada película muestra una crítica a los sistemás sociales y políticos que estaban establecidos en aquel momento. En Born in Flames la crítica es articulada y elocuente: los personajes dialogan constantemente entre sí, y la película dialoga con el espectador, acerca de la opresión sufrida por mujeres y disidencias, y se plantean diferentes estrategias y maneras de luchar contra el sistema. La dificultad en llevar a cabo un movimiento revolucionario es el tema principal de la historia. En Bloody Mama la crítica social no es el tema central ni el más señalado por la película misma, sino que está más bien dado por sentado como en contexto en que la historia se desarrolla, pero la crítica es inherente y al final resulta ineludible: a través de los actos criminales de Ma Barker y sus hijos vemos el reflejo de una sociedad desesperada, corrupta y profundamente afectada por el capitalismo y la condición de pobreza en que vive una gran parte de la población; un clima sin esperanza que borronea la línea entre el bien y el mal para este grupo de personajes que solo quiere sacarle ventaja a la vida a través de sus crímenes.
(sigue en otro posteo)


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