LOS LÍMITES Y LA MIRADA A LA GENTE COMÚN EN EL CINE DE EDUARDO COUTINHO 

¿Por qué siguen vigentes las historias? ¿Por qué seguimos emocionándonos con el cine? ¿Qué se ofrece a cambio del pacto en el que uno, como espectador, debe sentarse por más de dos horas y dejarse interpelar por lo que ocurre en la pantalla? Según Miguel Pérez, bajo su idea Egriana de la dramaturgia, las películas e historias siguen vigentes porque tratan la problemática existencial humana. Nada más cercano y curioso que el ser humano, nuestra propia visión sobre nosotros mismos. Sin embargo, la manera de comprender al fenómeno dramatúrgico que propone Lajos Egri en El arte de la estructura dramática y al fenómeno cinematográfico que propone Miguel Pérez en sus clases, siempre es en relación a lo clásico: a lo lógico-causal y lo rígido. ¿Qué sucede con lo no clásico, no lógico-causal, no rígido? ¿Emociona, sigue vigente?


El cine de Eduardo Coutinho propone una respuesta. A partir de un acercamiento hacia cuatro películas de su extensa filmografía (Jogo de Cena, As canções, Edificio Master y O fim e o principio), se buscará interiorizar no solo en la manera en la que Coutinho encara la condición documental, sino en cómo Coutinho hace uso de las herramientas cinematográficas en terrenos donde lo clásico y rígido, no rige.

EDIFICIO MASTER (2002)

Eduardo Coutinho y su equipo se alojan en una habitación de un edificio residencial de Copacabana durante una semana. En estos 7 días, se dedican a entrevistar a las personas que viven en algunos de los apartamentos para compartir una parte de sus historias; en lugar de utilizar un enfoque tradicional de entrevista, el director adopta un estilo más abierto y conversacional. Los residentes hablan sobre sus vidas, sus sueños, sus preocupaciones y sus pensamientos sobre una amplia variedad de temas.



O FIM E O PRINCÍPIO (2006)

El director brasileño explora una pequeña comunidad rural en el estado de Paraíba, que alberga a 86 familias, con el propósito de narrar sus relatos. A través de conversaciones informales y relajadas, les pide que cuenten historias sobre sus propias vidas. La película no sigue un guión preestablecido. En cambio, se basa en la espontaneidad y la autenticidad de las conversaciones.



JOGO DE CENA (2007)

A partir de un anuncio sin mucho detalle publicado en un periódico de Río de Janeiro, Coutinho selecciona a un grupo de mujeres que quieren contar experiencias e historias. Estas mujeres de diferentes orígenes y edades se reúnen en un estudio de cine para compartir parte de sus vidas frente a cámara. Al mismo tiempo, un grupo de actrices profesionales actúan los discursos reales de las actrices sociales del documental. Coutinho juega con el límite entre la ficción y el documental.





AS CANÇÕES (2011)

“¿Cómo recordar algo sin música?” Esta obra se centra en la música popular brasileña y en la relación que las personas tienen con las canciones que han marcado sus vidas. Coutinho convoca a un grupo de personas para que canten una parte de alguna canción y expliquen el porqué de su elección. "As Canções" es una reflexión conmovedora sobre la importancia de la música en la vida de las personas y su capacidad para evocar recuerdos, emociones y experiencias compartidas.



Si hay algo que identifica al cine de Eduardo Coutinho, es la voz que le otorga al humano común y corriente. No es necesario que los personajes de sus documentales sean grandes exponentes de alguna ciencia o personas con cierta fama, sino que son personas comunes. A pesar de mantener un perfil bajo y cotidiano, los personajes que emplea Coutinho en sus películas siempre tienen una historia que contar: sea en relación a sus familias, sus vidas conyugales o sus roles en sociedad. El cine de Coutinho podría pensarse, y tomando la idea a Luchino Visconti, como un cine antropomórfico; donde el rol del ser humano en sociedad y sus cualidades son lo más importante del relato. Coutinho se muestra como un cineasta interesado en escuchar y comprender las vidas de las personas comunes, y su habilidad para hacerlo de manera genuina y sin juicio, característica distintiva en sus obras.

En Jogo de Cena y As canções, las entrevistas son todas en el mismo espacio: en un teatro y en un escenario con un telón negro de fondo. Todos los personajes que son entrevistados, poseen el mismo decorado detrás de ellos. A partir de la decisión estética de Coutinho, se pone en “igualdad de condiciones” a todos los sujetos entrevistados: ninguna entrevista vale más que otra, todos los personajes y sus historias son igual de importantes que las demás.



Por otro lado, los espacios de Edificio Master y O fim e o principio varían constantemente, y el realizador se mueve en relación a los hogares de los personajes y, allí, se los encuadra para la entrevista. Esta decisión es de suma importancia en términos de la construcción de los personajes, dado que Coutinho accede a sus lugares privados y seguros: sus casas.



Indistintamente del espacio en el que se hagan las entrevistas, la puesta de cámara y el valor de plano ponen al sujeto entrevistado en planos medios cortos o primeros planos. Coutinho, rara vez, aparece en cámara con tanta presencia como ellos. Siguiendo la lógica clásica de narración cinematográfica, Coutinho utiliza los planos cercanos en función del criterio dramático que plantea su cine, que es darle voz a los personajes entrevistados.

Sin embargo, Eduardo Coutinho juega entre los límites de lo clásico y lo, probablemente, moderno: si bien la construcción estética está regida por un criterio canónico, la estructura dramática no. El abarcamiento dramático del director no gira en torno a una cuestión central y una tesis contra una antítesis, sino en un tránsito entre ejes narrativos constante (veáse el caso de O fim e o principio, donde en el comienzo de la película Coutinho revela que no tienen idea de lo que va a filmar). Los personajes tienen la libertad de decir lo que quieren decir. Los tópicos de las entrevistas surgen de la disputa entre las preguntas de Coutinho y el discurso de los entrevistados. Si Coutinho debe ceder algún tema, lo cede. Y si surge uno que no esperaba, lo toma. La capacidad del director brasileño como documentalista le permite dirigir películas que funcionen en un sistema no-tan-rígido, donde los temas que se abarcan pueden cambiar, fusionarse o ser abandonados en el transcurso de la película.



Eduardo Coutinho se destaca por su interés hacía la gente común y las entrevistas que les realiza. Es decir, sus documentales tienen una modalidad participativa. Según Bill Nichols, en esta modalidad "lo que ocurre frente a la cámara se convierte en un índice de la naturaleza de la interacción entre el documentalista y el sujeto. Este modo conjuga la formulación «Les hablo de ellos a ustedes», en algo que a menudo es más cercano a «Hablo con ellos para nosotros (yo y ustedes)»" En las cuatro películas analizadas de Coutinho el discurso es polifónico: es decir, hay voces distintas con una mirada particular de ver el mundo.



Por otro lado, en Jogo de Cena, Coutinho mezcla entrevistas entre actrices sociales y actrices entrenadas y profesionales. Esto permitió explorar las complejidades de la representación y la interpretación en el cine documental, variando entre una modalidad principal participativa y una segunda modalidad performática. La película desafió las nociones tradicionales de lo que es "real" en el cine, ya que las mujeres contaron sus propias historias de vida, a veces con una sensación de teatralidad, mientras que las actrices recreaban estas narrativas de manera más convencional. Este enfoque único de Coutinho dio lugar a una obra cinematográfica que trascendió las fronteras entre la realidad y la ficción, cuestionando la naturaleza misma del documental y la actuación en el cine. Jogo de Cena se convirtió en un hito en el cine documental, destacando la visión innovadora de Eduardo Coutinho y su capacidad para desafiar las expectativas del público en torno a la representación cinematográfica.



Al comienzo, nos preguntamos si las películas de Coutinho, a pesar de su no rigidez o no lógico-causalidad, cumplían el objetivo de toda película clásica: emocionar y seguir vigente a lo largo de los años.

La respuesta es clara y contundente: sí. Coutinho accede a pedazos reales de la vida de sus personajes y, ¿qué hay más emocionante que eso? Como bien dijo Lajos Egri y, posteriormente, Miguel Pérez; las películas siguen vigentes por la problemática existencial humana, por los conflictos familiares, sociales, amorosos, amistosos… Cada personaje de las películas de Coutinho tiene algo valioso para decir y sobre lo que reflexionar. El director brasileño, como un espectador ideal, escucha y, como un director ideal, dirige el camino de sus películas para evitar que caigan en un caos de información no relacionada entre sí y propiciando un ambiente cómodo y verdadero entre sus entrevistados y la cámara.

El cine de Coutinho propone una mirada moderna sobre el propio dispositivo cinematográfico y plantea una pregunta que, ahora, tiene respuesta: ¿hasta donde es excluyente la estructura dramática clásica en la efectividad de un relato?


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