La leyenda de la Dama del Espejo Roto 

Nunca pensé que una simple curiosidad pudiera cambiar mi vida para siempre. Todo comenzó una noche, cuando regresaba a casa después de una fiesta. Caminaba por calles vacías, bajo una luna pálida, cuando mi mirada se cruzó con un escaparate olvidado: un viejo espejo, roto en varias partes, cubierto de polvo y telarañas. Había algo en ese espejo que me llamó poderosamente la atención, como si me estuviera esperando.

Sin saber por qué, entré a la tienda abandonada donde estaba ese espejo. La puerta chirrió al abrirse, y el aire se volvió frío, casi gélido. Al acercarme al espejo, vi que en uno de los fragmentos se reflejaba una figura: una mujer vestida de blanco, con ojos intensos y una expresión que mezclaba tristeza y furia. Pero cuando parpadeé, ella desapareció.

Desde esa noche, la Dama del Espejo Roto comenzó a aparecerse en mis reflejos: en el vidrio del teléfono, en la ventana empañada, incluso en el agua estancada. Me susurraba cosas que no entendía, nombres, fechas, y un lugar que no conocía.

Decidí investigar y descubrí una antigua historia del pueblo. Cuenta la leyenda que esa mujer era la hija de un artesano que fabricaba espejos mágicos. Una noche, alguien la encerró en un espejo roto para vengarse de una traición, condenándola a vivir atrapada entre reflejos para siempre.

Pero lo más aterrador no era su historia, sino lo que me dijo una noche, cuando el reloj marcaba la medianoche: “Libérame, o serás parte de mí para siempre.”

Desde entonces, siento que cada vez que me miro al espejo, una parte de mi alma se desvanece, atrapada en ese mundo de cristal y sombras. No sé si lograré escapar de esta maldición, pero aprendí algo terrible: hay reflejos que no solo muestran nuestro rostro, sino también aquello que queremos olvidar... y aquello que nos quiere atrapar.

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