Entre las décadas de los años 20s y 30s, Raymond Chandler y Dashiell Hammett sacaron al crimen de las mansiones de lujo y lo devolvieron a las calles. Al crear la ficción hardboiled (que acá conocemos como Policial Negro) ahora el crimen no era una cuestión de aristócratas aburridos (a lo Agatha Christie) sino de hijas malcriadas de millonarios, enredadas con gangsters e involucradas en el vicio, el chantaje y el asesinato. Las personas mataban por celos; en vez de un exótico veneno de la India se usaban vulgares balas de plomo para resolver los problemas, y el personaje principal - el detective privado - actuaba como testigo de los hechos y faro moral de la historia, aunque su ética fuera flexible a la hora de proteger al inocente.
Uno de los elementos más característicos del Policial Negro (y de la Ficción Negra, su siguiente estadío de evolución en donde ya no hay detectives privados con el cual el lector pueda simpatizar: ejemplos típicos, El Cartero Llama Dos Veces o, mas reciente en el tiempo, Cuerpos Ardientes) hay uno que se destaca, y es el de la Femme Fatale. La vampiresa que seduce a los hombres y nubla su razón, manejando con su sensualidad la voluntad de quienes caen en su telaraña. Ellas impulsan a sus amantes a matar a sus padres, sus esposos, y todos aquellos que les molestaban. Diosas de inconmensurable belleza, sexualidad a flor de piel y voz estremecedora que encandilaba a los desprevenidos como si fuera el canto de una sirena.
En un principio Love Lies Bleeding (Amor, Mentiras y Sangre como se la tituló acá, aunque la traducción lineal es El Amor Yace Sangrando) tiene todas las características de una Ficción Negra. Más específicamente, una de Jim Thompson, que gustaba ambientar sus violentos dramas pasionales en pueblitos perdidos como en Población: 1280 (1964). Un pueblo en Nuevo México, una familia criminal que controla negocios turbios a través de la frontera, una Femme Fatale, y un ingenuo que será embrujado para satisfacer sus deseos mas violentos. Pero la novedad viene por partida doble: la Femme Fatale no es una mujer sexy y voluptuosa, sino una chica flaca, transpirada y desgreñada empleada del gimnasio local (Lou Langston, a cargo de Kristen Stewart). El sicario / gángster / amor embrujado de turno es una hermosa y enorme fisicoculturista, una amazona que está de paso y que haría lo que fuera por ganar unos dólares (Jackie Cleaver, interpretada con suma ingenuidad por Katy O’Brian). Lou tiene química con Jackie por partida doble: no sólo por una cuestión de poderosa atracción física (sus encuentros amorosos bordean lo explícito) sino porque la amazona - que va camino a un concurso de fisicoculturismo en Las Vegas - pronto es corrompida por la diminuta mujer ya que tiene acceso a un vasto arsenal de esteroides. Eso no sólo mejora inmediatamente su musculatura sino que aumenta su agresividad, y la vuelve dependiente de su proveedora. Y con la mente nublada por las drogas, pronto comenzará a cometer actos impulsivos, como ir a destrozar - literalmente - al abusivo J.J. (Dave Franco), el marido que muele a palos a la hermana del personaje de Stewart (una irreconocible Jena Malone). Lo que al principio es un acto de solidaridad con su amante, pronto se transforma en un enorme dolor de cabeza, ya que J.J. era la mano derecha de Lou Sr., el padre del personaje de Stewart y el que controla todos los negocios ilegales de la región. Lou Sr. está a cargo de Ed Harris, el cual se ve espeluznante con pelo largo y parece el presentador de Cuentos de la Cripta. Ya de por sí la química entre padre e hija era mala - y no porque ella fuera lesbiana, sino porque nunca aceptó involucrarse en los negocios de la familia, amén de que el paradero de su madre siempre fue un misterio -. Por eso Lou decide deshacerse del cuerpo de J.J. en el “vertedero de basura” de su padre, un enorme abismo con forma de vulva ubicado en medio del desierto, y el cual está tapizado con los cadáveres de los enemigos de Lou Sr.. Mientras tanto Daisy (Anna Baryshnikov), amante ocasional / acosadora a tiempo completo de Lou, ha visto los hechos y ahora planea chantajearla para obtener toda su atención… lo cual es, a todas luces, una pésima idea. Todo esto forma una conjunción de fuerzas antagónicas que, tarde o temprano chocarán de la peor manera posible.
Si hay algo que ha caracterizado a A24 es su manera de pensar fuera de la caja. No sólo es una voz indie, sino una que patrocina proyectos realmente diferentes, novedosos, una bocanada de aire fresco en una industria empecinada en generar a mansalva productos mediocres y sumamente costosos, la sobre explotación de Propiedades Intelectuales, y la completa ausencia de una brújula creativa que permita generar películas diferentes. A24 ha dado a luz desde Guerra Civil hasta Ex Machina, desde Euforia hasta Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo. Se animan a experimentar, y lo que es mejor, la mayoría de las veces le sale bien.
En este caso respaldaron este proyecto de Rose Glass (Saint Maud, un filme de horror con connotaciones lésbicas). Glass posa su mirada en la Ficción Negra, dando a luz algo que me tomaría el atrevimiento de bautizar como Queer Noir. Las escenas de pasión entre Stewart y O’Brian son igual o más ardientes que las de William Hurt y Kathleen Turner en Cuerpos Ardientes. Pero acá no se trata de una coreografía de cuerpos apasionados cubiertos en sudor, sino de pasión real, cruda, salvaje. Gente que agoniza con sus vidas mediocres, su falta de futuro y que desea un momento de placer supremo. Pero es también una relación tóxica y de final impredecible, ya que el continuo abastecimiento de esteroides está enloqueciendo al personaje de O’Brian al punto de tener todo tipo de lapsus mentales y alucinaciones. ¿Qué pasará con la diminuta empleada del gimnasio cuando los esteroides se acaben? ¿O qué pasará, por el contrario, cuando los esteroides terminen de desquiciar de manera permanente a su amante?. En una alucinación puede confundir a la Stewart con un enemigo y puede partirla al medio como un escarbadientes.
Pero a Glass no sólo le interesa analizar los pormenores de una relación lésbica que a la larga se volverá tóxica; también tiene una agenda feminista en donde las protagonistas representan el empoderamiento de la mujer a través de la resiliencia y la violencia. En un mundo de hombres, estas mujeres pueden ser más crueles que ellos. Ellas no van por el dinero, desean ganarse su libertad. Mientras que muchas de estas ideas están logradas, integradas dentro de la estética y la narrativa del filme, es en los minutos finales en donde Rose Glass pierde el control del timón. (alerta: posibles spoilers) Lo que era un tenso thriller con final impredecible de pronto se convierte en algo ridículo, como si fuera una película de superhéroes. Uno entiende que O’Brian está alucinando cada vez más seguido - ella se transforma en una masa gigante de músculos al estilo del El Increíble Hulk, la serie de 1978 - 1982 con Bill Bixby y Lou Ferrigno, hecha siglos antes del MCU, y coincidiendo en la década con la época donde transcurre esta historia, y dando a luz la escena más WTF de toda la película - pero, al final, la batalla contra Lou Sr. se vuelve absurda. Son cinco minutos que arruinan un filme estupendo, en donde el simbolismo de Glass se sale de control. (fin spoilers) Omitan esa escena y verás que Amor, Mentiras y Sangre funciona de maravilla con sus propias reglas y con su novedosa visión de romances prohibidos y criminales ultraviolentos en un pueblito perdido de Nuevo México. Un filme altamente recomendable por su óptica heterodoxa, innovadora y moderna de un género clásico (Rating: 4/5).
Artículos publicados este mes de Mayo 2025:
- Jamie Lee Curtis: Scream Queen con sentido del humor - Desafío: Actores que Mejoran con la edad
- La persecución de coches más badass de la historia del cine, Bullitt (1968)
- Doctor Manhattan, el ocaso de un Dios
- El Eternauta (2025): una obra maestra… ¿castrada? - (en inglés)
PELIPLAT AWARDS 2025:




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.