Crítica | Misión Imposible: Sentencia Final – El adiós (¿o no?) de una saga imposible de olvidar 

Por Juan Cruz Arguello

El 22 de mayo de 1996, Brian De Palma daba el puntapié inicial de una saga que, contra todo pronóstico, sobreviviría no solo al paso del tiempo, sino también al desgaste natural de las franquicias de acción. Hoy, casi 30 años después, Misión Imposible: Sentencia Final llega como la supuesta última entrega de una saga que maduró, se reinventó y llevó al límite tanto a su protagonista como al cine de acción contemporáneo. Pero, ¿realmente estamos ante el cierre definitivo? ¿O es solo el inicio de otra imposible misión?

Lo que está claro es que Christopher McQuarrie —quien desde Nación Secreta (2015) tomó el timón creativo junto a Tom Cruise— ha sabido elevar el estándar de lo que significa una película de acción moderna. Su dirección no solo es precisa, es coreográfica. Cada encuadre no solo muestra: sitúa. No hay locación sin función narrativa, no hay plano sin intención. Desde los estrechos pasillos de un submarino a los cielos turbulentos de una avioneta, McQuarrie te mete en el centro de la escena sin abrumar, sin cortar el ritmo. La cámara acompaña, no interrumpe.

Y si hablamos de escenas memorables, Sentencia Final tiene varias que se sienten como homenajes al cine clásico de aventuras. La secuencia de la avioneta, por ejemplo, podría ser perfectamente un tributo directo a Indiana Jones, no solo por la estética —la campera de cuero, los golpes secos, la tensión en el aire— sino por el espíritu puro de la hazaña. Es acción física, tangible, orgánica. De la vieja escuela, pero con ADN contemporáneo.

La química entre McQuarrie y Cruise es un motor narrativo en sí mismo. Este dúo entiende que la espectacularidad no reside solo en explotar cosas (aunque sí, también hay explosiones), sino en construir tensión, jugar con el suspenso, insertar giros inesperados y, cuando hace falta, aliviar con un humor medido pero efectivo. El resultado es una película que, a pesar de su duración de casi tres horas, fluye con la ligereza de un thriller y el vértigo de una montaña rusa.

En el centro de todo, como no podía ser de otra manera, está Ethan Hunt, interpretado con ese magnetismo inagotable por Tom Cruise. Más que un personaje, Hunt es hoy un mito moderno: un espía con alma de kamikaze, un héroe ético en tiempos cínicos, un hombre que siempre corre —literal y emocionalmente— detrás de una causa mayor. Y Cruise, que sigue desafiando a la muerte sin dobles de riesgo, no solo sostiene la saga: la convierte en un testimonio de entrega absoluta al cine como experiencia.

Narrativamente, Sentencia Final funciona como un cierre digno, con ecos del pasado, resolución emocional y guiños para los fanáticos de toda la vida. Pero también deja puertas entreabiertas, porque si hay algo que esta franquicia nos enseñó, es que nunca se debe dar por concluida una misión.

En resumen, Misión Imposible: Sentencia Final no solo cumple: eleva. Es un cierre potente, entretenido y visualmente deslumbrante. Una carta de amor al cine de acción y un homenaje a la perseverancia, el riesgo y la audacia. Y si este es el final, que se cierre con honor. Pero si queda otra misión por recorrer… que nos llamen. Ya estamos listos.

Puntaje: ★★★★½

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