¿De qué trata?
Dos jóvenes misioneras mormonas entran a la casa de un hombre para hacer proselitismo y éste las mantiene cautivas. Pero ellas procurarán escapar…
Un planteo original e inteligente
Por más que uno se imagina de entrada que el amable Mr. Reed no dejará escapar a sus dos presas (en el doble sentido del término), la inteligencia de los diálogos y una tensión enorme se apoderan del relato y lo apartan de cualquier previsibilidad. Digo esto porque gran parte de la película descansa en una hipótesis, un planteo doctrinario que lleva a un duelo intelectual, un “debate” religioso y teológico de alto vuelo, entre el curioso anfitrión y sus dos prisioneras, que comienza tímidamente y luego va expandiendo su alcance. El hilo conductor es justamente el escalamiento de ese conflicto y discusión.
Pero, dado que el “debate” se produce desde una situación de fuerza, asimétrica, claramente se lo puede encuadrar como un proceso inquisitorial del que podría depender la salvación o condena de sus víctimas. Los procesos inquisitoriales tradicionales eran llevados adelante por una autoridad religiosa sobre un presunto sospechoso de herejía, con una “instrucción” donde se establecían las transgresiones a la doctrina en procura de la confesión y el eventual castigo a implantar por ello, de no mediar, si caben, la retractación y el arrepentimiento.
Y aquí aparece la original vuelta de tuerca de la película: la naturaleza de quien adelante esa “instrucción” y qué es lo que someterá a juicio inquisitorial.
Ampliaré abajo en zona spoiler.
La puesta en escena
Uno podría pensar que una película sobre tres personajes debatiendo y encerrados en una casa puede caer en el peligro de la teatralidad, de lo meramente discursivo, pero ya de entrada comprobamos que no es así. Los directores Scott Beck y Bryan Woods convierten a la casa en un personaje más, no porque esté embrujada sino porque va revelando espacios, escalas, por los que los personajes irán moviéndose. Además, hay un gran manejo del fuera de campo y de la iluminación. Por otro lado, la acción transcurre prácticamente en tiempo real.
Del terror psicológico al físico
Siempre con el telón de fondo de la búsqueda de un escape y los desplazamientos espaciales, y a conciencia, en algún momento la película sube un cambio, pasando del terror psicológico y discursivo y la enorme tensión inicial al terror físico y destellos de humor macabro, en una suerte de descenso a los infiernos (y lo de descenso es literal). Algunos vieron el pasaje al terror violento como una concesión o un derrape, pero considero que es un paso necesario, ya que los inquisidores nunca se limitan a la presión discursiva y la tortura psicológica ni tampoco están dispuestos a perder ningún “debate”.
Las actuaciones
Todo el peso del relato recae casi exclusivamente en tres intérpretes. En su Mr. Reed, Hugh Grant resignifica todos sus recursos e incluso tics actorales al servicio de un personaje radicalmente diferente de los suyos anteriores. Su gentileza y flema británicas y su proverbial media sonrisa devienen atributos y máscara de un personaje fanático y siniestro, coronando una reconversión actoral con antecedentes en las series The Undoing y El Régimen.
Pero las dos misioneras a cargo de Sophie Thatcher y Chloe East son dos dignas contendientes, no sólo como personajes sino como actrices. Logran transmitir el miedo que sienten de una manera muy palpable y evolucionar al ritmo de las circunstancias.
ZONA SPOILER




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