Logan (2017): La Tragedia de un Héroe Herido 

En el año 2017, el filme Logan llegó a las salas de cine manteniendo la promesa de la despedida de Hugh Jackman como el mutante mas emblemático del universo X-Men, el personaje de Wolverine, pero en su lugar, llegó a presentar muchísimo más: una película absolutamente humana, crepuscular y desgarradora que se aleja a todas luces de la logia del cine de superhéroes a la que estábamos acostumbrados para convertir este producto en un drama existencial con tintes de western. De la mano de James Mangold, Logan deviene una meditación feroz en torno al paso del tiempo, a la obración de una redención y a la previsualización del legado.

El Contexto: Un Futuro Sin Esperanza

Situémonos, pues, en el año 2029: los mutantes han sobrevivido, escasamente, casi de manera clandestina; Logan, quien antiguamente no conoció el delirio de las heridas, el despojo del tiempo va haciendo mella en su cuerpo, en su naturaleza: el propio adamantium del que ha sido hecho, la sustancia que le permitiría, un día, convertirse en una máquina de guerra, está acabando con su cuerpo. El hombre se sitúa en la frontera con México como si de un lugar de paso se tratara, y hace de su vida como chofer su forma de poder transitar el mundo sin dejarse avasallar por él ni por sí mismo.


A su lado, el Profesor Charles Xavier –magistralmente interpretado por Patrick Stewart– aquel homólogo, aquel sabio, aquel líder de los X-Men que, tiempo atrás, había puesto y ofrecido su intelecto para convertirlo en un proverbial maestro de la guerra, padece ya una enfermedad neurodegenerativa que somete sus poderes mentales a un tipo de desgracia, la de poner en peligro a sí y a los que le rodean. Ambos comparten y viven el exilio, el refugio, un escondite que, al mismo tiempo, no hace más que desembocar en un purgatorio el que fuera un hogar.


Este es el mundo de Logan. Un mundo seco, decadente, sin más horizonte que el de un futuro premeditado. La fotografía polvorienta del escenario, los silencios prolongados en la escena, la crudeza y la escasa compasión de la puesta en escena nos alejan del robusto universo mutante del que procedíamos. Aquí las vestiduras de superhéroes no son más que mera anécdota y las grandes batallas épicas no son más que una porción del pasado: cuerpos cansados, cicatrices físicas y emocionales, cuerpos y espíritu extremadamente pesados.

El Retiro: La Carga de la Supervivencia

Logan ha dejado de pelear por causas mayores. Su vida diaria consiste únicamente en ganar dinero para comprar medicamentos para Xavier, en cuidarlo y en huir de los demás humanos. Vive consumido por el dolor, el alcohol y la culpa. Constatando su apatía ha devenido el hombre que no quiere tener ninguna aspiración heroica. Ya no es Wolverine, solo un hombre dañado.

La interpretación de Hugh Jackman en este último papel es bastante sobria, madura, y emocionante. La interpretación del actor no solo transmite el peso de las riquezas, sino también el duelo de un ser que ha perdido toda razón por la que vivir. Jackman no solo interpreta al Logan que ha sido herido, sino que también se convierte en un símbolo de la decadencia de lo que queda cuando se apaga el mito y la leyenda.

La Última Misión: El Camino Hacia la Redención

La llegada de Laura (X-23), una niña dotada de poderes que guardan un gran parecido con los poderes de Logan, harán que su decadente rutina quede intensamente interrumpida. Laura, encarnada por la joven Dafne Keen, es fruto de unas investigaciones científicas con las que se pretende crear una nueva horneada de mutantes a partir de Logan, su ADN; Laura (X-23) es su resultado. Su carácter salvaje y su mirada llena de ira son las mejores manifestaciones de lo que alguna vez fue Wolverine.

A regañadientes, Logan decide emprender con ella un viaje para llevarla a un supuesto refugio, Eden, donde otros niños mutantes intentan escapar de la red que creó un sistema que los produce y los utiliza. Lo que comienza como una misión forzada irá poco a poco conformando para el anciano Logan una experiencia de transformación vital. Por primera vez en años, Logan encuentra razón para vivir: proteger a Laura.

Y durante ese viaje, la conexión establecida entre ambos se va fortaleciendo en un ambiente de caos. Laura no solo es una carga, ni una simple copia de su genética, sino también su hija en más de un sentido. Y a través de ella Logan empatiza con un conjunto de sentimientos que creía perdidos: la ternura, la responsabilidad, la capacidad de querer.

El Desenlace: Muerte de un Mito

Ya en el clímax de la película, Logan da todo lo que le queda para un último sacrificio. Al no funcionar correctamente su factor de curación, su cuerpo ya no aguanta. De todos modos, pelea hasta el final para proteger a los niños mutantes. Morirá empalado en el bosque, mirando a Laura por última vez, quien justo antes de que su corazón se detenga se dirige a él como papá.
Es una muerte dura, dolorosa, pero profundamente importante. Wolverine, el guerrero salvaje, muere no como una máquina de combate, sino como un hombre, como un padre. Por primera vez su vida cobra sentido.
La escena en la que Laura entierra a la Logan, en la que convierte la cruz de su tumba en una “X” es una imagen que quedará para la historia del cine. Una despedida simbólica no solo del personaje, sino de toda una generación de películas y de espectadores que crecieron con él.

Un Western Crepuscular Disfrazado de Cómic

En un sentido cinéfilo, Logan va mucho más allá que el semplice concepto de superhéroes. James Mangold toma como modelo el cine del oeste, como por ejemplo Shane (1953), Unforgiven (1992) y The Proposition (2005), para dar forma a sus paisajes desérticos, a su violencia o a la imagen del pistolero retirado, que en este caso se reinterpreta con una historia de superhéroes.
El tempo pausado, los silencios llenos de tensión, la violencia sin glorificación, la compostión musical austera de Marco Beltrami, contribuyen a reforzar el tono sombrío y humano de la historia. Logan no tiene la aspiración de salvar el mundo: busca salvar a una alma.
Mangold no realiza una película de acción o de superhéroes, sino una elegía. Una carta de despedida a un personaje que, a través de mucho dolor y mucha sangre, consiguió recuperar su humanidad.

Conclusión: El Legado de Logan

Logan es mucho más que una buena película de superhéroes. Se trata de un estudio de personaje, una tragedia moderna, un western de ciencia ficción y un canto fúnebre a la figura del héroe. Hugh Jackman cierra su ciclo interpretativo con una actuación memorable que eleva a una categoría dramática que pocas veces hemos visto en el cine de superhéroes.
La película nos recuerda que los héroes también acaban quebrados, que los mitos también mueren. Pero sobre todo, nos recuerda que incluso en la decadencia puede haber redención. Logan se sacrifica para que vivan otros y en ese sacrificio encuentra por fin su sentido.
En una era de universos compartidos y explosiones digitales, Logan se erige en una obra maestra contenida, potente y profundamente humana. Un epílogo perfecto para un personaje inolvidable.

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