El último Puñal de Hit Girl 

Mindy McCready llegó a la adultez de una manera procaz, aún más que las tantas visceras que vio volar cuando era una vigilante que peleaba contra el crimen. Siempre una mujer sin indicios de ternura ni esperanza. Al igual que su padre, los riesgos y las injusticias no fueron ajenas una vez el paso de los años se apoderaron de sus talentos. Las navajas siempre fueron su fuerte, pero las palizas cobraron factura: ya no podía manipular sables ni katanas, al menos no de la manera como lo hacía a los once años.

En cuanto a las armas de fuego, pasó del uso de artilugios sofisticados gracias a la influencia y conocimiento de su mentor, Big Daddy, en sus años en la Policia, a defenderse de la crueldad de la vida con revolvéres hechizos y pistolas provenientes de lo más recondido de las bajas calles. Así es, se volvió una criminal como los pillos que solía perseguir.

La vida de Hit Girl transcurrió entre la tristeza y la soledad, envuelta en tragedia y golpes. Haber sido una superheroína fue la manera de catalizar las tantas injusticias que ocurrieron, por ironía la llevaron a convertirse en una asesina a sueldo. La ley hizo una batida buscando enmascarados, llevándolos a prisión por la clandestinidad de sus actos y sus métodos poco ortodoxos. Ya no eran ejemplos a seguir, las autoridades se encargaron de destruir su reputación y aquellos que sirvieron a la comunidad, quizás, caminan retirados frente a nosotros.

Una citación, un restaurante italiano donde la carpa de la entrada era sometida a un mantenimiento. Lugar que Hit Girl desconocía, señal de bajo perfil. El cliente, un hombre nervioso, decidido a pagar por un «encargo». La transacción estaba hecha, Mindy poniendose de pie, sacó su navaja mariposa, recuerdo de su difunto padre, dispuesta a salir y ejecutar, cuando un «clic» se escuchó y al girar sus ojos, tenía un cañón de frente en manos del supuesto comensal. Un hombre en silla de ruedas, mutilado y desfigurado, saliendo de la cocina en ayuda de un sequaz, la confrontó:

—Pasaron muchos años, Hit Girl. Hacía tiempos no te veía, huerfanita.

Mindy trató de reconocer al sujeto. Le tomó varios segundos cuando se percató de quién era: Chris, mejor conocido como Red Mist o The Motherf***er, hijo del hombre que mandó a matar a su padre y heredero de una dinastía de ilegalidad.

—¿Sabes? No soy la única huerfana aquí.

—¡Porque mataron a mi padre! ¡Tú y Kick-Ass!

—¡Cómo olvidar esa bazuca! —contestó Mindy entre carcajadas, agitando su navaja.

Dave Lizewski, antiguo compañero de Hit Girl, padre de familia y oficinista, llegó exceptico a una locación. Recibió una postal a nombre de Mindy para reunirse a las afueras del restaurante. Sabía que algo andaba mal, en el mensaje ella parecía tierna cuando siempre era fría. Se trataba de una trampa y más que la carpa del establecimiento, al ser arreglada, mostraba un apellido de origen italiano, D'Amico, apelativo de su contendiente eterno.

Mindy estaba siendo emboscada por su más grande némesis y al escucharse un fuerte disparo y vidrios rotos, Dave, recuperando heroísmo, retomó su alter ego, Kick-Ass, para enfrentar a los empleados que al verlos, desenfundaron sus armas, abriendo fuego hacía él. Sabía que Mindy estaba en peligro, todo en sentido por las muertes de sus parentelas. Él fue quién accionó el lanzacohetes. La venganza es un plato que se sirve frío ¿El último puñal de Hit Girl?

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