"¿En verdad quieres desaparecer?" Pregunta la abuela a Manuel. Y es que en esta casa todos quisieran desaparecer, todos quisieran cerrar los ojos y no volver a ver al mundo, o taparse el rostro y pasar desapercibidos. Y de alguna manera todos y todas lo hacen, tomando siestas largas, encerrándose dentro de sí mismos, escabulléndose entre los rincones de la casa, encerrándose con sus secretos en su habitación. Sin embargo, al final, están todos y todas allí, sin poder huir, amarrados por una circunstancia que los rebasa y hunde cada día más en una desesperación que los confronta.
Tras su estreno mundial en 37ª edición de Cinélatino, Rencontres de Toulouse, donde recibió el Premio FIPRESCI, y su paso por la Competencia Argentina de Bafici, Una casa con dos perros, llega a las salas argentinas el jueves 29 de mayo.
Matías Ferreyra ha logrado crear un retrato sobre cómo las condiciones sociales transforman las relaciones interpersonales, presionándolas, revelando sus defectos y complicando las virtudes. Y, en ese escenario, son además las diversidades, las dudas y necesidades individuales las que palidecen aún más, encerrándoles en una prisión que apenas comprenden.

Manuel, interpretado por Simón Boquite Bernal, es el punto focal de este relato. A lo largo de la película le veremos cuestionarse, dudar, sentir, todo ello sin palabras, apenas unos cuantos diálogos y algunas acciones y miradas que dan indicios, pistas que develan una realidad que se mantiene aún así detrás de una cortina traslúcida. Quizá por ello es que Manuel se va identificando, así, sin intención ni racionalidad, casi por accidente con La Tati, interpretada por Magdalena Combes, su abuela, una anciana complicada y con señas de deterioro mental que de pronto se ve invadida por la llegada de Manuel, sus hermanitos, sus padres, quienes han perdido el lugar donde vivían como consecuencia de la crisis y la pérdida del trabajo de Héctor, el padre, interpretado por Maximiliano Gallo. Ante está invasión, Tati gradualmente se irá desconectando de la realidad. Manuel, un niño inteligente y sensible, puede identificar en aquella anciana tosca que poco a poco va perdiendo autonomía y el respeto de su familia su propia realidad como niño raro, al cual parece ser que todos prefieren ignorar por conveniencia.

Alrededor de ellos dos, una madre cansada, interpretada por Florencia Coll, que emana hastío y hartazgo; un padre frustrado que ha perdido la posibilidad de aspirar, de tener ilusiones; un tío solitario que parece guardar un secreto con su cuñado; dos hermanitos inocentes a quienes embarga la impotencia y el aburrimiento. Intensificando la desesperación de todos y todas, el calor asfixiante.
Ambientada en la crisis argentina del 2001, que hundió a tantos hogares en la desesperación, Matías logra con elementos modestos mostrar como cada persona desde su trinchera maneja y enfrenta la carencia, y sobre todo, como ésta va sumiendo en sus propias vulnerabilidades a cada integrante de la familia, dejándoles sin espacio para la individualidad, la identidad y la autoexploración, pues ante la carencia, sobrevivir es la única prioridad.
Opera prima de Matías Ferreyra, la historia está basada en sus propias experiencias con la crisis, el hacinamiento familiar, la heteronormatividad y la salud mental, y se desarrolla a partir de su propio guion el cual recibió un premio del Polo Audiovisual Córdoba. Llevado ahora a la pantalla grande gracias a las casas productoras Gualicho Cine y Vega Cine, Una Casa con Dos Perros es una modesta pero profunda reflexión sobre la realidad ante la crisis con un estilo y voz propias que sientan un sólido precedente para la carrera del director. Pero es también un relato necesario ante los tiempos presentes, unos que además de encaminarse a la misma tragedia económica que enmarcan la película, recrudecen también su discurso hiper-individaulista, cargado de misoginia, homofobia, tránsfobia y xenofobia, que buscan erradicar la diversidad a partir de la exaltación de una meritocracia que resulta siempre tener el mismo tono de piel, proyectar la misma identidad y, en la mayoría de los casos, incluso cuentan con los mismos apellidos.

Sin duda una gran película que llega a las salas argentinas y que esperamos en su distribución internacional.




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