La semana pasada ocurrió algo llamativo en las redes sociales. Hice un posteo en X, Twitter, recordando una frase de George Miller. Básicamente, el director de Mad Max dijo que el mejor plano de los últimos años es el último de The Fabelmans. Miller lo dijo en 2024, pero se me ocurrió postearlo de nuevo en 2025 porque me parece una apreciación muy bonita. Pero, en 2025, mi posteo disparó una discusión internacional, entre Argentina, México, España y otros países, sobre el cine de Steven Spielberg.

Para quienes no vieron la película, va un spoiler que, sin contexto, no arruina demasiado la escena: el joven Sammy Fabelman sale de la oficina de John Ford, su ídolo, después de escuchar un consejo valioso. John Ford (David Lynch) le advirtió con mucha inteligencia: si el horizonte está en la parte superior del cuadro, es interesante. Si está en la parte inferior, es interesante. Si está en el medio, es aburrido como la mierda.
En el último plano de The Fabelmans, Sammy está caminando hacia el horizonte, como en Indiana Jones y The Last Crusade. Pero la “cámara” recuerda la lección de Ford y, con algo de “torpeza”, encuadra la imagen de manera tal que el horizonte quede en el margen inferior, no en el medio. Es un gran gag visual que, además, va de la mano con el resto de la película. ¿Qué fue lo polémico en todo esto?
Para empezar, el tweet/posteo se viralizó. Como suele suceder en estos casos, siempre que algo llega a una audiencia más o menos grande, aparecen voces detractoras y voces que están a favor. De lo que sea. En este caso, hubo algunas personas que no coincidieron con la opinión de George Miller. A mí me encanta The Fabelmans, es una de mis películas favoritas de 2022, aunque puedo entender que para mucha gente no sea una gran película. Son opiniones.

Algunas de estas opiniones atacaron al cine, en general, de Steven Spielberg. No es la primera ni la última vez que vaya a ocurrir algo así. Jean-Luc Godard, Michael Haneke, y otros grandes cineastas han sido muy críticos de las películas del director de Jaws. Haneke, por ejemplo, hizo un razonamiento muy bueno a partir de una película como Schindler's List. ¿Es inmoral hacer una película como esa, que hace del Holocausto un espectáculo? ¿Es ético construir una secuencia de suspenso con lo que sucede en una cámara de gas? Son preguntas inquisidoras, agudas, que estimulan al arte y nos obligan a pensar en lo que vemos.
Las críticas de Haneke, por ejemplo, se pueden trasladar a cualquier película que retrate alguna tragedia histórica. Desde The Killing Fields hasta Apocalypto. Hay innumerables ejemplos. El cine es un espectáculo. Alguna vez Roger Ebert teorizó sobre esta misma cuestión. El crítico de The Chicago Sun-Times creía que Shoah, el documental de 9 horas dirigido por Claude Lanzmann, era una película más profunda que Schindler's List. Coincido, en parte. Pero Ebert también advertía que casi nadie quiere ver una película como esa de 9 horas. En ese sentido, Schindler's List es muchísimo más efectiva. Spielberg consigue unir el arte con la popularidad, argumentaba Ebert. No puedo estar más de acuerdo. Aunque esto, claro, tenga sus desventajas.
No creo en las vacas sagradas en el cine. Es decir, no creo que ninguna figura sea impermeable a críticas, ni que deban serlo. Muchas películas dirigidas por Steven Spielberg me encantan. Algunas, aunque sean pocas, me parecen terribles. En todos los casos considero que la dirección apuntó a lo mismo: que se de la mano el arte con la industria, el arte con el espectáculo. Solo que a veces, para mí, sale mal y otras veces sale bien.

En el revuelo en las redes sociales se dijo que Spielberg era un director demagogo, sentimentalista, populista. No estoy de acuerdo con todos los adjetivos que se le endilgaron, ni siquiera con muchas de las defensas que intentaban dejarlo bien parado. No creo que Spielberg sea tan populista como se cree: hoy en día no está dirigiendo películas como Transformers 32 o Jurassic Park 8. Y celebro que no esté haciendo eso a esta altura de su carrera.
Spielberg elige filmar títulos como The Fabelmans, a los que les va muy mal en taquilla. Hace muchos años, sacando Ready Player One (un éxito comercial) y The BFG (fracaso comercial), no apunta al cine masivo o popular. Perdió esa conexión que tenía en otras décadas, y no me parece en absoluto algo malo o negativo. Una obra no debería juzgarse por lo que recauda. Tampoco por la cantidad de gente que elige ver una película, aunque esto parezca contradecir lo que pensaba Roger Ebert sobre Schindler's List.
No está mal que nos guste o no nos guste cualquier película dirigida por Steven Spielberg. Siempre que lo hagan con respeto, presto atención a los desacuerdos sobre la valoración de una obra de arte. Cuando alguien señala algo sobre una película, a favor o en contra, debería saber que no hay una verdad universal detrás de esa observación. Es una opinión. Es como decir: “No me gusta este plano, en este momento de la película, porque es color violeta”.
Detrás de esa afirmación puede haber todo un razonamiento más o menos lógico, coherente y ordenado que pretenda explicar cómo se llega a esa sentencia. Puede existir toda una red discursiva que intente sostener por qué el color violeta, en ese plano, no funciona, por qué está “mal”, por qué no debería haber sido ese color o por qué ese plano atenta contra toda la película. Pero en el fondo, todos esos argumentos no dejan de ser juegos de palabras que disfrazan opiniones. Cuando hablamos de cualquier película, hablamos de nuestra sensibilidad. Está bien, ese deseable y es sano, que no nos gusten a todos las mismas películas. Lo que está mal es atacar a las personas porque no comparten nuestro gusto. Se pueden debatir ideas, se pueden usar argumentos distintos, pero no se debe agredir a nadie porque le guste o no le guste una película. Esto último no tiene nada que ver con el arte.




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