El pasado en ¿Puedo escuchar el mar? 

Título: Umi ga Kikoeru

Director: Tomomi Mochizuki

Año: 1993

Género: Drama, romance, crecimiento personal

País: Japón

El pasado influye quienes somos, pero no nos define por completo. Recordé la frase que me repetía en mis momentos más oscuros al ver de nuevo la película a mis treinta: ¨el pasado está pisado; el futuro, incierto y el presente, un regalo¨. ¿Puedo escuchar el mar? (Umi ga kikoeru) refrescó mi adolescencia, época que recuerdo con nostalgia.

Recordar es vivir. Ese es el espíritu de la historia protagonizada por Taku Morisaki (Nobuo Tobita – Toshihiko Seki), estudiante de secundaria en Kochi, cuya vida da un giro con la llegada de Rikako Muto (Yoko Sakamoto – Yuri Amano), una chica transferida de Tokio. A través de recuerdos, se exploran los altibajos emocionales, la amistad y los conflictos juveniles en un relato introspectivo sobre el paso de la adolescencia a la adultez con personajes creíbles.

Fue la primera película del Studio Ghibli para televisión (emitida por Nippon TV), realizada por el talento joven del estudio de aquella época, alejada de la fantasía vista en películas como: Mi vecino Totoro, el viaje de Chihiro, el niño y la Garza por una adaptación con enfoque realista e introspectivo basada en la novela de Saeko Himuro, con guion de Kaori Nakamura, explorando temas como la nostalgia por el pasado, las emociones no expresadas, los malentendidos, el descubrimiento del primer amor, la complejidad de las relaciones humanas y el crecimiento personal a través del recuerdo, visto desde Taku Morisaki, el narrador de la historia. Un universitario reflexivo que recuerda sus años de adolescencia sin remordimientos. Esto es demostrado en la conversación del muelle con su amigo Yukata Matsuno (Kazuhiro Takahashi) acerca del golpe que le dio hace dos años al malinterpretar un incidente con Rikako en el festival escolar y los celos acumulados por los rumores de los compañeros de una relación amorosa entre Morisaki y Rikako en Tokio, lo cual el personaje principal no se vio conmovido por la idea de vengarse. Todo lo contrario. Lo tomó con calma.

Eso mismo ocurrió con su encuentro con Rikako al final de la película. Un final abierto para el espectador, el cual llama a la reflexión típica en el cine japonés introspectivo. Sin declaraciones ni escenas románticas, la conclusión demuestra que pese a la relación enfermiza que ambos tuvieron (guiada por el egoísmo y la manipulación de la chica; la sumisión, la falta de autoestima, sumado con el impulso de salvarla de su vida emocionalmente inestable por parte de Morisaki), ambos se saludan con afecto y deciden caminar juntos entre risas. Algo agradable y previamente anunciado en la narración con el mensaje de Yumi (Yuri Amano), una amiga en común de los dos, el cual expresó después de la fiesta de exalumnos: ¨…hay alguien de Tokio que ella quiere ver. Le pregunté quién era, pero me dijo que es alguien que le gusta dormir en la bañera…” Un diálogo conclusivo de las intenciones de Rikako con Morisaki, logrando calmar a Matsuno sobre el malentendido de la noche de Tokio, seguido con el recuerdo de las palabras de la engreída chica con una música de jazz de fondo, aludiendo ese sentimiento de nostalgia, contagioso al espectador que nos deja con las ganas de reencontrarse con personas de nuestro pasado, ya que como dije al principio: el pasado está pisado. No podemos cambiarlo; el futuro tiene muchas posibilidades desde lo que hagamos en el presente con nuestros recuerdos, los cuales pueden resignificar vivencias para no vivirlas desde el odio, la ira y frustración.

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