Cuando a mediados de 1996 la comunidad científica anunció al resto del mundo que había logrado por primera vez clonar un ser vivo complejo, la célebre oveja “Dolly”, muchos que habíamos visto veinte años antes la película “Los Niños de Brasil” (1978) nos dejamos de asombrarnos y estremecernos también por el inquietante film protagonizado en sus roles principales por Gregory Peck y Sir Lawrence Oliver, que predijo este hecho con pasmosa clarividencia.
Y no es para menos, puesto que en esta película se planteaba la siniestra posibilidad de que un grupo de neonazis cuya base de operaciones estaba en el Paraguay dirigido entonces por el dictador Alfredo Stroessner planeaban nada menos que clonar a todo un centenar de nuevos A. Hitler a través de un proceso médico que en la década de 1970 era solo una utopía de ciencia ficción: la clonación. Como este procedimiento era solo biológico, el jefe de esta siniestra organización, nada menos que el muy real Josef Menguele interpretado por Gregory Peck (que por entonces seguía prófugo de la justicia internacional, siendo descubierto al año siguiente, 1979, tras fallecer repentinamente de forma natural en una playa del sur brasileño), había decidido organizar un plan para que todos esos clones del dictador austríaco crecieran en hogares repartidos a lo largo del mundo en condiciones similares. Esto es, entre los requisitos para que fueran adoptadas estas réplicas del creador del nazismo desde su nacimiento “natural” en Brasil, los padres debían ser personas longevas empleados en cargos burocráticos que habrían de morir poco tiempo después de verlos nacer, siendo entonces criados por madres muy jóvenes y sobreprotectoras, que al poco tiempo seguirían a sus maridos a las tumbas dejando a sus hijos huérfanos, pero también libres para desplegar todo su “potencial” como futuros lideres de un Cuarto Reich.
Durante buena parte de “Los Niños de Brasil” la trama se desarrolla en base a las investigaciones que dos cazadores de criminales de guerra, el veterano Ezra Lieberman (Lawrence Olivier, que interpreta a una adaptación del personaje real de Simon Wisenthal) y al mas joven Barry Kohler (Steve Guttemberg), quienes tratan no solo de desenmascarar el siniestro plan de Menguele y sus acólitos sino también de impedirlo por todos los medios. En medio de varias peripecias no siempre favorables, Kohler contacta a un biólogo vienés (Bruno Ganz), quien le explica al investigador como funciona el proceso de la clonación, en palabras que inquietantemente se repetirían dos décadas mas tarde cuando los creadores de “Dolly” anunciarían su descubrimiento al mundo con todo lujo de detalles. Sin embargo, ese idéntico origen a través de un mismo donante no garantizaría la igualdad de esos clones, para lo cual haría falta que esos individuos replicados crecieran en condiciones muy similares.
Esta nueva revelación le hace comprender a Kohler, aleccionado por Lieberman a este respecto, que tendrían que buscar a esos hogares sustitutos en donde los neonazis pretendían “criar” a los futuros Hitler alrededor de todo el mundo para tratar de detener esa infernal maquinación. Pero para lograr su objetivo, deben enfrentarse cara a cara con el líder de la misma conspiración, el pavoroso “Doctor Muerte”, el mismo que se había hecho tristemente célebre por sus experimentos en gemelos aún vivos en los campos de concentración durante la WWII…




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