Han pasado más de 48 años y aún recuerdo como si fuera ayer, que Marisa y yo jugábamos debajo de mi cuna, como sí ese espacio se tratase de una casa o un castillo enorme, cómo niñas teníamos una cocinita, tazas, platos y demás cosas, todo un mundo de diversión en nuestras manos.

Cómo solo éramos dos y queríamos jugar con mas personas, se nos ocurrió invitar a algunos amigos, no uno sino varios, no tenían nombres propios, o tal vez no lo recuerdo, solo sabíamos que eran los amigos invisibles, ellos aprendieron a salir de bajo de mi cuna, solo esperaban ser invitados diariamente, recuerdo estirar el brazo para ayudarlos a salir con un jalón.
Por algo que no sabría explicar, siempre debíamos estar las dos para que aparecieran, solo así se manifestaban y hablaban, era cierto que eran invisibles porque no lo veíamos pero si los sentíamos, y si, era un día con mucha suerte hasta movían algunos juguetes, comían y tomaban lo que les dieramos, estoy último era fácil porque las mismas eran invisibles también.

Mi madre se asomaba a veces al cuarto, tras escucharnos hablar, reír y correr. Más de una vez nos vió con los brazos extendidos como si estuviéramos tomadas de la mano con alguien formando una rueda. Supongo que pensaba qué imaginación tienen, y solo le queda sonreír y salir.
Una vez en particular tras escuchar mucho bullicio, entro y nos digo: "¿Cuántos niños hay en el cuarto 6 ?" .
Mi respuesta no se hizo esperar: "Si, somos 6 mami, ¿Tú también los ves?". Ahora se que fue un poco absurda la pregunta porque eran invisibles, pero Marisa y Yo, sabíamos que éramos nosotras y cuatro invisibles jugando en ese momento.
Recuerdo la cara de asombro de mi madre por un segundo, pero se sobrepuso rápidamente, para preguntarnos con quién jugábamos.
Pues, con los invisibles, respondimos en coro.
Asumo que mi madre, no quiso cortarnos nuestra imaginación, y pregunto con curiosidad de dónde venían.
Marisa, contundentemente dijo que debajo de la cuna, qué siempre salían cuando los llamamos para jugar. Ella hablaba y yo asentía con mi cabeza, dándole toda la razón.
No sé, que pensó mi madre, y nunca se me ocurrió preguntarle que paso por su mente, lo cierto es que se volvió una adición, Marisa que vivía en el apartamento de abajo, subía todos los días todo el día, solo para jugar, conmigo y por supuesto con los invisibles.
Jesus el hermano menor de Marisa, se unió a nuestro juego meses después, pero a él, le dió algo de miedo, creo que sentirlos pero no verlos, no fue tan natural para él como para nosotras. No entraba solo al cuarto, y jugaba con algo de duda al inicio, hasta que lo convencimos de que eran buenos.
Todo termino cuando sacaron la cuna de la casa hasta ese día los invisibles jugaron con nosotras, a pesar de llamarlos no acudieron, fue como si la puerta de ese mundo paralelo o espiritual efectivamente estaba bajo de aquella cuna.
Han pasado, como he dicho muchos años de esto, Marisa y yo seguimos siendo grandes amigas, corrijo hermanas, a pesar de que ahora vivimos en diferentes continentes y no podemos vernos tanto como quisiéramos, siempre recordamos cuando jugábamos con los invisibles.
Hoy por hoy, no sé si realmente nuestros amigos los invisibles, eran producto de una imaginación muy activa, pero lo cierto es que disfrutamos un montón juntos.
¿Tú qué piensas, imaginación, realmente amigos invisibles o monstruos ? Lo que haya sido, siempre estarán en nuestra memoria.


¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.