Tom Cruise no falla.
Bueno, casi no falla. A ver, fallar no falla, porque el tipo es entretenimiento en forma de mandíbula cincelada y paso firme, pero... digamos que esta vez tuvo que esquivar más balas narrativas que misiles en motocicleta.
La chica al lado de mi asiento estaba viviendo la película como si Ethan Hunt fuera su ex tóxico: emocionada, confundida, y con lágrimas contenidas. Yo, por otro lado, estaba más en plan: “¿Esto va a arrancar ya o seguimos con la Wikipedia narrada?”

🎬 El tráiler más largo jamás producido (a.k.a los primeros 60 minutos) Misión Imposible: Sentencia Final es la segunda parte de una película que se olvidó de que era una segunda parte. Técnicamente es el episodio 8, pero si no viste la anterior o si sufriste amnesia inducida por TikTok, no te preocupes: te lo explican todo. Varias veces. Con flashbacks. Y monólogos. Y diálogos. Y subtítulos.
Y aunque agradezco que me tomen de la mano para cruzar la calle narrativa, llega un punto en que la calle se convierte en autopista, y ya estoy gritando “¡déjame correr solo, McQuarrie!”
Sí, es cine de acción, pero con la paciencia de un podcast de historia universal. Lo bueno es que, cuando por fin explota la acción… se siente como si te dieran palomitas gratis en la fila del cine. Adrenalina, emoción, música que sube y sube como la ansiedad en domingo. Una delicia visual.
🤖 IA malvada, humanidad en crisis y Ethan siendo el soft boy más badass del espionaje La trama gira en torno a "La Entidad" —una Inteligencia Artificial maligna y más ambigua que la relación entre tú y tu mejor amigo con derecho. El mundo está en peligro, el futuro es distópico, y el enemigo es invisible, omnipresente y más manipulador que una abuela con Facebook.
Pero hay algo bonito en el fondo de toda esta parafernalia high-tech: la idea de familia. No la de sangre, sino esa que construyes con gente que se tira de aviones contigo sin preguntar. McQuarrie nos lanza este mensaje con la sutileza de un mazo: frente a las máquinas, lo humano todavía tiene chance. Todavía vale confiar.
Y en una escena que, sinceramente, me tocó la fibra, un apretón de manos tiene más peso que una pelea de helicópteros. Porque sí, en Misión Imposible, la emoción también se filtra entre explosiones.
🍿 Entre discursos y saltos mortales: ¿vale la pena verla? Sí. Mil veces sí. Aunque tenga un prólogo eterno, aunque a veces se sienta como que estás viendo el resumen de una serie que no viste, y aunque la mitad de la película parezca un PowerPoint animado por Nolan. Cuando se pone buena, se pone buenísima. Te lo juro por la máscara de Ethan Hunt.

Además, Cruise sigue siendo Cruise. Es el último héroe clásico, el que no necesita CGI para colgarse de un tren a 200 km/h porque simplemente no cree en la muerte. Y si eso no te convence, el elenco está lleno de nombres que valen cada centavo del boleto: Hayley Atwell, Simon Pegg, Ving Rhames, Pom Klementieff… Básicamente, un buffet actoral que no decepciona.

🧨 Conclusión: El show debe continuar (aunque sea en slow motion) Tom Cruise te pide que confíes en él una última vez. Y, aunque esperaba un cierre más apoteósico, le creo. Le creo porque me divertí, porque aún me vibra el pecho con la música del tema principal y porque al final del día, esta saga no es sobre misiones imposibles, es sobre una promesa cumplida: ir al cine y salir con el corazón acelerado y los oídos zumbando.
Así que sí, ve a verla. Compra tus palomitas, tus gomitas, tus nachos, tu refresco tamaño alberca, y déjate llevar. Puede que la trama se enrede, pero cuando Tom corre... todos corremos con él.



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