Requiem for a Dream.

Habría estado cursando el año 2003 aquella noche en la que por entonces tenía unos 8 años o próximo a cumplirlos cuando frente a la tv me encontré con esa extraña pero atractiva película, que desde ese entonces son tenía recuerdos fotográficos de pequeños momentos de lo que iba sucediendo, principalmente recordándola mediante imágenes en sucesión bastante categóricas en su impulso de trascender, otro de los factores que se me quedó grabada en la memoria fue esa particular música con la que estaba adornada, particularmente una melodía en específico que sonaba cada tanto y que me daba a entender que no era solo por estar, sino que ese sonido transmitía sensaciones que hasta entonces no sabía que me significaban.
Hasta ese entonces poco me importaba el cine, no sabía quién era Darren Aronofsky (y probablemente tampoco lo habría sabido pronunciar) y no tenía demasiadas herramientas como para poder dilucidar lo que había visto en ella así con en otras películas más de aquel entonces, es más, hasta esa edad solo tengo la certeza de haber ido un par de veces contadas con los dedos de la mano a ver una película al cine, aunque como antes menciono, no me pude sacar de la cabeza esas imágenes y esa particular melodía, hasta que finalmente los años pasaron, fui creciendo y un buen día ya con el avance de internet a como lo conocemos en nuestros tiempos, me di la misión de encontrar aquello que había visto, y entonces allí, supe que esa composición se llamaba "Lux Aeterna", y que esa película a la que hoy en día considero una obra maestra se llama Requiem for a Dream.

¿Qué estás dispuesto a hacer para alcanzar tus sueños? esos objetivos de vida, esos anhelos y ambiciones por las cuales luchar son las que toma Aronofsky de sus personajes para convertirlos poco a poco en sus peores pesadillas, Requiem for a Dream es una reflexión crudísima que tiene como eje las adicciones a las sustancias para arribar en profundidad a cuestiones referidas a la soledad, la nostalgia, el desamparo y la crítica hacia la sociedad del consumismo, no solo de sustancias sino de moldes estéticos y de status que los equipara como objetos de entretenimiento.
Probablemente sea el largometraje más deprimente y oscuro del director estadounidense, una película donde la cosa no arranca bien para sus personajes y cada vez se torna más y más decadente para ellos, una especie de descenso en espiral que todo va empeorando bajo una serie de eventos constantemente negativos que va en retroalimentación progresivamente hasta que llega el punto en el que todo ese viaje toma un tramo hacia la declive sin control y sin retorno, interesantemente toda esa progresión va estructurada sobre las estaciones del año, las cuáles el cineasta toma para conformar ese arco de deterioro en su historia.

Todo arrancándolo en un soleado verano para presentarnos a sus personajes, el círculo íntimo que se conforma entre ellos y además aprovechando para ilustrarnos a cada uno de ellos individualmente desde sus aspiraciones y sus sueños a alcanzar, los cuales no tardará demasiado tiempo para demostrarnos que esos personajes estarán dispuestos a todo, y bastante más con el correr de los minutos, para conseguir esas metas que también pueden percibirse que detrás de esos motores que impulsar a perseguirlos se encuentran claras fragilidades personales en las cuales podemos encontrar mucho vacío existencial, insatisfacción y desesperanza.
La continuidad se da a través de un otoño donde no azarosamente caen las hojas, las vidas de sus protagonistas también toman esa especie de altibajos en las que nos introduce en esa perturbadora cotidianeidad de los excesos para tapar agujeros profundos, para evadir sus realidades en varias y reiteradas secuencias de imágenes repetitivas unas tras otras, ya sean billetes enrollándose, polvos, pastillas, la vida que les vuele a sonreír por un instante de calma, instante que quizás les resulta eterno pero que apenas durará hasta la siguiente secuencia de imágenes repetitivas y otra vez, billetes que se enrollan, polvos, pastillas y así hasta formar un circulo vicioso de pánico, manía y serenidad en un sistema giratorio que no tiene fin durante esa etapa.
Cuando la historia es alcanzada por el invierno, nos da cuenta de las consecuencias por los actos que esas personas han tomado, un desenlace que se veía venir y que se va conformando a través de esa hora y 42 minutos con total agonía, es interesante como el factor técnico juega mucho su papel a la hora de hacernos inmersivas las experiencias psíquicas y emocionales que se van viviendo, con la utilización de cámaras que están en constante movimiento y la habitual técnica en el cine de Aronofsky como lo es la Snorricam a la hora de transmitir esas sensaciones de euforia y confusión para que podamos experimentar esa vorágine en la que está naufragando un adicto.

Jared Leto en un papel realmente sublime en la que hace se desarrolla individualmente y además fortalece a sus compañeros de elenco, especialmente a una magnifica Ellen Burstyn, dueto con el que además buscará explorar esa interesante e intensa relación madre e hijo en la que ambos se encuentran entre las expectativas, las ilusiones, las desesperanzas y el duelo que persigue a sol y sombra a aquellas personas que se aferraron a esas vidas que ya no están más en ese terreno.

Los sueños que terminan en pesadilla, Requiem for a Dream puede decirse que es una película que educa sobre el perjuicio y la destrucción del mundo de las drogas, un desarrollo y una ejecución que se siente, moviliza y no deja para nada indiferente termina dejando como saldo ese agotamiento al espectador de que se ha visto algo que solicitó exigencia y que al mismo tiempo hipnotiza por la lucidez para retratar justamente lo contrario, las alucinaciones, las obsesiones y una profunda angustia existencial, el cineasta nacido en Estados Unidos goza del status de haber hecho un largometraje que no importa cuantas veces se vea, siempre se sentirá como la primera vez.




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