Gracias a su popularidad entre las audiencias más
jóvenes y a sus posibilidades pedagógicas, el cine de
animación es una magnífica herramienta educativa
para la formación de valores, antivalores y el desar-
rollo intelectual y emocional de los estudiantes. Esta
confluencia entre animación cinematográfica y edu-
cación ha ocupado numerosas páginas de la revista
“Padres y Maestros”, en versión guías de cine, que a
través del estudio de un total de 27 películas y 1 corto-
metraje ha establecido un conjunto de metodologías
pedagógicas sobre este medio audiovisual y sus parti-
cularidades. A partir de esta muestra se plantean una
serie de cuestiones pedagógicas sobre un cine que,
con sus diferencias y puntos en común respecto a la
narrativa y oportunidades propias del cine de acción
real, ha demostrado un enorme potencial educativo
en numerosas aplicaciones prácticas, en especial, el
desarrollo de proyectos de trabajo en educación in-
fantil; e ingente bibliografía al respecto, de la mano de
piezas de gran interés cultural y artístico.
Palabras clave: Educación, Cine de Animación,
Narración Cinematográfica, Valores, Infancia, Fami-
lia, Guías de Cine, Proyectos de Trabajo
El poder educativo del cine es innegable, pues con-
forma todo un lenguaje de comunicación posible:
oral, escrito, icónico, musical, numérico, gráfico… Y
su capacidad de influencia en el tejido social nos convierte en sujetos directos susceptibles de cambios en
nuestras vidas. Desde el punto de vista de las formas
de expresión, el cine es un arte de expresión compleja
ya que es audiovisual, digital, multimedia, plástico,
dinámico, verbal, gestual1…
Por todo lo anterior, el cine es uno de los medios más
idóneos para el aprendizaje. Posee la extraña capacidad
de inmiscuirse en la vida de las personas e influir en la
generación de sus valores, en sus actuaciones vitales,
en el modo de contemplar el mundo y en todo lo que
tiene que ver con lo humano. Sin duda se trata de una
característica que incrementa las posibilidades de co-
nocer a través de la fantasía, la imaginación, la ilusión,
la simbología y de la propia realidad. Viene a ser parte
de los recursos principales para interiorizar las distin-
tas normas vigentes y su traslación al contexto social.
Es un agente socializador masivo en la era contem-
poránea, que persigue y logra el enriquecimiento del
imaginario colectivo de forma generalizada y duradera
en el tiempo. Cada vez más somos conscientes del valor
que tienen las emociones en la vida y la formación de
la personas y, por lo tanto, de su papel en la educación.
Por eso conviene destacar que el cine, no sólo apela a
la vertiente intelectual de las personas, sino también
las prepara para su encuentro inesperado con la vida
emocional. Durante la infancia la experiencia del cine
deja huellas imborrables y basta rememorar para que
al instante broten muestras del celuloide acompañadas
de vivencias llenas de emociones y afectos. Subraye-
mos, además, que el cine es atractivo y fascina hasta el
extremo de hacer que permanezcan imperecederas hi-
storias y pasajes visionados en la infancia. Transporta a
un mundo de ficción convertido en verosímil, donde se
fusionan los sentimientos y las emociones, los sueños,
los primeros miedos, en una mezcla de realidad y fan-
tasía que se llega a entrelazar vivamente.
No hay distinción, a esa edad incipiente, entre lo
apenas vivido y lo imaginado; es un mundo con el que
nos identificamos o rechazamos, sin que muchas ve-
ces el trasfondo que se queda llegue a coincidir con
el de la persona que está a nuestro lado. En ese sen-
tido, el mensaje se vuelve individual pues se adapta a
cada particularidad y a las diferentes sensibilidades.
Todo ello sucede así gracias a una cuidadísima pla-
nificación y suma de elementos: encuadres, cambios
de situación gracias a una cámara móvil, música, un
guión vivo gracias a los actores… Sin que siempre se-
amos conscientes, todos estos elementos se combinan
y convierten en una poderosa fábrica de emociones.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.