SINOPSIS: Julia, una niña apartada por el grupo de niños de su aldea. Busca ser sociable con los adultos, pero el único que la recibe de buena manera, es John. El panadero del pueblo que hace 1 mes que contrajo una maldición que pone en riesgo al pueblo.
Mi nombre es Julia, como el mes en el calendario que trajo el sacerdote Giovani desde Italia, pero en femenino, es que mis padres esperaban un niño pero como nací niña le cambiaron la “O” por la “A”. No estaban muy contentos porque sea niña pero creo que lo aceptaron. El domingo cumplo 9, es emocionante.
Los niños no quieren jugar conmigo, les da miedo la marca de nacimiento que tengo en el cuello, me dicen “la marcada” por algo que la anciana Martha. Esa señora me da muchos escalofríos. No les doy mucha importancia, me quedo con mis amigos imaginarios y con John, un vecino muy solidario que cayo enfermo hace un largo tiempo, o eso me dicen.
John combatió en un reino cercano, fue amigo del hijo del rey, pero el reino fue invadido y tuvo que dejar su vida como caballero. Ahora es (o era) panadero, junto a su esposa y su hija.
John escribe muy buenos cuentos para su hija, sobre hadas y elfos en el bosque, ellos combaten con hombres roca. Oír sus historias son mucho mas entretenidas que aprender los números que nos enseñan en la pequeña escuela pegada a la iglesia.
Desde hace un mes del nuevo calendario, cuando el se enfermo, mis padres me prohibieron juntarme con el, desde ese momento tienen mucho miedo en la aldea hacia el. No se los negare. Desde el interior de su habitación, a la noche, se escuchan gruñidos que te hielan la sangre, son como los de un monstruos. Como los hombres roca de sus cuentos.
Lo poco que escuche de lo que su esposa le conto a mi padre mientras tomaban el té ayer, es que hizo algo que a una tal Margarita, una anciana peligrosa. Esta le dio una maldición, ya a que practicaba las artes oscuras que el sacerdote nos conto que es algo demasiado peligroso, y que no debemos jugar con ellas. John cayo “enfermo” pero en realidad era para encubrir su “marca”.
No solo fue su salud lo que cambio, estamos hablando de John, un ex caballero que siempre cuido su salud y la del resto. Una fiebre imparable junto con demasiados mocos rojos. Con el pasar de los días, su cuerpo también cambio. Piel agrietada y color gris, acompañado de unas marcas rojas en sus brazos y cuello, peor sobre todo una gigante en su espalda, una que formaba un símbolo. El símbolo de los marcados.
Para que entiendan, estar marcado es algo de sumo riesgo. Es una condena para toda la vida, algo que significaba muerte para todos sus cercanos y para su alma humana.
Una noche mi curiosidad me gano, quería saber como estaba ese amable hombre que alguna vez me hablo.
A media noche salí con cautela de mi casa. En silencio y pasando desapercibida camine hacia su casa. Su habitación estaba dando hacia el sur, así que fui hacia ella. Me pare frente a la baja ventana, que tenia unas cortinas caceras que tapaban su interior. Al no poder ver nada, intente abrirla.
La abrí y escuche una agitada respiración, era el.
Me metí y en la oscuridad de la calurosa habitación intente ubicarlo. Algo brillo dentro, eran sus ojos, que ahora eran de color rojos.
-¿Victoria? ¿Eres tu?
Dijo el.
-No, soy yo, Julia, tu amiga.
Respondí.
Su mirada me ubico en la oscuridad, como si fuese un felino y viera en esta.
-Niña, no deberías estar aquí. Soy un peligro.
-Quería saber como estabas. Hace mucho tiempo no se te ve en el pueblo.
John rio.
-¿Mis lamentos se oyen desde fuera?
-No mucho. ¿Por qué no sales más?, mi madre dice que estar sin tomar sol mucho tiempo hace mal para la salud.
-Ojala pudiera. Estoy atado a la pared por si no me viste.
-Eso es malo, ¿Quieres que te libere?
-No, estoy marcado, tengo que estar así.
Camine hacia donde estaba el, guiándome por sus brillosos ojos.
-Aléjate, por favor.
Pasos se escuchaban desde fuera. La puerta se abrió y con una vela, su esposa paso.
-Niña, ¿Qué haces aquí?
Me dijo sorprendida, con los ojos saltones.
La vela ilumino bastante, ahora podía ver a John.
Su piel era gris, como la ceniza que deja un árbol. De sus ojos caían lagrimas, mas que lagrimas sangre. Marcas por todo su cuerpo, algunas por la maldición, otras rasguños, hechas por el mismo.
-¡Niña!
Me grito ella.
-Perdón señora, quería ver a mi amigo.
Ella relajo su mirada, solo vio a una niña inocente, no una amenaza para ella y para su esposo.
-Vamos.
Me tomo del brazo y me llevo con ella. Mire para atrás y mientras la vela dejaba de iluminar la habitación al movernos, vi la cara de John, un hombre noble, lleno de dolor y angustia.
-Adiós, Julia.
Me dijo él en voz baja.
Salimos de la casa y fuera estaba toda la aldea.
Entre ellos: Mis padres, el sacerdote, los niños y sus padres, y la anciana Martha.
-¿Se termino la transformación?
Pregunto Martha.
La asustada mujer me metió detrás de ella. Protegiéndome de nuestros asustados e inseguros vecinos.
-N-n-no. El e-est-esta perfecto. No tienen porque preocuparse.
Dijo tartamudeando frente a los vecinos.
-Deja de mentirnos. Ya sabemos todo.
Respondió enojado el padre de Jorge, uno de los niños que más me molestaba.
-¿Saber qué?
Respondió mientras retrocedíamos para volver a entrar.
-¡No te hagas la idiota, el esta marcado!
Grito Martha mientras recargaba un viejo fusil muy desgastado.
Mi madre lloraba mientras abrazaba a mi padre, sin embargo ninguno actuó para protegerme.
Martha apunto y disparo a nuestro lado, para asustar. Yo me agache y protegí mi cabeza con mis manos. La esposa de John, no hizo nada.
El disparo de un rifle con el caño tan desgastado provoco que la bala se dispersé. Y un disparo que era para asustar, termino perforando el ojo de la mujer que cubría mi pequeño cuerpo.
Los vecinos se sorprendían por el disparo. Ella no grito ni se quejo, solo se toco su cara, vio en su mano la sangre, y en completo silencio ella cayo.
Como una estampida, los vecinos, pasaron por encima a ella y me apartaron. Los niños y el sacerdote se quedaron parados viendo como con mucha violencia entraron a la casa, en búsqueda de John.
Su hija, Victoria, gritaba asustada desde dentro. Le ignoraron y fueron directo por John, quien estaba atado.
Entre gritos lo desataron, y a los golpes lo sacaron.
Vi como llevaban a John, con las manos atadas, hacia el centro de la aldea, donde en un pequeño escenario, el sacerdote daba algunas noticias cuando volvía de sus viajes.
Algunos lo ataban, y otros buscaban paja y madera para poner a su alrededor. Una vez el inmóvil e iracundo por lo que le hacían y le hicieron a su esposa. Comenzaron a preparar todo para quemarlo vivo y expiar la maldición de la aldea.
Sin embargo, Jorge, hijo de uno de los que encabezo el ataque a John, me miro y señalo.
-¡Padre! ella, ella también esta marcada.
Advirtió a su padre. Quien me miro y con furia y desesperación, me tomo del cuello y a la rastra me llevo al escenario.
Me ataron a otro palo, junto a John. Pusieron las mismas cosas a mi alrededor y mientras llorábamos, Martha encendió una vela, la tiro a mi palo y todo comenzó a arder a mi alrededor.
-¡Déjenla!
Grito John mientras el fuego ya tocaba la punta de mis zapatos.
El grito y con fuerza rompió sus ataduras. La transformación ya estaba hecha.
Ataco a el padre de Jorge, matándolo en el acto.
Los niños comenzaron a correr mientras John siguió con el resto de sus padres.
Martha le disparo por la espalda, intentando matarlo. Cosa que su piel rocosa evito.
John se volteó y con sus manos tomo a Martha de su rostro. Hizo que a la fuerza lo mire a los ojos.
-Eres el demonio en persona, bastardo.
Dijo antes de escupirle el rostro. John hundió sus pulgares en sus ojos, haciéndolos explotar.
Martha cayo al suelo luego de que el la soltó. Sus gritos se fueron apagando mientras su sangre caía por el agujero donde iban sus ojos.
John iba a seguir con mis padres, pero lo detuve.
-¡Déjalos! ¡Por favor!
Le grite.
Mi voz hizo que su alma humana recuperara el control de su cerebro. O eso me gusta imaginar. Camino hacia mi y me puso a salvo. Justo a tiempo, bajamos del escenario.
-Perdóname, tengo que irme.
Me dijo en voz baja mientras el fuego se extendía por el resto de la madera del escenario.
Mire a mis padres, quienes tenían una mirada de arrepentimiento.
-¿Volverás?
Le pregunte.
-Seguro.
Respondió. Eso me basto para saber que mi extraño amigo estaría bien.
Tomo una capa con capucha, del padre de Jorge. Se la puso y comenzó a caminar hacia el bosque. Fue lo ultimo que vi de el, antes de caer desmayada.
Ya cumplí 9, de hecho cumplí muchos mas años, tengo 13. Mi padre murió enfermo y arrepentido. Mi madre se hizo cargo de la hija de John, y ahora es mi hermana.
En la ultima semana, nuevas personas llegaron a la aldea. Vinieron desde muy lejos, porque un marcado llego al pueblo. Pero el no fue el mal, todo lo contrario, fue la salvación. El que los ayudo a sobrevivir, luego de que grandes olas arrasaran con su aldea. Creo que John, sigue haciendo de las suyas.




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