
Ésta fue una de las primeras películas que vi de Gaspar Noé, y recuerdo que en su momento me gustó y me impactó, pero no fue hasta volver a verla años más tarde que comprendí que me había quedado en el plano de la espectacularidad y no había percibido la estructura metafórica del film.
Irreversible es sin lugar a dudas difícil de olvidar, sea por los exasperantes movimientos de cámara de su comienzo, por su narración invertida o meramente por su crudeza. Pero como ocurre muchas veces con aquellas películas cuyo despliegue técnico tiene un papel protagónico (algo frecuente en la filmografía de Noé), es necesario un segundo visionado para enfocarse en la historia y reconocer la función simbólica de los elementos formales que hay en ella; en otras palabras, la relación simbiótica entre forma y contenido.
Fue precisamente así que todos los recursos estilísticos que me habían parecido interesantes en mi primer contacto con el largometraje adquirieron un nuevo sentido.

Empecemos por lo obvio: la estructura narrativa. La historia comienza en el final y a partir de ahí va volviendo sobre sus pasos. Esto no es por sí solo algo innovador, se ha visto muchas otras veces, y en varios casos no tiene justificación alguna más que intentar dar un rasgo distintivo a un relato poco interesante. Pero en este caso cumple una función crucial. Al mostrar la venganza antes que su causa, no hay ningún tipo de empatía por lo que están haciendo los personajes; no conocemos la razón que los lleva a actuar así y por lo tanto no podemos entender su desesperación y su impotencia. Lo que se nos muestra entonces es un acto de violencia explícita sin contexto, un episodio de furia casi absurdo.
Luego sigue la búsqueda de Marcus y Pierre de un tal “Lombriz solitaria”, culpable de aún no sabemos qué. Durante una serie de escenas seguimos a Marcus completamente desquiciado, atacando a todo quien se cruce en su camino; mientras Pierre intenta calmarlo y convencerlo de que debe abandonar su intento de venganza. Pero Marcus en ningún momento considera esta opción, ni siquiera parece capaz de controlar su estado de locura, que lo lleva incluso a atacar a Pierre. Hasta este momento, lo único que vemos son sucesiones de secuencias frenéticas de ira injustificada propagándose por las calles de París, dejando a su paso víctimas por doquier.
Y entonces, casi a los 40 minutos de comenzado el film, vemos a la víctima originaria mientras la suben a una ambulancia, inconsciente y desfigurada: Alex, la pareja de Marcus.
Lo que sigue es una violación salvaje, pero sobre todo azarosa. Alex, al no conseguir un taxi, decide cruzar el túnel que la lleva al otro lado de la calle. En el camino se topa con una pareja que discute acaloradamente, lo cual deriva rápido en una golpiza. Alex intenta huir, el hombre la ve y la intercepta, mientras tanto la otra mujer escapa. Destaco el componente del azar porque considero que es una constante a lo largo de la película, la agresividad pareciera ser un virus (quizás esto tenga relación con el nombre del personaje “Lombriz solitaria”) que controla a ciertos individuos y los obliga a arremeter contra todos a su alrededor sin ningún tipo de criterio ni distinción.
A partir de este momento, cuando todo lo visto previamente parece haber adquirido sentido, es que conocemos las verdaderas personalidades de los protagonistas (o sus personalidades en condiciones normales al menos). Los vemos relacionarse en una fiesta, en el camino a ella y a la pareja en la intimidad de su habitación. El giro final, la noticia que Alex recibe con alegría pero que para los espectadores resulta sumamente trágica, es que está embarazada.
Irreversible es una película que para muchos resulta morbosa, pero personalmente no estoy de acuerdo. Creo que el abordaje que se hace de la violencia tiene una intencionalidad crítica detrás, de hecho si hay algo claro es que no se busca estetizarla. Para desarrollar esto quiero analizar las dos escenas donde la violencia gráfica es central, y es además presentadas de maneras muy distintas.
El Rectum

En esta escena la cámara gira constantemente en todas direcciones, generando una sensación de caos y desconcierto. Esto ocurre durante toda la primera parte del film, la que sería cronológicamente posterior a la violación. La cámara representa así la mirada enajenada de Marcus, quien se hunde cada vez más en una espiral de locura, como desciende también en los sucesivos subsuelos oscuros y sórdidos del bar sadomasoquista Rectum, donde la violencia es aceptada y asumida como una forma de placer. Vemos todo tipo de vejaciones en este lugar que es presentado como una especie de infierno (oscuro, caluroso y teñido de rojo), y que no es nada menos que el “Rectum” o recto, aquel espacio que en el cuerpo humano se encarga de almacenar las excreciones, esa asquerosidad que natural e inevitablemente lanzamos al mundo, como tal vez lo sean también la agresividad y la ira.
Retomando la cuestión del azar, algo que no comprendemos hasta más adelante es que aquel hombre que es brutalmente asesinado no es el responsable del abuso de Alex, lo cual resalta la inutilidad del hecho. Es decir, no solo no conocemos la justificación que Marcus y Pierre tienen para llevar a cabo semejante acto, con lo cual no hay una romantización de la idea de venganza, sino que además la venganza no resuelve nada.
Me parece interesante también que sea Pierre, quien luego es presentado como un personaje racional e intelectual, quien finalmente concreta el homicidio; porque esto demuestra el alto grado de contagio de la brutalidad y el odio.
El túnel

Aquí en cambio, la presentación es muy distinta. Seguimos a Alex en un plano secuencia mientras intenta llamar un taxi, baja al túnel y casi al llegar al otro lado se encuentra de repente con la violencia. Tanto en la golpiza que recibe la trabajadora sexual que luego huye, como en el abuso que sufre Alex, la cámara se mantiene fija. Sin cortes, sin música, vemos una violación y una posterior paliza durante diez minutos sin que se nos permita desviar la mirada. Sufrimos por ella pero no con ella, porque somos espectadores. Esta puesta en evidencia de nuestra perspectiva voyerista simboliza, para mí, la incapacidad (o la indiferencia en muchos casos) de tomar acción ante la brutalidad de este mundo.
En conclusión
Creo que entender esta película como el tratamiento morboso de una historia trágica es quedarse en su nivel más superficial de sentido. Si se ha contado tantas veces en pantalla el deseo de venganza de quienes tienen un ser querido que es abusado, y sin embargo ésta se destaca por ser la versión más densa y desesperante, es porque no busca endulzar lo que es sin duda terrible. Y si hay algo que busca dejar en claro es que las consecuencias de la ira, la venganza, la violencia en general, son irreversibles.


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