Aunque la rata Remi no es un monstruo sino un pequeño mamífero que habitaba las legendarias alcantarilla napoleónicas de la capital de la ciudad luz, está película animada merece una reseña y, a gusto del autor, esta es la categoría que más se adapta a su trama. Y aunque me siento Antoine Ego escribiendo está reseña, la diferencia es que no es gastronómica ni mucho menos una crítica.
Todo comenzó en una pequeña casa de campo a la afueras de la majestuosa ciudad de París, dónde una pequeña rata descubre su don por la comida, y más allá por la alta cocina; su inspiración, un cheff afamado llamado Auguste Gusteau el cual mostró a nuestro pequeño amigo que “cualquiera puede cocinar” esto motivo a la pequeña rata a vivir una de las más grandes aventuras que jamás podía imaginar.
Empujado a deambular en las calles de la capital de la ciudad luz; bajo todo ese lujo, opulencia y elegancia, descubre que el ideal de su inspiración estaba a pocos metros de si mismo, al llegar al restaurante de Gusteau, este último recién fallecido a causa de una cruel y contundente reseña del crítico más famoso de la ciudad, y tras a ver perdido 2 estrellas, unas por la reseña y otra por su muerte, que a nivel de las estrellas Michelin es una tradición que existe en nuestro mundo real, su restaurante 3 estrellas sirvió de escenario para esta conmovedora e inspiradora historia. Y es aquí donde Remi deja su huella en el mundo tras derrumbar esa cruel reseña que puso en jaque la reputación de tan famoso restaurante de alta cocina de París.
Lo más curioso es como lo hizo, sencillamente reinvindicando ese ideal del cual el se había inspirado, porque el afamado crítico fue desarmado con un platillo sencillo, y por muchos catalogado como corriente dentro de la misma historia; un Ratatouille, si un simple guisado de vegetales, pero, como un “platillo corriente” pudo obligar al crítico a retractarse de lo que tiempo precio había escrito? Precisamente por eso, la inspiración, el respeto a un ideal, el amor por las cosas, las ganas de hacerlas bien y el espíritu emprendedor, la nobleza, la honestidad y sobretodo, el amor por la vida, fueron los ingredientes que le dieron sabor a aquel “platillo corriente” que tocó al crítico tal como el lo expresó “en lo más profundo”.
El mensaje que nos deja está historia es el de creer en nosotros mismos a pesar de nuestro origen, y es que no importa de dónde venimos sino a donde vamos, y que sin importar de las adversidades somos del tamaño del compromiso que asumimos, de todos eso dependerá la huella que dejemos en la vida.
Citando la última reseña del famoso critico de la historia, “no se puede imaginar un origen más humilde del genio que cocina en Gusteau”, si, de un simple mamífero rastrero paso a ser el mejor cheff de Francia…
Pronto iremos al restaurante Gusteau hambrientos, para satisfacer nuestra necesidad de ser mejores seres humanos cada día…
Bon appetit…



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