En el día de hoy que me siento a escribir este texto, 04/06/25, entre tantas noticias en la tv, en internet y diferentes portales leyendo siempre entre tantos informes, siempre se ve una en particular, noticia de la que no siempre somos elementos activos en ella pero que si exactamente nos afecta a todos, y es que allá afuera en alguna parte del mundo de los seres racionales, todavía hay una guerra, entonces aún sentado con el bloc de notas en mi pantalla y sin saber todavía que escribir, se me vienen a la mente dos películas en particular de las tantas, de esa infinidad de películas que se han hecho en el género bélico, una de hace varios años, y la otra más reciente, demostrando así que mientras haya guerra ahí afuera, habrá películas de guerra, como si de un futuro a predecir por parte de ellas se tratase.

"Esta enorme maldad... ¿de dónde viene?, ¿Cómo llegó al mundo?, ¿de que semilla, de que raíz creció?, Terrecen Malick y una profunda crítica hacia la humanidad y sus guerras, sin dudas es la película que más me conmociona del director en toda su filmografía, The Thin Red Line espiritualmente juega en otra liga que resulta difícil buscarle similitud o comparaciones en otras, ese extraño lugar entre la vida y la muerte el que el director frecuenta en sus historias en este caso logra un punto de esplendor incomparable siquiera con lo que él mismo ha hecho en su carrera.
Lo poético de lo bien hablado, lo impactante e implacable de una película bélica, el vacío existencial cuando la muerte persigue a sol y sombra y ese particular sitio de paz que pareciera estar en un plano inalcanzable para los seres humanos que han causado tanta destrucción, todo eso y un poco más en un largometraje que he visto por lo menos 3 veces y que sigue intacta en cada una de las revisiones que le he hecho, incluso vale mencionar que su contenido es digno de continuar sacándole el jugo cada vez que uno se sumerge a experimentarla, de lecturas e interpretaciones inacabables, logra movilizar en amplias magnitudes.
El cineasta estadounidense en La delgada línea roja juega constantemente entre todos esos parámetros místicos, terrenales y espirituales en sus casi 3 horas de duración, en varias ocasiones incita a sus personajes a experimentar la introspección sobre lo que está sucediendo, sobre como eso lo ha cambiado y si acaso sirve de algo eso de lo que están siendo parte bajo una voz en off de cada uno de ellos que si acaso, funciona como la voz de la consciencia, mientras todo alrededor de ellos es caos, desesperación y devastación, así logra poner al mismo ser humano cara a cara con sus acciones y las consecuencias de esto.

La primera vez que vemos completo a su nutrido elenco lleno de estrellas hollywoodenses es dentro de un barco, allí se pueden ver los distintos rostros de hombres que van a enfrentarse a su destino y que si acaso tiene sentido ir en búsqueda de lo que no deberían, entre ellos se ven hombres seguros y optimistas, hombres con la mirada pérdida como anunciando un final seguro, otros confiados en que algo pasará que logre cambiar ese destino al que fueron dirigidos, porque al final eso último sería lo más cercano a la frase de que todos creemos en Dios cuando se está por caer el avión.
Asimismo claro hay lugar para la máxima plenitud técnica y estética que puede arrojar el hecho de hacer una película de guerras, y esta no es la excepción, la imponencia del campo de batalla en donde las balas vuelan por todos lados, las bombas explotan por doquier y las vidas empiezan a perderse, en ese terreno además pueden encontrarse distintas versiones del ser humano en momentos extremos donde se está contra la espada y la pared, jóvenes que se consideran desafortunados por estar ahí, altos mandos exigiendo un poco más de esfuerzo y de sacrificio para avanzar mientras están en la seguridad de puntos estratégicos, otros superiores acaso nobles desobediente que quizás, sea de lo poco más humanitario que se pueda ver en esos instantes.
Cuando las batallas se detienen y la paz parece volver, llegan los fantasmas internos para esas personas que vieron sus vidas pasar, momentos en los que se ven todos esos escombros que deja la guerra, encontrándose en la misma escena hombres gritando mientras se desangran, otros en estado de trance consumados psicológicamente por los sucesos, una pequeña ave agonizando, superiores eufóricos por las victorias (como si hubiesen sido parte de ellas) recomendando estrellas e insignias como si más les importara los reconocimientos que tienen en el pecho que el costo de los mismos.

Dentro de todas esas imágenes se descubren particularmente dos secuencias, una que tiene como protagonista a una misteriosa mujer que notamos es la esposa de uno de los soldados, lo interesante y extraño son los pasajes en los que incursionan esas escenas, indicios de que son pasado, y bien podrían ser eso, aunque también podrían ser un recuerdo fugaz, solo una imaginación o tal vez un futuro del que percibimos, no será, la segunda secuencia que se ve con frecuencia y que también llamó mi atención es la de una isla con aguas cristalinas, niños y familias de raza negra allí tratándose de una tribu que la habita, en esas aguas se sumergen esos hombres a la vez que a la escena la engloba un sonido casi celestial como si la representación de esa isla, de esas aguas, se tratase del mismísimo paraíso.
Hablando de menciones religiosas, en su nutrido elenco compuesto por nombres como Jared Leto, Nick Nolte, Sean Penn y Adrien Brody solo por mencionar algunos, además se encuentra a Jim Caviezel, un personaje quizás moralmente superior al resto, que, como si su futuro cinematográfico hubiese estado diseñado, haciendo de una especie de Jesús si se quiere en todo ese entorno, alguien que práctica el compañerismo y que pone el cuerpo por los demás, siendo en cierto punto quizás el único que alcanza el privilegio de poder apreciar en plenitud total ese paraíso con el que coquetea Malick.

Espiritualmente inmersiva, dramáticamente descarnada y estéticamente brillante, La delgada línea roja es una de mis películas favoritas y la considero también una de las mejores películas bélicas que en este caso, muestra su lado antibelicista, sabemos el contexto y los bandos, pero allí en lo que nos enfocamos es en las personas y en la misma miseria humana que lleva a cabo decisiones que desatan tales consecuencias para su propia raza autodestructiva.
Mientras tanto, a unos cuántos kilómetros de allí, en otra parte del mundo, una fotoperiodista experimentada de mil batallas (lo sé por su mirada vacía hacia ningún lado, como si nada de lo que pasara a su alrededor le asombrara), le dice a una joven colega que le parece un error de que ella esté ahí acompañándola y que le hará recordar ese error cuando le disparen, a lo que la principiante desafiante le pregunta "¿tomarías una foto cuando me disparen?", "¿tú que crees?", recibe de respuesta.

Alex Garland hace de Civil War una profunda degradación del ser humano en tiempos hostiles de guerra, moldeando a sus personajes y sus mentes en un terreno donde se muestra el peor rostro de las personas, a través del fotoperiodismo plasma desde adentro el conflicto y lo desmenuza hasta lograr hacerlo reflexivo desde lo profundo de esas entrañas y de esa razón de ser, al mismo tiempo que mira para atrás y se pregunta si acaso las advertencias no fueron escuchadas, que se vuelven a repetir tales eventos dañinos.
La película nos presenta dos frentes, dos puntos de vista distintos de la guerra, uno, desde la experiencia, de alguien que ya ha tenido varias batallas documentadas encima y de las que sabemos, ha salido ilesas en todas ellas, por otro lado, la juventud, la principiante que sigue ese ejemplo y que se mete profundo a un barro que todavía no conoce, el director ejerce sobre tales figuras el moldearlas psicológicamente durante el transcurso del film para retratar como en esas personas que están en el medio de las disputas también les pasa factura emocional el hecho de estar con la muerte respirándoles desde cerca.

El director británico quizás esté anclado a una filmografía cargada de ambigüedades en las películas que ha realizado en su carrera, a mi gusto personal, Civil War es la más directa de todas ellas, resultando claramente en una visión bastante descarnada, realista y brutal de los rastros que dejan los conflictos bélicos ahí donde sea que pasen, tenemos claro entendimiento acerca de lo que está sucediendo y entre quienes se suscita tal pugna, de hecho cada tanto cuando desea, se detiene a refrescarnos la memoria sobre que bandos son los que luchan y demás, aunque esa claridad acertadamente se pierda cuando toca reflejar la crudeza del campo de batalla, donde solo vemos en grandes proporciones, hombres disparándoles a otros hombres.
Hay escenas, en particular resalto tres, que dejan en evidencia el hecho de que no necesitamos enfocarnos entre quienes se combaten, sino solo el solicitar que veamos lo innecesario que resulta ver el como la propia raza humana se autodestruye a sí misma, una de esas escenas en particular lo tiene de protagonista a un aterrador Jesse Plemons que con frialdad y convicción le pregunta a sus interrogados, "¿Que tipo de americano eres?", como si el hecho de ser de una determinación de estadounidense mereciera depender su vida, declaraciones como esas en diferentes momentos de distintos personajes hace tambalear la moralidad de sus convicciones, del saber para con ellos del por qué se está luchando y la vuelve solo un esquema de ver quien dispara primero, lo más asemejado a la famosa frase "ellos o nosotros".

Técnicamente, sobre todo su diseño de sonido, me ha resultado implacable, el juego constante entre esos ruidos ensordecedores cuando se escucha un disparo o explota una bomba y esos silencios perturbadores que muchas veces, aturden más que la propia sonoridad natural de una guerra, Cailee Spaeny y Wagner Moura gritando en absoluto silencio me ha resultado uno de los fragmentos más duros a la hora de manifestar de como sus personajes hacen catarsis sobre aquellos momentos que los superan emocionalmente.
Poco a poco vemos como todos sus personajes y a sus distintas formas, caen en el profundo deterioro de lo que les significa experimentar esas sensaciones, es interesante notar como la persona más experimentada de ellos termina viéndose abatida emocionalmente y como la persona que hasta momentos previos se veía superada por la situación es la que finalmente se termina metiéndose más profundo en esas cuestiones, dos puntos diferentes que a su modo fueron cambiados durante el trayecto, sometiéndose así al deterioro que produjo en esas ambas partes las vivencias de la guerra, todo un trayecto en el que la disposición de empuñar un arma o el juego del todo por una foto, es bastante envilecedor de una raza en tiempos turbulentos.

En un momento el personaje de Kirsten Dunst menciona que ante cada zona de guerra en la que sobrevivió, pensaba que con sus fotografías estaba enviando una advertencia al respecto sobre lo que no se debe hacer, y sin embargo está allí, a donde otros humanos la empujan a vivir una y otra vez, la misma fatídica experiencia y travesía del sobrevivir, Garland no se anda con vueltas a la hora de reflejar con crudeza y visceralidad el daño que hacen los conflictos bélicos y más aún, el utilizarlos para moldear a sus personajes y ponerlos frente a frente contra sus estructuras éticas y morales en el que la pregunta es, ¿Vale todo por una foto?.

Al día de hoy que término de escribir este texto, no sé cuánto ha pasado desde que lo empecé, si acaso lo he terminado el mismo día o han pasado varios días o incluso más tiempo, no lo sé, lo que me desorienta temporalmente es que nuevamente como al principio, pongo los canales de noticias y abro los portales de información y allí nuevamente están esas noticias sobre la guerra, no sé si es la misma disputa desde que empecé a escribir esto o ya es una nueva, hasta me llega un momento en el que me pregunto si tiene mucha importancia que sea esa o sea otra nueva, porque al fin y al cabo estoy dentro de este planeta, el planeta de los seres racionales que ya a estas alturas parece que por deporte le gusta sangrar por la misma herida una y otra vez haciendo de la guerra un futuro que vuelve para atrás, una raza humana que mete el dedo en la misma herida otra vez, porque siempre hay una gota más de sangre por derramar.




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