Mientras Orwell escribía 1984 por allá en la lejana primera mitad del siglo XX, lo más probable es que en cualquier momento volteo a su ventana y se dijo así mismo: “Espero que esto les sirva para evitar los pecados de nuestro tiempo”.
Grave sería su sorpresa al darse cuenta que mientras más fue pasando el tiempo, el gran hermano no sólo llegó para paralizarnos a todos y controlar nuestras vidas. Si no que incluso lo acogimos con los brazos abiertos.
Desde la explosión económica y de consumismo acelerado que caracterizó la maravillosa época de los 80's, de apoco fuimos perdiendo la capacidad de sorprendernos, y aún peor, de indignarnos.
De a poco fuimos diciendo “Estados Unidos esta bien” “Estados Unidos nos cuida” “Estado Unidos es bueno”. Apagando nuestro propio sentido crítico que terminó llevándonos a una indiferencia que roza con la imagen tradicional del NPC de color gris “si no me afecta, no es mi problema”
Pero incluso, en ese mar de hiperconsumismo, luces neón y música disco. Había voces. Voces que de a poco nos decían “Todo esto esta mal” voces de directores rebeldes y que pese a que sus proyectos no fueron valorados en su momento, no hablan desde ese miedo complejo del hombre que no quiere desaparecer en la infinidad de las megacorporaciones.
El ejemplo más claro y por mucho el más popular es y siempre será “BLADE RUNNER”. El clásico de culto que con el pasar del tiempo más que una alegoría actualmente se siente como ver un en vivo de instagram de una ciudad super poblada del imperio americano. Un mundo donde el sol es solo un recuerdo al cual muy pocos pueden acceder, donde tu vida se considera solo un número más para la mega corporación donde trabajas y para la cual trabajas por solo vales de comida.
Y siendo esta el máximo referente, deja opacada a dos obras que de un modo u otro reflejan el terror Orwelliano de control de una manera más sutil pero igual de efectiva.
Alien de 1979 es considerada por muchos un clásico del horror y la ciencia ficción. Un hito que revoluciono las óperas espaciales al marcar un estilo brutalista, sucio y mecanizado que crea un entorno claustrofobia para los habitantes de ese mundo. Pero, aunque exista un monstruo de origen cosmico que desea la muerte de todos y cada uno de los presentes en la nave el verdadero horror de alien parece tener otro rostro.
Weyland Yutani es la megacorporacion antagonista que ah estado presente en todas y cada una de las entregas de la saga y la palabra antagonista parece quedarle un poco chica al ver los crueles objetivos de esta.
Desde el principio, sobre pone la misión de conseguir un ejemplar de Alien sin importar las decisiones y elecciones de todo el elenco humano.
Una corporativa que, en su maliciosa búsqueda de poder sobre todo en el universo, aplasta y destruye la vida de miles de personas solo por un único objetivo. Ser la máxima empresa en todo el universo siendo incluso más poderosa que varios paises.
Siendo su fundador, un hombre consumido por el poder cuya una ambición es la vida eterna para poder seguir consumiendo todo, autonombrandose una especie de ser superior gracias a su intelecto. Y no, no estoy hablando de Elon Musk si no de Peter Weyland.
Con estos gritos de advertencia que Hollywood rápidamente convirtió en franquicia y que Orwell estaría horrorizado viendo como entregas tus datos biometricos para usar el filtro de que tipo de pan eres. ¿Que tan lejos estamos de un futuro donde el sol sea solo un recuerdo?.

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