Desde que las ideas del iluminismo se fueron abriendo caminos en las subjetividades de la humanidad, la modernidad, al menos desde la perspectiva de la cultura occidental, se define por una fuerte mirada hacia el futuro, guiado por ideales como el progreso, la razón y lo universal, que orientan las acciones y construyen nuevas sensibilidades. El pensamiento antropológico nos desafía a comprender la diversidad humana, no solo en sus manifestaciones culturales explícitas, sino también en las estructuras subyacentes que dan forma a esas manifestaciones y a la propia conciencia. “Apocalypse Now” puede ser leída como una obra antropológica en tanto cuestiona esos fundamentos del pensamiento moderno occidental, una transformación profunda y conflictiva en la forma en que las personas entienden tanto al mundo, como así mismas. Una manera de pensarnos como nacemos, crecemos y morimos en este mundo. La película trasciende la narrativa bélica sobre Vietnam, sumergiéndose en la “supuesta” dicotomía entre civilización y barbarie, indagando en lo más profundo de la construcción de los valores morales hasta tal punto de difuminarlos entre la niebla y el humo de las bengalas y las bombas del campo de batalla.
Este es el fin… De todo lo que permanece (“The End” de The Doors)
“Apocalypse Now” (1979), producida y dirigida por Francis Ford Coppola, es una adaptación libre de la novela “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad. Tanto en la novela como en el film, se abre un vacío en que la moral fundadora de la civilización occidental se pone en jaque. Desde el inicio, la película nos presenta la dimensión temática de la película. En la primera escena, vemos un plano estático de una costa verde selvática con un cielo celestial, que nos muestra la máxima expresión de la naturaleza pura en armonía, que puede interpretarse como una representación visual del estado idealizado de naturaleza que describe Rousseau, un momento de aparente equilibrio antes de la intervención "civilizada". Pero este estado se ve interrumpido con el vertiginoso pasar de un helicóptero, mientras comienza a sonar “The End” (The Doors), al mismo tiempo que se inicia un travelling, movimiento de cámara lateral de izquierda a derecha, lo que en la cultura occidental nos lleva a pensar en un trayecto que avanza, asimilable a la idea de progreso; al mismo momento que ese paisaje sucumbe ante el fuego de una explosión inmensa. La escena termina fundiéndose con un primerísimo primer plano del protagonista: el Capitan Willard, que está en Saigón, en un estado de conflicto interno, sin poder encontrarse así mismo ni en “la jungla”, ni en su casa. El "entendimiento en delirio" y el "disforme contraste de la pasión que cree razonar" reemplazan la "celestial y majestuosa simplicidad" del hombre natural (Rousseau, (1961 [1755]): 9). La irrupción del helicóptero, la guerra, la explosión aniquiladora y el posterior viaje por el río, donde la naturaleza se convierte en escenario de brutalidad y locura, representan la idea de Rousseau de cómo el progreso y la sociedad, en este caso, manifestada por la maquinaria de guerra y la civilización occidental, corrompen el estado natural y al hombre dentro de él.
Nos adentramos cada vez más en el corazón de las tinieblas
Al confrontar al espectador con el fracaso moral de una guerra supuestamente “racional”, la película nos invita a pensar no solo en lo “otro” cultural, sino también en el “nosotros” que lo produce. Este encuentro genera la pregunta antropológica, que se relaciona y explicita en la categoría de la alteridad. Como Krotz reflexiona en su obra, la alteridad no es solo una diferencia superficial, sino que implica un conocimiento de lo propio, ante cuyo horizonte solamente lo otro puede ser concebido como otro (Krotz, “Alteridad y pregunta antropológica”,1987). En “El corazón de las tinieblas”, el protagonista viaja por el Congo colonizado por los belgas; en la película, el capitán Willard remonta un río hacia Camboya en busca del coronel Kurtz, que supuestamente loco ha instalado un dominio propio en el medio de la selva y presenta un peligro para los objetivos norteamericanos. Es en el proceso del viaje que se produce la crisis, un desplazamiento del punto de vista provocado por el recorrido mismo, generando una deconstrucción del origen, del punto de partida y de los valores,que lleva a cabo un cambio en el individuo mismo. Apocalypsis Now es un viaje que revela la oscuridad, "las tinieblas", que no solo está en el entorno, sino en el “corazón” de lo más profundo de lo humano. La película nos muestra un asombro “no domesticado”, un contraste entre lo que representa la figura de Kurtz, la barbarie que surge del “corazón” mismo de la civilización cuando se le quitan sus restricciones, y lo que representa la empresa norteamericana, el salvajismo perpetuado en post de instaurar un orden civilizatorio. Es un asombro que, como señala Krotz, debería llevarnos a asombrarnos también sobre nosotros mismos y nuestra propia sociedad.
¿Civilización o barbarie?
El viaje de Willard está lleno de encuentros que lo confrontan con esta alteridad, desde su inicio en Saigón, los caóticos campamentos militares hasta los extraños habitantes del río. La confrontación con estas “nuevas” realidades nos lleva a pensar en cómo los antropólogos del siglo XIX (Tylor y Morgan), al constituirse como ciencia, tendieron a "desmitificar" el asombro ante la alteridad y definiendo a "lo otro" (lo primitivo, lo salvaje) por lo que le faltaba en comparación con lo "propio" (lo moderno, lo civilizado). Esta dicotomía resuena poderosamente en Apocalypse Now. El ejército estadounidense pretende representar, la "civilización" que llega para imponer un orden capitalista occidental, en un territorio percibido como brutal y caótico. Sin embargo, vemos cómo la propia guerra, el entorno y las acciones de los supuestos "civilizados" disuelven esta distinción. ¿Dónde reside la barbarie? ¿En los métodos de guerra industrial? ¿En las masacres indiscriminadas? ¿O en el dominio de Kurtz? Esa dicotomía que presenta Sarmiento en “El Facundo” en su análisis de la Argentina en plena consolidación de un modelo liberal, centralista y eurocéntrico del Estado Nacional, es la que se pone en discusión en la película. Para Sarmiento, la barbarie representa un estado "salvaje" o "primitivo" de la existencia humana, caracterizado por la ausencia de leyes y estructuras formales, el despotismo y la violencia. Para Kuper esta dicotomía presenta una forma en que los grupos se definen a sí mismos en oposición a otros, considerando su propia "civilización" como la única genuina y defendiéndola de la "barbarie" interna y externa. Esta lucha puede llegar a ser un "mayor choque", el choque real global, entre civilización y barbarie. (Kuper, 2001) La guerra industrial y las masacres indiscriminadas representan una forma de barbarie tecnificada, organizada y ejecutada por las fuerzas supuestamente "civilizadas".
¿Qué hay de “Charly” en nosotros?
Desde una perspectiva marxista podemos entender cómo el “ser social” condiciona el proceso de la vida política y espiritual en general y como las formas que adopta la conciencia social, los sentimientos, ilusiones, modos de pensamiento, se levantan sobre las condiciones sociales de existencia. En Apocalypse Now, la base material la constituye la brutalidad inherente a la guerra, la constante amenaza de muerte, la ausencia de un orden y la lucha por el control del territorio y los recursos humanos. Esta base de violencia y poder condiciona las superestructuras que vemos en la película. En relación a esto, es emblemática unas de las primeras escenas de la película donde los altos mandos, mientras almuerzan, le encomiendan la misión a Willard de asesinar al coronel Kurtz. En las cintas grabadas suenan las palabras de Kurtz, mientras un plano subjetivo, que simula la mirada de Willard, muestra en detalle las manos de los generales. Se ven impecables, pulcras, sin empuñar ningún arma, dando a entender que, lejos del horror de la guerra, el brazo intelectual ejecutor se mantiene impoluto; justamente la misma razón que llevó a Kurtz a sublevarse y crear su propio ejército. Cuanto más profundo, Willard, se adentra en la jungla, llega a lugares donde la primera línea de combate de soldados norteamericanos, conformada por negros, están solos y a la deriva. Todo es caótico, hay ausencia de mandos, que generalmente son ejercidos por hombres blancos, reina la locura y lo único que tienen en mente es terminar con “Charly”, el ejército vietnamita. En los Grundrisse, Marx analiza cómo el capital despoja a los individuos de su humanidad, convirtiéndolos en medios para un fin que no controlan. La guerra en Vietnam no es solo una lucha ideológica o territorial, sino una empresa industrial. La despersonalización del enemigo, el uso de tecnología como medio para la violencia, la discriminación racial, la alienación y el espectáculo del poder bélico remiten a lo que Marx identifica como la lógica de expansión del capital. “La jungla” no es un lugar fuera de la historia, sino un escenario más donde el imperialismo despliega su maquinaria, lo que se alinea a Wolf, cuando entiende a la historia, no como una simple sucesión de eventos aislados, sino un proceso de conexiones dinámicas. Para el ejército estadounidense, los vietnamitas, los camboyanos, los nativos son todos “Charlys”, es un reflejo de cómo Occidente ha negado sistemáticamente la voz de los pueblos que ha invadido o colonizado. Reducir a diversas poblaciones con culturas y motivaciones propias a un único y simple apodo es una forma de borrar su particularidad y convertirlos en un enemigo genérico, sin identidad propia, gente sin historia. (Wolf, 2005)
Creciendo en el horror… horror
La escena final del asesinato de Kurts, montada paralelamente al sacrificio del búfalo, muestra cómo los límites entre lo “primitivo” y lo “moderno” se disuelven. El verdadero horror, como dice Kurtz antes de morir, no es lo que se encuentra en la selva, sino lo que uno lleva dentro. Desde una mirada reflexiva, eso nos obliga a revisar nuestros propios sistemas de sentido, nuestras categorías de análisis, desde que lugar construimos la otredad, e intentamos crecer como personas. En este sentido, podemos decir que el cine, y la mirada que cnstruimos sobre él, no solo nos ayuda a interpretar el mundo, sino a ponerlo también en cuestión.


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