El monstruo del espejo: la criatura que me salvó 

Siempre pensé que los monstruos vivían debajo de la cama. O en el clóset. O en las películas. Pero jamás imaginé que uno aparecería justo en el momento en que más lo necesitaba… y que se volvería mi único amigo.


Todo empezó una noche en que me sentía vacío. Me miré al espejo y no reconocí a la persona que estaba ahí. Había perdido la motivación, el rumbo, y lo peor: la fe en mí mismo. Tenía miedo, pero no de cosas externas, sino de lo que me estaba convirtiendo. Fue entonces cuando lo vi por primera vez.


Una silueta oscura apareció tras de mí. Sus ojos no eran rojos ni malvados; eran tristes. Su respiración era profunda, como si llevara años esperando ser escuchado. No grité. No corrí. Solo pregunté: “¿Quién eres?”


—Soy tu sombra. Tu dolor. Tu furia. Pero también tu poder dormido.

—¿Eres un monstruo?

—Lo soy… si tú crees que lo soy.


Ese fue el inicio de una amistad extraña, pero necesaria. Le puse nombre: Varnak. Era una criatura imponente, cubierta de escamas negras y con alas que parecían hechas de cicatrices. Sin embargo, sus palabras eran sabias y su presencia, curiosamente, reconfortante.


Me acompañaba en mis días grises. Me hablaba cuando nadie más lo hacía. No me daba soluciones, pero me hacía las preguntas correctas. Y poco a poco, me di cuenta de que Varnak no venía a destruirme… venía a mostrarme todo lo que llevaba enterrado: mis miedos, mi rabia, mis sueños olvidados.


Una tarde, en medio de una tormenta, le grité que ya no lo necesitaba. Que quería estar solo. Que era tiempo de enfrentar la vida sin depender de “monstruos”.


Él solo sonrió.


—Eso es lo que siempre quise escuchar. Ya no soy tu monstruo. Ahora eres tú quien domó a la oscuridad.


Y desapareció.


Desde entonces no lo he vuelto a ver, pero a veces, cuando me enfrento a un desafío o a una duda, siento sus alas a mi espalda, empujándome a seguir. Porque entendí algo:


Los monstruos no siempre vienen a asustarnos.

Algunos vienen a despertarnos.

Y a recordarnos quiénes somos realmente.


Y fue en ese instante, mientras lo observaba, que entendí que este monstruo no era algo externo. No había venido del bosque, ni de una cueva, ni de una dimensión alterna. Había salido de mí mismo.


Varnak, como aprendí a llamarlo, me mostró que cada cicatriz interna tiene una historia. Me recordó momentos que había enterrado, decisiones que no tomé por miedo, y todo lo que alguna vez soñé pero dejé ir. No para culparme… sino para reconstruirme.


Empezamos a hablar cada noche. No con palabras, sino con presencia. Lo sentía cuando estaba por rendirme, cuando dudaba si seguir luchando por mis metas. Él no me empujaba. Solo estaba ahí. Y su sola presencia me decía: “Tú puedes. Siempre has podido.”


Hoy ya no lo veo como antes. Pero a veces, cuando me miro al espejo, puedo ver un destello de su silueta en el reflejo. Y sonrío. Porque ya no tengo miedo de mi oscuridad.


Ahora sé que los monstruos no siempre están para asustarnos.

A veces llegan para enseñarnos que dentro de nosotros hay más fuerza de la que imaginamos.


LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 3
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.