Notas sobre Bacurau de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles Spoilers

Ataúdes esparcidos sobre el pavimento de una ruta rodeada de vegetación, un camión cisterna avanza hacia Bacurau, un pueblito perdido en el gran mapa del Brasil. La acción se desarrolla en un futuro cercano donde la tecnología y la conexión a internet llega a los lugares más recónditos mientras escasean recursos básicos para la subsistencia como el agua, los alimentos y las vacunas. Un futuro en el que continúa vigente la lógica de dominadores y dominados, vencedores y vencidos pero de forma aún más descarnada. Un futuro muy cercano al presente, absolutamente posible. Bacurau (2019) de por el entonces debutante en la dirección Juliano Dornelles y el experimentado Kleber Mendonça Filho -Aquiarius (2016), Retratos fantasmas (2023) y la recientemente estrenada El agente secreto (2025)- retratan desde la ficción, pero de forma muy cercana a lo real, las disputas cotidianas y los mecanismos de resistencia que emprenden las comunidades para defender su derecho a la existencia.

Tras la muerte de su abuela Carmelita -persona muy querida en el pueblo- su nieta Teresa vuelve a Bacurau. Con ella trae una valija repleta de vacunas para abastecer a la pequeña salita del pueblo. La despedida de Carmelita de algún modo se vuelve una celebración popular, gesto sentido de reconocimiento hacia una figura central dentro de la comunidad. En Bacurau hay unas pocas instituciones que funcionan como espacio de contención: la escuela, la salita de primeros auxilios y un pequeño museo. Las figuras que llevan adelante esas instituciones son actores fundamentales dentro de la comunidad. En cambio, la iglesia ha perdido su centralidad original y se ha convertido en un depósito. Es la propia comunidad la que teje estrategias para afrontar en conjunto las dificultades y encontrar soluciones a los problemas más urgentes. La ausencia estatal es evidente pero es el momento de campaña electoral y el alcalde llega al pueblo con una clara intención: conseguir votos. La asistencia que trae consigo consiste en un camión repletos de libros que son arrojados delante de la escuela, algunos medicamentos psicoactivos y alimentos vencidos. Ante su llegada los habitantes de Bacurau se organizan y deciden permanecer dentro de sus casas, desde allí reclamarán a los gritos la reactivación de la represa de agua. Frente al descreimiento de las figuras políticas y la política tradicional crece el empoderamiento y determinación de los miembros de la comunidad para resolver ellos mismos las dificultades. La ausencia de diálogo de la dirigencia política con el pueblo, el desinterés ante sus necesidades, la disociación con la realidad y la ausencia de sensibilidad funcionan como comentario del contexto político que enfrentaba Brasil por el año 2019, que sumergía a las grandes mayorías en la pobreza. Si algo caracteriza al cine Brasileño de este período es la naturalidad para introducir dentro de la ficción lo que ocurre fuera de ella, la ficción no es algo escindido de lo real, puede estar situada en el futuro pero no por eso deja de estar anclada en el presente de su realización. El cine puede intervenir dentro de la coyuntura política y social, aún tiene la potencia de decir algo sobre el mundo que habitamos.

En un pueblo llamado Bacurau - Jacobin Revista

Pero aquella desidia no es la única amenaza que sufre el pueblo de Bacurau. El maestro Plinio descubre junto a sus pequeños estudiantes que Bacurau ya no figura en el mapa. Plinio hace algunas pruebas, recurre a mapas satelitales a través de distintos dispositivos pero el resulta siempre el mismo, el satélite parece haberse olvidado de ellos. Finalmente, recurre a un pequeño mapa que despliega sobre el pizarrón para tranquilizar a los niñxs. No se trata de un mapa “oficial” de rigurosidad cartográfica más bien de un mapa dibujado a mano que ubica los puntos más importantes del pueblo: la escuela, la iglesia, el museo. El pueblo, ante el olvido, se representa a sí mismo, reafirmando su derecho a la existencia. La desaparición del mapa será el primer indicio de que algo extraño está ocurriendo. La llegada de dos motociclistas misteriosos, la presencia de un drone -que se asemeja a los OVINS de las películas de ciencia ficción clase B-, la pérdida de señal en todos los dispositivos y las primeras muertes en las afueras del pueblo evidencian una amenaza externa que tiene como objetivo acabar con el pueblo. Esa presencia misteriosa que tarda en develarse no se trata de algo sobrenatural más bien de todo lo contrario, se trata de un grupo de extranjeros provenientes de países centrales aficionados a las armas antiguas y la violencia. Aparece lo humano en su aspecto más crudo y brutal, para estos extranjeros la vida de los habitantes de Bacurau no tendrá ningún valor, ante sus ojos el diferente es un ser inferior que no hace más que constatar la propia superioridad, incluso los pocos colaboradores de origen barsileño nunca serán considerados como iguales, serán simplemente útiles para un propósito. Bacurau se convierte en escenario de una verdadera cacería humana. Ante tanto desamparo retornará al pueblo Lunga, que hasta el momento permanecía refugiado en la represa abandonada junto a unos pocos compañeros. Poco se sabe de su pasado y las circunstancias que lo llevaron a esa suerte de exilio pero su retorno al pueblo dará inicio al comienzo de la resistencia. La figura rebelde de Lunga se asemejará a la del cangaceiro, figura casi mítica que recorre las profundidades del interior del Brasil y que disputa a través de la violencia con los dueños de la tierra para llevar algo de dignidad a su pueblo. Lunga es el cangaceiro del siglo XXI. Nuevamente la ficción parece intentar decirnos algo de lo real, trazar una línea con la historia de latinoamérica, dominada, avasallada y saqueada por las grandes potencias. Latinoamérica como territorio en disputa donde la pérdida de soberanía es un peligro constante, no sólo en lo que se refiere al territorio, también peligra la soberanía política, económica y simbólica. Ante este atropello el pueblo de Bacurau diseñará sus propias estrategias de resistencia y recuperará la historia de rebeldía de sus antepasados documentada en el museo que se materliazará en el presente, uniendo así dos épocas distantes y sumando un nuevo eslabón a la larga cadena de resistencia popular. Por fuera de las prácticas tranquilizantes de la diplomacia los habitantes de Bacurau responderán a la violencia con más violencia para resistir ante el asedio interno y el externo.

Los directores Mendonça Filho y Dornelles trabajan a partir de géneros cinematográficos tradicionales como la ciencia ficción y el western, introduciendo elementos del terror y coqueteando con el gore para crear algo nuevo: introducir la idiosincrasia de Brasil, sus costumbres, su música, su cine -la reminiscencia del cine de Glauber Rocha sobrevuela más de una secuencia- y su historia. Las convenciones provenientes de géneros heredados de la tradición hollywoodense son puestos en entredicho, apropiados, reinterpretados. La amalgama y la inventiva coloca a Bacurau del lado opuesto de las películas contemporáneas que parten de los géneros clásicos para afianzarse dentro de una tradición que en gran medida se erige sobre la repetición y se cierra más sobre sí misma. Bacurau, en cambio, se expande más allá del género y dialoga con el contexto socio-político. Porque hablar del futuro también puede ser una forma de reflexionar sobre el presente, tal vez esa sea la mayor potencia del cine latinoamericano actual.

Bacurau (2019) - Filmaffinity

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