Amigos y vecinos (2025): el vacío antes de la explosión Spoilers

Mad Men (Idem) sigue siendo una de las mejores series del Siglo XXI (¿y por qué sólo del Siglo XXI, no?) y -entre muchas cosas- la recordamos por esa adictiva secuencia de créditos que, con una música muy machacona, nos presentaba al Donald Draper de Jon Hamm cayendo al vacío del consumismo envuelto de una serie de logos y conceptos, estilos de vida, de esos que vendía como nadie. Pasaron once años del final de aquella serie creada por el genio de Matthew Weiner y, tras muchas idas y vueltas, parece que Hamm ha encontrado otro personaje, si no a la altura, al menos que le permite explorar ese costado cáustico que le sienta tan bien, entre tonos hitchcockianos de una comedia negra disfrazada de relato criminal con ínfulas de noir: hablamos de la serie Amigos y vecinos (Your friends and neighbors) que está disponible en la plataforma AppleTV. Lo paradójico, aunque nunca sabremos cuánto de todas estas cosas son creadas bajo la luz de las influencias, la secuencia de créditos de la serie es una suerte de reescritura de aquella. Si antes Jon Hamm/Donald Draper caía al vacío, ahora Jom Hamm/Andrew Cooper camina plácidamente mientras todo ese lujo del materialismo más suntuoso, de mansiones, collares de perlas, autos deportivos y amantes de quirófano, explota y se va destruyendo. Lo que cambia es la actitud de Hamm, pero la idea es la misma: un mundo ideal que se va desmoronando.

Si en Mad Men Donald Draper llegaba a la cínica conclusión de que la solución a caer en la revelación del vacío era crear la campaña publicitaria más perfecta posible, en Amigos y vecinos Andrew Cooper llega a la conclusión que ante un mundo de lujo que le da la espalda, lo más adecuado es directamente robarle sus pertenencias fatuas a esos poderosos que lo marginan. Hamm interpreta al mencionado Cooper, “Coop” para los amigos, un tipo de negocios de esos que nunca entenderemos, que de un día para el otro amanece en la mala más mala: encuentra a su esposa en la cama con su mejor amigo y lo echan del trabajo a través de una triquiñuela bastante malvada. Con todo esto, a Cooper se le hará imposible mantener el nivel de vida que lleva, mientras intenta sostener las apariencias ante su esposa, sus hijos, la nueva pareja de su ex, sus padres y sus amigos. Con la única persona que logrará sincerarse será con su hermana, otro ser roto que arrastra una historia intensa con un ex novio que la ha depositado en crisis psiquiátricas. De ahí, y que de manera casi azarosa, el protagonista encuentre en el delito una salida que le sirve para profundizar su mirada misantrópica sobre todo lo que lo rodea, tras caer el velo de cordura que lo mantenía dentro del sistema. Hay una secuencia del primer episodio, un coqueteo entre Draper y una mujer en un bar, que será finalmente su maldición, que nos hace recordar para nada inocentemente a aquel memorable diálogo de apertura de Mad Men. Con menos sofisticación y vuelo, Amigos y vecinos es una suerte de continuación espiritual.

Cuando hablamos de Amigos y vecinos no confundir con Tus amigos y vecinos (Your friends & neighbors), comedia de Neil LaBute de 1998, que hablaba lateralmente de algunos temas que habla esta serie, aunque con otras intenciones. En el caso de esta producción creada por Jonathan Tropper hay por empezar un vínculo cinéfilo ineludible, ya desde la primera escena. Con el uso de la voz en off, recurso que será clave para surfear el nivel de sarcasmo del proyecto, la serie nos introduce in media res, con el mismísimo Cooper revolcándose en un charco de sangre y huyendo de lo que parece ser la escena de un crimen (eso se retomará más adelante). Y mientras cae en una pileta, la tan mentada voz en off del protagonista nos irá alumbrando sobre el descenso en el que ha caído su vida. Cualquier semejanza de esas imágenes con las del comienzo del El ocaso de una vida (Sunset Boulevard) no será pura coincidencia, más aún cuando la serie nos irá mostrando con el pasar de los capítulos un lazo entre Cooper y el cine, especialmente el cine negro, aunque en alguna secuencia pueda estar mirando algún hit de acción ochentosa de Schwarzenegger. Decididamente en Amigos y vecinos hay lazos de comunicación con comedias como No robarás a menos que sea necesario (Fun with Dick and Jane), original remakeada por Las locuras de Dick y Jane (Fun with Dick and Jane) con Jim Carrey, es decir comedias delictivas, negras, con un subtexto moral. De ahí, también, la relación de la voz en off con el cine noir, otro elemento resbaladizo que se filtra por momentos en la trama.

Amigos y vecinos explora también esa superficie que había explorado Breaking bad (Idem), la del personaje de doble moral que una vez que su mundo se tuerce, decide torcerse aún más y que en ese viaje termina encontrando algo así como un propósito. Cooper, personaje repleto de ingeniosas observaciones sobre el mundo que lo rodea, de amargas reflexiones sobre su propia existencia, pero también con inteligencia para zafar de las situaciones embarazosas en las que se va metiendo progresivamente, es finalmente un gran recipiente para que Hamm saque a relucir sus dotes reptiles, esas que había explorado ligeramente en Damas en guerra (Bridesmaids) o en Baby, el aprendiz del crimen (Baby Driver). Si bien su carrera posterior a Mad Men no había sido indecorosa, es verdad que no se convirtió en la estrella esperable, por lo que la centralidad que recupera con este show lo vuelve a poner en un lugar más que acorde con su talento. Hay algo elegante y seductor en su estilo, que no teme meterse en los territorios más resbaladizos, casualmente como lo hace su propio personaje.

Con un final de temporada en el que el personaje toma una decisión clave, similar a la que tomaba Walter White al final de la primera temporada de la mencionada Breaking bad, aunque en tono de comedia sarcástica, y con una segunda temporada confirmada, Amigos y vecinos tiene camino para explorar aún más en la vida de sus criaturas, un muestrario bastante complejo de ricachones con un vacío existencial gigantesco, en el que sólo los rotos parecen tener el poder ver las cosas con la distancia adecuada, aunque no tomen las mejores decisiones. En ese grupo sobresale la Mel de Amanda Peet (digresión: lleva sus años con una dignidad que muy pocos en Hollywood tienen), ex esposa de “Coop”, personaje que parece esconder una parte oscura que estuvo apenas esbozada y que posiblemente explote más adelante. Esa mujer profesional, decidida, que de alguna manera no puede soltar el pasado cuando huele algo de aventura, aunque no termine de descubrir la verdad. Si bien la trama policial y criminal de Amigos y vecinos parecería ser la más interesante, progresivamente esa vida privada de Cooper y todos los demás comienza a cobrar sentido cuando la reflexión final de la temporada nos indica que la mejor manera de pertenecer a ese mundo es estar en una fuga constante. El uso de la voz en off termina siendo un gran acierto de la serie, no sólo por la pertenencia genérica que exhibe sino porque de esa manera filtra sus acotaciones más agudas sobre ese universo de puro decorado que está a punto de desaparecer.

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