Si alguien sabe ser amigo de sus monstruos, criaturas creadas por su imaginación, esa persona es Guillermo del Toro.
Una de las primeras películas que vi de este director, guionista y productor fue el “El laberinto del fauno” y quede fascinada con su mundo fantasioso de criaturas raras, su estética visualmente impactante, donde una niña llamada Ofelia, logra ver mas allá de las apariencias y hace amistad con un fauno, de rostro y contextura que a muchos de nosotros nos daría terror a primera vista.
Si todavía eres de los que no la ha visto, te doy contexto de la trama pero sin spoiler. “El laberinto del fauno” se desarrolla en la España de 1944, en los últimos vestigios de la guerra civil, donde nuestra protagonista Ofelia, una niña de 13 años viaja junto a su madre, que se encuentra en avanzado estado de gestación, con rumbo a un bosque donde esta su nuevo padrastro, el Capitán Vidal, quien dirige un regimiento de la Policía Armada, que combaten a los rebeldes republicanos que aún quedan en las montañas.
En el sitio, donde Ofelia y su madre van a vivir junto al Capitán, existe las ruinas de un antiguo laberinto, a mi parecer muy al estilo de la cultura celta, donde Ofelia conoce al fauno. Es allí, donde éste le revela que Ofelia era una Princesa de un antiguo mundo subterráneo, y que ella para volver debe pasar tres pruebas.
La película es una obra de arte y de culto, hay todo tipo de criaturas, desde hadas hasta monstruos come niños, pero Guillermo del Toro, más allá de que viésemos a estos personajes como los malos del cuento, nos los presenta como seres diferentes. En el caso especial del fauno, nos lo presenta como un ser capaz de ayudar a Ofelia en momentos donde ella atraviesa situaciones difíciles.
En contra oposición en esta historia, el verdadero monstruo es el Capitán Vidal, un hombre sin sentimientos, despiadado y capaz de matar a cualquiera que se le oponga.
Es allí donde Guillermo del Toro nos hace reflexionar, pues muchas veces creemos que los malos de la historia, los monstruos a los que tenemos que tenerle miedo y hasta rechazo, son aquellos con aspecto raro o diferente, pero, si lográramos ver con la inocencia de una niña, veríamos que la apariencia física no lo es todo, que el verdadero valor esta en el comportamiento y las acciones de las personas.
Esta película esta pronta a cumplir 20 años desde su estreno, pero su moraleja esta más actual que nunca.
En un mundo donde se premia las apariencias y los comportamientos banales en redes sociales, donde muchos influencers se hacen populares en muchos casos por su físico, pero con contenido vacío y hasta perjudicial, tenemos que buscar aquellos que sí tienen valor, quienes nos aportan y ayudan a mejorar nuestras vidas.
Incluso podemos llevar esta reflexión a a nuestro entorno, donde podemos tener relaciones tóxicas con personas solo por tener un beneficio momentáneo y nos alejamos aquellos que buscan ser nuestros amigos de verdad.
Es por ello que sigo encantada con “El laberinto del fauno”, no solo porque es una verdadera obra del cine, sino porque nos recuerda que en el mundo en que vivimos, lleno de conflictos y superficialidades, tenemos que saber diferenciar quienes son los verdaderos monstruos.
MASL.


¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.