Ya hemos hablado de la obra de Flanagan en https://www.peliplat.com/es/article/10064895/el-murmullo-y-la-herida-el-cine-de-mike-flanagan. Muchas de sus películas —se convertirán en cine de culto— aunque exitosas, no le permitieron profundizar en sus personajes, su transformación devino cuando cambió la gran pantalla por la pequeña. La asociación de Flanagan con Netflix trajo larga vida y prosperidad a su proyecto cinematográfico.
Pensaba que sus dos series anteriores para Netflix, eran lo más cercano a la perfección que una serie de terror puede llegar a ser…hasta que vi Midnight Mass (2021), que cuenta la conmovedora historia de los residentes de una pequeña comunidad pesquera que son testigos de milagros tras la llegada de un joven y enigmático sacerdote, el Padre Paul (Hamish Linklater). Estoy tentado a decir que toda la carrera de Flanagan se ha ido construyendo hacia esta evolución de su obra. Es la creación de una experiencia narrativa memorable y aterradora sobre la fe y la adversidad, ya lo hemos mencionado, su propia biografia está plagada de obstáculos.
Estuvo madurando el proyecto durante mucho tiempo, la idea surgió cuando cuestionó su fe mientras se recuperaba de una adicción. Para mostrar cuánto tiempo lleva Flanagan pensando en ella, basta con ver su película de terror de 2016, Hush, en la que Siegel interpreta a una escritora hipoacúsica autora de un libro titulado “Midnight Mass”(De hecho, Flanagan primero escribió el concepto de la serie como libro). En una escena en particular, Maddie, interpretada por Siegel, intenta descifrar el final de su novela secuela, titulada Sweetwater. La voz de su madre resuena en su cabeza: “No puedo matar a Erin. Los voy a enfadar”. Tras años de presentar el proyecto (y ser rechazado), Netflix le dio la oportunidad de contar su historia. El sello personal de Flanagan es claro: escribió y dirigió los siete episodios.
La serie no examina la religión, sino a quienes la practican con lealtad ciega. En ella no se discute ni se cuestionan las creencias. En cambio, es un análisis profundo de las interpretaciones en torno a nuestras creencias; las creencias religiosas le sirven como un medio para explorar el trauma y la violencia. Muchos otros escritores han destacado la crítica matizada de Flanagan a la "fe", que distingue a la serie de otras obras de terror religioso menos empáticas. Al igual que otras discusiones convencionales sobre la religión en la cultura popular, estos análisis y lecturas profundas de la serie ofrecen conclusiones que lo abarcan todo utilizando términos vagos y a menudo complejos como "fe", "religión" y "culto" sin mucho analisis crítico. Lo que distingue a Midnight Mass de otras películas de terror religioso, como El exorcista (1973), Midsommar (2019) o Red State (2011), es su conciencia de los efectos devastadores de la ideología capitalista neoliberal en los movimientos cristianos carismáticos.
Antes de analizar esta serie, permítanme aclarar ambos términos. El cristianismo carismático es un movimiento religioso que enfatiza un enfoque individualista del cristianismo. Destaca la relación personal con Jesús, la profecía y el literalismo bíblico, la glosolalia, las sanaciones por fe y otros dones del Espíritu Santo. En esencia, en el cristianismo carismático, las prácticas se consideran menos comunitarias y más individuales. Por ejemplo, en el catolicismo carismático, un movimiento fuertemente inspirado en su contraparte protestante, la Eucaristía, que representa el culto comunitario, pierde importancia a medida que se proponen formas de culto más individualizadas.
Los católicos carismáticos, así como otros cristianos carismáticos, a menudo se han inclinado hacia la política conservadora y neoliberal. En su libro, “Faith Based: Religious Neoliberalism and the Politics of Welfare in the United States” (2012), Jason Hackworth acuña el término "neoliberalismo religioso" que explica la influencia de las nociones capitalistas neoliberales de individualidad e ideología de mercado en las creencias y la teología cristianas. Esta coalición a menudo suele denominarse la "derecha cristiana", desde su sustancial influencia política en la era de Ronald Reagan (1981-1989). Sin embargo, investigaciones más recientes sobre este fenómeno tienden a centrarse en el "nacionalismo cristiano", que, como explican Andrew Whitehead y Samuel Perry en su libro, “Taking America Back For God: Christian Nationalism in the United States” (2020), es "un marco cultural que aboga por una fusión del cristianismo con la vida cívica estadounidense". Si bien ser un “cristiano conservador” no es técnicamente sinónimo de ser un “nacionalista cristiano”, Whitehead y Perry afirman que el conservadurismo político, especialmente la ideología conservadora que protege el status quo del capitalismo neoliberal, es por lejos el indicador más fuerte del nacionalismo cristiano.
Todos estos elementos se interconectan en Midnight Mass para ofrecer una crítica del cristianismo estadounidense sorprendentemente sofisticada para un producto de la cultura popular. En el episodio 3, el espectador descubre que el "nuevo" sacerdote es un rejuvenecido monseñor Pruitt (Hamish Linklater). Durante una peregrinación a Jerusalén, monseñor Pruitt se encuentra con un "ángel". Este "ángel" (que se insinúa fuertemente como un vampiro) lo ataca, le drena la sangre y lo convierte también en vampiro. Así, recupera su apariencia juvenil y recibe el "don" de la vida inmortal. Para ocultar su identidad, Pruitt adopta el nombre de Padre Paul, inspirado en la figura bíblica de Pablo, un ferviente creyente convertido y figura importante en los círculos cristianos carismáticos. Flanagan, en este caso, presagia un cambio teológico, estrechamente asociado con el movimiento de renovación católica carismática.
Al regresar a su pueblo natal, el Padre Paul desea compartir la Buena Nueva y se vuelve cada vez más carismático en sus enseñanzas y gestos. El mayor detalle oculto, que algunos espectadores podrían haber pasado por alto en su primera visualización, es el espejo Oculus. El objeto que da nombre a la película del espejo embrujado de Flanagan de 2013 se puede encontrar en las escenas del centro recreativo, sobre todo cuando el Padre Paul y Riley tienen reuniones de Alcohólicos Anónimos. En el episodio 3, realiza un "milagro" al hacer que Leeza (Annarah Cymone), una joven paralizada, suba las escaleras de la iglesia para recibir la comunión, en un acto radical de sanación por la fe. En el episodio 4, durante su sermón, habla del "ejército de Dios" y otros simbolismos militantes que recuerdan al tele-evangelismo y a los sermones cristianos carismáticos. El catolicismo del pueblo está adoptando poco a poco ideas y elementos de creencias cristianas más conservadoras.
Los extraños sucesos que ocurren en la isla Crockett se interpretan rápidamente como señales de un propósito superior, destinado por Dios. Esta nueva rama del catolicismo se ve, por lo tanto, obligada a abandonar el sector privado para integrarse en el público, ya que Bev Keane (Samantha Sloyan), la mayor defensora del padre Paul, aboga por su enseñanza en las escuelas. Además, Bev Keane también deja claro que su estrecha idea del catolicismo es la única creencia religiosa verdadera, al desestimar las preocupaciones del sheriff Hassan, el único musulmán del pueblo. Aquí, Bev ejerce ideas nacionalistas cristianas: las doctrinas cristianas como base de la moral, la importancia de enseñar el cristianismo en la esfera pública y el cristianismo como la única religión "verdadera". El catolicismo, en su forma carismática actual, está dando lugar a un ideal infalible y autoritario que se difunde y admira en todas partes.
Flanagan nos enfrenta ante el problema sobre si la Biblia es maleable. Su respuesta es asertiva: “Puedes encontrar un texto, un pasaje que respalde casi cualquier cosa si te esfuerzas lo suficiente. Ante el desafío de: "¿Podemos usar la Biblia para explicar y justificar el vampirismo?", la respuesta fue sí”.
En su infancia, cuando el director asistía a la escuela bíblica, solía preguntar: "¿Entonces el vino se convierte literalmente en la sangre de Jesús?". Y le respondían: "Sí, es literal. No es simbólico". Su respuesta era lógica: "De acuerdo. Si se transforma literalmente en sangre y lo bebemos para vivir eternamente, me parece un pequeño salto al mito vampírico". El problema que aborda es el eterno dilema sobre cómo nos enfrentamos al mundo.
Cuando los católicos de la Isla Crockett se transforman por completo en creyentes carismáticos, Flanagan describe sus prácticas, rituales y creencias como violentos, monstruosos y altamente individualistas. La Eucaristía, que era una práctica inofensiva y comunitaria, se ha convertido en una masacre egoísta a medida que los creyentes comienzan a comer el cuerpo literal y beber la sangre literal de sus vecinos. La codificación del catolicismo carismático como vampirismo captura los efectos devastadores de una comprensión neoliberal del cristianismo. Los vampiros, que a menudo se caracterizan en términos altamente egoístas y capitalistas, se convierten en la alegoría perfecta de un catolicismo carismático que encarna el individualismo extremo. En los últimos episodios, a los "verdaderos" creyentes se les pide que, en esencia, se suiciden bebiendo una bebida venenosa para "renacer" como seres vampíricos mediante una representación retorcida y monstruosa del bautismo. Al fusionar su catolicismo con las ideas capitalistas neoliberales, el caos se desata rápidamente. Mientras la Isla Crockett arde literalmente, Bev Keane se apresura a señalar el apocalípsis (las revelaciones de Juan) como explicación de todo el caos. Su interpretación de la situación sirve para socavar y enmascarar la violencia que los residentes ejercen sobre sí mismos y entre sí.
El director nos compromete a pensar las formas en las que negociamos con parábolas, y la dificultad de extraer lo sobrenatural que usamos para entretenernos de lo sobrenatural que usamos en nuestra adoración religiosa diaria. No se puede ser cristiano sin creer en un hombre que resucitó de entre los muertos. Ese es un requisito para ser miembro. Ahí está el centro del problema: hemos construido un muro entre los horrores que existen en los textos bíblicos y las escrituras, entre la cantidad de religiones y el horror que consumimos como entretenimiento, y es un muro bastante frágil. En cierto sentido, Flanagan cree que esto es algo que nos hace sentir más cómodos en la iglesia, cualquiera sea la religión que profesemos.
Muchos de los elementos de terror que utiliza ya están en la Biblia: en cierto sentido, el terror y la religión están conectados. Si abres el libro, ves ángeles patrullando Egipto y masacrando a los primogénitos, y ríos convertidos en sangre. Hay plagas de langostas y una columna de fuego, que es el primer rayo de luz celestial en la historia del entretenimiento. Y tienes a un Dios con la capacidad de asesinar gente a su antojo, lleno de ira, y las mujeres y los niños no importan. Se enfurece e inunda el planeta. Hay demonios, serpientes parlantes, gente destrozada y torturada. Todo está ahí. La Biblia es un texto que encierra todos nuestros horrores más ancestrales gran parte de la literatura de terror ha tomado prestado abundantemente de varias escrituras y mitologías antiguas. Esto no es exclusivo de la Biblia cristiana.
De hecho, en muchas de las religiones más antiguas, cuanto más se retrocede en la historia, más sangrientas y aterradoras son las cosas. En parte, se debe a que la razón por la que necesitamos el terror y por la que todos nos sentimos atraídos por la religión en distintos momentos de nuestra vida proviene del mismo problema: nuestro miedo a la naturaleza. Si un volcán entra en erupción y no entendemos qué es un volcán, creamos una religión en torno a él. Creamos un Dios para explicar por qué todo ese fuego salió de la tierra y mató a todos. Si hay una sequía y nuestras cosechas se marchitan, o si hay depredadores que irrumpen en la noche. Todo esto es lo que nos hace ser narradores. Así es como explicamos y entendemos el mundo. Solo podemos procesar el mundo que nos rodea si lo plasmamos en una historia y dejamos que esta lo gestione. Por eso, muchos de nuestros mitos, muchas de nuestras religiones, surgen de las mismas ansiedades que también exploramos en la ficción de terror. No queremos lidiar con la violencia inherente a nosotros como individuos, así que la enfrentamos catárticamente en una película de terror.
Los momentos finales de la serie presentan a una comunidad destruyéndose mutuamente mediante una ideología desbastadora, tanto religiosa como política. Los residentes han sucumbido a la ideología neoliberal, la misma que ha causado derrames de petróleo en el océano y el consiguiente deterioro económico. Los impactantes elementos góticos del pueblo, la iglesia y la criatura vampírica sirven para enfatizar un estado de decadencia, tanto económica como moral. Un alejamiento de los aspectos comunitarios del culto, las creencias y los sacramentos, y un giro hacia una mentalidad individual de "matar o morir", es su fin definitivo. Mientras todas las casas del pueblo son incendiadas, no tienen dónde protegerse de la luz solar.
Al final de su obra más personal y devastadora, Mike Flanagan nos entrega una última imagen que lo resume todo: una comunidad destruida por la fusión tóxica de fe sin reflexión, trauma no elaborado e ideología neoliberal, que solo en el instante final se reencuentra con lo que había perdido —su humanidad compartida—. Cantan “Cerca de ti, mi Dios”, no como súplica de salvación, sino como un eco tardío de la comunión que negaron. En esa nota, que es plegaria y epitafio, Flanagan no solo nos habla del terror, sino de la necesidad urgente de contar historias que nos devuelvan el sentido de lo común, antes de que la luz —la que revela y la que quema— nos encuentre solos.




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