“La película es una aventura familiar de ciencia ficción que recuerda a (Jmanji), pero con temática espacial. Los hermanos, interpretados por Jonah Bobo y Josh Hutcherson, deben cooperar con un astronauta que está atrapado en el juego para superar los desafíos y regresar a casa. La película cuenta con la dirección de Jon Favreau y la participación de Tim Robbins como el astronauta"

Redescubriendo Zathura: una aventura espacial sobre hermanos, no solo meteoritos
Cuando era chico, Zathura me gustaba mucho por todo lo evidente o sea el caos del espacio, los meteoritos, los robots fuera de control y, por supuesto, ese juego misterioso que lo desencadena todo. Era una aventura vertiginosa que se sentía como una versión espacial de Jumanji, y eso ya era suficiente para atraparme ya que soy fan de la ciencia ficción.
Pero fue al crecer que entendí realmente de qué trataba la película.
La volví a ver por nostalgia entre otras películas que uno recuerda haberlas visto y querer buscarlas en todas las plataformas de películas y no encontraras en algunos casos y terminarla viendo en x (equis) pagina llenas de publicidad y de la peor calidad que podemos encontrarlas, sin esperar demasiado.
Y ahí, entre escena y escena, me di cuenta de que Zathura no era solo una historia de ciencia ficción o efectos especiales. Era una historia sobre hermanos. Sobre esos vínculos que a veces parecen romperse con facilidad, pero que en realidad están hechos de algo mucho más fuerte que el acero de una nave espacial.
Ver a Danny y Walter dos hermanos que no se soportan, que se hieren sin medir consecuencias, que compiten por atención entre ambos, por cariño, por espacio me confrontó con recuerdos propios en lo cual me sentí identificado ya que tengo un hermano mayor que yo y como que me trasportaba a esas peleas sin sentido, con silencios largos, con palabras dichas en ese momento y que después uno desearía no haberlas dicho.
Y entonces, la película me habló de otra cosa. Me mostró cómo, en medio del caos y el peligro, esos hermanos aprenden a confiar el uno en el otro, a cuidarse, a entender que están en el mismo equipo. Que nadie más va a comprenderlos como lo hace ese otro ser que creció a tu lado, que comparten una historia, sus miedos, sus momentos más puros.
El verdadero giro de Zathura no es el agujero negro ni los alienígenas: es la reconciliación. El darse cuenta de que, a pesar de todo, el amor entre hermanos sigue ahí. Silencioso, a veces torpe, pero firme y es algo que nunca se romperá ni se desvanecerá a pesar que pasen los años y sigan diferentes caminos y diferentes pensamientos, en cambio seguiremos creciendo mental y físicamente pero siempre seguiremos teniendo esa conexión.
Hoy, al recordarla, no pienso en los efectos visuales ni en la acción. Pienso en lo que queda cuando se apaga el juego: un abrazo, una disculpa sincera, una nueva forma de mirarse, un te extraño. Y me doy cuenta de que Zathura no fue solo una película de mi infancia. Fue una lección que tardé años en entender.


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