En este relato situado en la guerra civil española, pero con reminiscencias a los cuentos de hadas y al cine fantástico al estilo Laberinto (1986), Guillermo del Toro nos cuenta la relación de una niña, Ofelia (Ivana Baquero), con un fauno tenebroso que le dará una serie de instrucciones a seguir, o más bien pruebas a cumplir, que la guiarán hacia el reino mágico al que ella realmente pertenece.
No es casual que el mexicano Guillermo del Toro –productor, guionista y director de esta maravilla- haya escogido, para el contexto en donde se desarrolla esta fábula -tan oscura como bellísima-, una guerra civil en la que disputaron el autoritarismo franquista de un lado y los anarquistas republicanos del otro. Porque un dato de la realidad es que los anarquistas han sido gobierno, por más fantástico que esto suene y a pesar de que la utopía que emergía en 1936 parece haber quedado hoy sepultada en el olvido al igual que el reino mágico al que Ofelia ansía volver.
Pero volvamos a la historia, sobre la cual no pretendo brindar ningún spoiler aunque sí ofrecer una clave de lectura. En un bosque montañoso, ubicado en el norte de España, hacia 1944 (cuando los republicanos ya estaban en retirada y el franquismo terminaba de imponerse sobre todo el territorio español), se halla la casa adonde llegan Ofelia y su madre (Ariadna Gil), quien está ahora en pareja con Vidal, un oficial severo y brutal de la Policía Armada franquista (un impecable Sergi López que mete miedo), de quien además espera un hijo. Pronto entendemos que la niña ha perdido a su verdadero padre, que no está feliz con el estado de las cosas y que la relación con su padrastro -como podrán adivinar- no es la mejor. De allí que el encuentro con un fauno en medio de la oscuridad del bosque no la asusten tanto como la nueva realidad que se le impone. De allí también que intente obedecer las reglas que le impartirá el fauno y cumplir con las pruebas estrictas que son para ella el salvoconducto hacia el reino perdido. En el itinerario heroico de Ofelia -cuya interpretación le valió el Goya a Mejor Actriz Revelación a una joven Ivana Baquero de apenas 12 años- Guillermo Del Toro nos regalará alguno de sus más temibles monstruos.
En paralelo a la historia fantástica -sólo accesible a la pequeña protagonista- está la realidad, la de una familia poco feliz, la del mundo de los adultos y la de la brutalidad de la guerra. La casa donde viven de hecho está ubicada en una suerte de campamento militar, desde donde el padrastro de Ofelia acecha a la resistencia republicana y desde donde también se interrogan a los rebeldes cazados en el bosque con el verdadero terror que las dictaduras saben ejercer. En ese telón de fondo, en esa segunda historia, hay una escena memorable en la que brilla el no menos inolvidable Álex Angulo (a quienes quizás recordarán como el cura de El día de la bestia), escena en la que se inspira el subtítulo de esta reseña y en la que se pone de manifiesto un principio moral que hacia el final le da el sentido a la totalidad de la obra: a veces lo correcto es desobedecer.


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