luna.
Su padre se despertó poco después y fue a buscarla para llevarla a su boda. Al ver que no estaba en su habitación, se alarmó y salió a buscarla por el pueblo. Preguntó a los vecinos si la habían visto, pero nadie sabía nada de ella. Entonces vio las huellas del caballo en el suelo y las siguió hasta el desierto.
Su madre se despertó más tarde y se enteró de lo que había pasado. Se puso triste y lloró por su hija. Pero también se sintió orgullosa de ella, por haber seguido su corazón y su sueño.
Laila nunca volvió a su pueblo ni a su familia. Se fue con el hijo de la luna a vivir en el mundo maravilloso que él le había mostrado. Allí fue feliz y libre, cantando y bailando bajo la luz de la luna.
La gente del pueblo nunca supo qué fue de ella. Algunos decían que se había perdido en el desierto, otros que se había vuelto loca, otros que había sido raptada por un genio. Pero algunos creían que se había convertido en la hija de la luna, y que cada noche podían verla brillar en el cielo.
Rebe

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