PIERS NIVANS: LA REBELIÓN - Parte I: El Renacimiento
Antártida, 2013.
El dolor era insoportable. Su brazo mutado temblaba, palpitaba con un poder que no entendía, pero que lo mantenía vivo. Mientras el laboratorio submarino de Neo-Umbrella se desmoronaba, Piers arrastró su cuerpo fuera del núcleo de la explosión. Lo último que recordaba era a Chris, su capitán, su amigo, alejándose, dejándolo atrás.
Pero Piers no murió.
Despertó días después en un contenedor criogénico experimental, semi-consciente, en un centro de investigación secreto. Un grupo de científicos renegados, antiguos empleados de Tricell y Neo-Umbrella, lo había extraído. Fascinados por su mutación estable, lo mantuvieron vivo como experimento... y como arma potencial.
Durante semanas, solo escuchó voces desde la oscuridad, inyecciones constantes, susurros sobre un "nuevo orden". Piers gritaba por ayuda, por Chris... pero nadie venía.
Fue en su tercera semana que dejó de resistirse.
Meses después.
Piers caminaba por el pasillo del laboratorio, con su brazo mutado cubierto por un guante biomecánico negro. Su cuerpo ya no temblaba. Su mente, en cambio, estaba llena de preguntas... y de rabia. Chris lo había dejado. La BSAA lo había declarado muerto. El mundo al que había jurado proteger no lo lloraba. Lo había olvidado.
"Si este mundo no puede ser salvado... entonces necesita ser destruido."
Fue entonces cuando nació la Rebelión. No era solo una venganza. Era justicia. Un nuevo orden, sin gobiernos corruptos ni guerras bioterroristas causadas por los mismos que juraban detenerlas.
Y en el centro de todo, un nuevo líder: Piers Nivans, el soldado perfecto... convertido en el enemigo final.
Piers Nivans: La Rebelión — Primera Parte
La lluvia golpeaba con fuerza el suelo destrozado de Edonia, una ciudad que antes bullía de vida, ahora un campo de guerra silenciado por la muerte. Las ruinas humeaban, y los lamentos del pasado parecían susurrar entre los escombros. Piers Nivans, teniente de la BSAA, caminaba con cautela entre cadáveres y ceniza, rifle en mano, ojos alerta. Su equipo había sido emboscado la noche anterior. Solo él y unos pocos seguían vivos.
—Aquí Alfa-2. ¿Situación? —sonó por la radio.
Piers presionó el botón de su comunicador.
—Zona parcialmente segura. Buscando sobrevivientes.
Mentía. Sabía que no quedaba casi nadie. La operación había sido un desastre… y algo no cuadraba desde el principio.
Mientras avanzaba, algo llamó su atención: una insignia de la BSAA manchada de sangre, colgando del brazo de un soldado que no reconocía. Uniforme negro, sin número de identificación. Eso era raro. Los soldados de la BSAA siempre llevaban registros claros.
De pronto, un crujido. No el de una piedra, sino de carne y hueso.
Giró con rapidez. Una figura se alzaba entre las ruinas, enorme, deforme, cubierta de placas mutadas. Su respiración era pesada, inhumana. Y sin embargo… había algo en sus ojos. Algo familiar.
Piers apuntó su rifle.
—¡No te muevas!
La criatura retrocedió un paso, levantando lentamente las manos. Y entonces, habló.
—¿Piers…?
La voz no era clara, pero tampoco monstruosa. Era… humana. El corazón de Piers se detuvo un segundo.
—¿Jace…?
Jace Miller. Un joven agente que había servido bajo su mando en misiones anteriores. Había desaparecido en una operación secreta seis meses atrás. Se le dio por muerto. Pero allí estaba. Mutado, deformado… vivo.
—Nos usaron —gruñó Jace—. Nunca fue una misión. Fue una prueba.
Piers bajó ligeramente el arma, con el rostro paralizado por la mezcla de rabia y dolor. Algo dentro de él se quebró.
Pero no hubo tiempo para más. Una explosión estalló a pocos metros, lanzando piedras y fuego por el aire. De las sombras surgieron figuras con armaduras negras y armas avanzadas. No eran del BSAA. No eran locales. Eran… algo más.
—Objetivo localizado —dijo uno, apuntando hacia Jace—. Orden de ejecución.
—¡No! —gritó Piers, disparando sin pensar.
La bala alcanzó al soldado en el casco, derribándolo. Los otros respondieron de inmediato. El aire se llenó de fuego cruzado. Piers rodó detrás de una pared rota, protegiéndose como podía.
—¡Piers, vete! —gritó Jace—. Ellos ya me destruyeron.
Pero el teniente no se movió. Algo dentro de él ardía. No podía seguir creyendo en una organización que ocultaba monstruos, que sacrificaba a los suyos como conejillos de laboratorio.
La BSAA ya no era lo que parecía.
Mientras el humo llenaba el cielo, Piers supo que había cruzado una línea. Esta no era una guerra contra el bioterrorismo.
Era una rebelión contra los verdaderos enemigos… aquellos que actuaban desde las sombras, manipulando la verdad.
Y él estaba listo para enfrentarlos.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.