La escuela de Scola - Parte 1 

Peña Peña

Un abordaje completo a la filmografía del gran director italiano, en dos artículos.

Ettore Scola nació en Trevico, Italia, el 10 de Mayo de 1931. Trevico es una localidad de la provincia de Avellino, en Campania, relativamente cercana a Nápoles, en la zona central del sur de Italia.

Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Roma, pero su pasión por la escritura lo llevó a colaborar en la célebre revista satírica Marc'Aurelio, siendo aún muy joven. Allí conocería a quienes serían sus amigos de toda la vida, Federico Fellini, Ruggero Maccari y Furio Scarpeli, entre otros, y con ellos también haría el salto a la industria del cine, trabajando como guionista para los mejores exponentes de la Comedia all'italiana, como Dino Risi. Con Maccari en particular colaboró en nada menos que 40 guiones, de los 84 en total que escribió en toda su carrera.

Una carrera que se inició oficialmente en 1952 con Canzone di mezzo seculo (1952), una hoy olvidada, y probablemente olvidable, colección de sketches musicales dirigida por Domenico Paolella. Pronto llegarían muchos otros trabajos como coguionista, unos 27 hasta 1960, la mayoría de ellos protagonizados por el gran Alberto Sordi.

Un joven Scola con Alberto Sordi

En ese año mismo trabajaría por primera vez con Rissi y con Vittorio Gassman en Il mattatore, una película muy en sintonía con lo que se hacía en esos años, en la que un estafador encarna diversos personajes extravagantes para cometer sus engaños, un vehículo perfecto para el histrionismo de Gassman, que sería desde allí y para siempre conocido como Il mattatore. Otra curiosidad de esta obra es que hacia el final hay una escena en que un grupo de fotógrafos acosan a una estrella, y uno de ellos es un cameo Walter Santesso, quien sería inmortalizado como el Papparazzo de La dolce vita, película del mismo año.

Esa colaboración entre Rissi, Gassman y Scola continuaría con la más célebre Il sorpasso (1962), en la aparece también Jean-Louis Trintignant. En lo sucesivo tanto Gassman como Trintignant se sumarían a muchos de los proyectos de Scola como director. il sorpasso es un verdadero clásico de la comedia all'italiana, con su tono agridulce y varios elementos inolvidables como esos bocinazos tan estridentes como el propio Gassman y el tema musical Guarda come e dondolo de Edoardo Vianello. Entre otras laureles la película ganó el Festival de Mar del Plata de 1963, y ese fuerte vínculo con Argentina llevó al trío a realizar Il Gaucho (1964), también conocida como Un italiano en Argentina, en donde Gassman encarna a un productor que viaja a mar del Plata por el festival. Se suma otro actor extraordinario que también será parte importante de la carrera de Scola, Nino Manfredi.

Gassman y Trintignant en Il sorpasso

En ese mismo año, 1964, Scola debuta como director con Parliamo di donne, otro film de episódico a tono con los tiempos, en el que Gassman vuelve a lucirse con muchos personajes. Una fórmula que se repetiría en Un caso fortuito (1964) y El diablo sabe por diablo (1966), mientras que en Espeluznante (1965) y Mister Sabatini…Africa…allá vamos (1968), el elegido era Alberto Sordi, y en El comisario Pepe (1969), Ugo Tognazzi.

Celos estilo italiano (1970) se destaca por si trío de protagonistas, Marcello Mastroianni, Monica Vitti y Giancarlo Giannini. Es una comedia llena de ideas pero hija de otros tiempos, ya que hace humor con lo que se conocía entonces como crimen pasional, una manera de suavizar el concepto de femicidio muy popular hasta no hace tanto. Hoy seguramente estaría cancelada. Mastroianni volvería en ¿Me permite? Rocco Papaleo (1971), ya había aparecido en tres películas del Scola guionista, y volverían a trabajar juntos en ocho oportunidades más.

Trevico-Torino (1972), tiene algunos componentes autobiográficos, ya que trata del viaje de un oriundo de esa localidad natal del propio Scola a Turín para trabajar como operario. En el mismo año llegaría La noche más hermosa de mi vida, una comedia negra protagonizada una vez más por Alberto Sordi.

Hasta este punto Scola es un director y guionista eficaz y con oficio, pero sin el carácter de autor que le darían sus obras posteriores. A partir de este momento crecería tanto el prestigio como el éxito de público, en particular por

Nos habíamos amado tanto (1974), uno de sus títulos más recordados, que al oficio extraordinario de Gassman y Manfredi le suma la luminosidad de Strefania Sandrelli. Todos al servicio de un retrato de la Italia de posguerra y su crecimiento no exento de contradicciones. A los tonos agridulces de la comedia all'italiana se suman capas de complejidad dramática con ideales perdidos y una crítica interna a la izquierda que evidentemente Scola ha amado tanto.

Nos habíamos amado tanto

Lo siguiente es un viraje al grotesco, al absurdo y a la misantropía feroz que le valió igualmente prestigio y taquilla, Feos, sucios y malos (1976), una radiografía de las miserias romanas y humanas. Con esta película gana el Premio a Mejor Director en el Festival de Cannes. Se destaca la labor de Nino Manfredi, tan alejado de la amabilidad habitual como el propio director. Como en la ya mencionada Celos estilo italiano (1970) es cuestionable el humor vinculado al maltrato, aunque en este caso incluya una denuncia. Sin restarle méritos evidentes, es su obra menos sutil y menos grata de ver. Un Scola en modo Pasolini.

Precisamente ese mismo año coescribe junto Bernardo Bertolucci el guion El silencio es complicidad, un documental de la actriz Laura Betti que denuncia la falta de investigación sobre la muerte de Pier Paolo Pasolini, ocurrida un año antes.

Scola forma parte como director de dos films colectivos de comedia all'italiana, Señoras y señores, buenas noches (1976) y Los nuevos monstruos (1977), pero es otro trabajo de mismo año 77 el que termina de consagrarlo.

Un día muy particular (1977) es una de las cumbres de su carrera, una pintura de Italia y sus contradicciones, en la que iniciaría un nuevo camino que profundizaría en años sucesivos, y que exploraremos en el siguiente artículo, pero que básicamente tiene que ver con que menos es más. Está circunscripta a un solo día, a una sola locación y a solo dos personajes, pero eso no la convierte en teatro filmado, ni se acerca, sique siendo puro cine. Por el contrario, y en un caso inusual (podríamos decir muy particular), su texto se convirtió posteriormente en obra de teatro.

Probablemente colabore con esto la dirección fotográfica, a cargo de Pasqualino De Santis, que venía de hacer cuatro películas con Lucchino Visconti, entre ellas Muerte en Venecia (1971). Son notables los movimientos de cámara y también el tratamiento del color, que no llega a ser sepia. Es un color apagado pero en que los tonos más fuertes, en particular los rojos, persisten, y es allí donde la forma se vuelve contenido.

Loren y Mastroiani buscando un color entre tanta monocromía.

El día retratado, por supuesto, no es uno cualquiera, es el de la visita de Hitler a Roma, en 1938 y en plena euforia fascista. Nadie se quiere perder el desfile, salvo dos personajes que por distintos motivos quedan fuera del sistema. Si antes mencioné falta de sutileza, aquí ocurre todo lo contrario.

A esta altura podría esperarse que Scola ya hubuera dado todo, pero aún faltaba una década de gloria, y otras dos de buen cine, para completar su carrera.

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