¿LA SUSTANCIA CRITICADA Y ODIADA POR TODOS?  

La desesperación de su personaje la lleva a someterse a un tratamiento experimental que promete devolverle la juventud, pero este procedimiento es más que una simple transformación física: es una metáfora de la lucha interna que muchas mujeres enfrentan en la búsqueda de relevancia en un mundo que las margina con la edad.

La actuación de Moore es notable no solo por asumir un papel que la enfrenta directamente con sus propias vivencias y demonios, sino también por la intensidad emocional que aporta a su personaje. Elisabeth Sparkle no es solo una mujer obsesionada con su apariencia; es alguien que lucha contra un sistema que la ha moldeado y ahora la rechaza. Moore captura a la perfección esa mezcla de desesperación, rabia y resignación, convirtiendo a Elisabeth en un personaje trágico y complejo en los tiempos de las cirugías plásticas que deforman rostros y cuerpos y las sustancias que prometen ser el elíxir de la eterna juventud, como Botox y Ozepim

El otro gran pilar de la película es Margaret Qualley, quien interpreta a Sue, la versión rejuvenecida de Elisabeth. Qualley, hija de la actriz Andie MacDowell (la otrora estrella de Hollywood que protagonizó los clásicos Sex, Lies And Videotape, Four Weddings And A Funeral y Groundhog Day), aporta un contraste inquietante con su frescura y vulnerabilidad que en gran parte, heredó de una madre a quien ahora reemplaza en la gran pantalla. Sue es más que una simple versión más joven de Elisabeth; es una proyección idealizada, una fantasía que encarna la perfección física que Elisabeth ya no puede alcanzar. Qualley interpreta a Sue con una mezcla de inocencia y peligro, mostrando cómo esta versión “mejorada” de Elisabeth es también una amenaza para su propia identidad.

El choque entre Elisabeth y Sue, las dos versiones de la misma persona (en una clara referencia al Dr. Jekyll & Mr. Hyde), refleja un conflicto interno profundo: la lucha entre la aceptación del envejecimiento y la tentación de aferrarse a una juventud artificial. En este sentido, The Substance se convierte en una alegoría de la alienación personal en un mundo que valora más la apariencia que la esencia. La relación entre ambos personajes también se destaca la compleja dinámica de la autopercepción y la identidad (pensemos en la dismorfia y su relación con la anorexia), y cómo el deseo de cumplir con las expectativas externas puede deshumanizar a quienes las persiguen.

Las referencias de The Substance son vastas y variadas, lo que enriquece aún más la experiencia visual y temática de la película. Uno de los paralelismos más evidentes es con el cine de David Cronenberg, particularmente con películas como Rabid, The Brood, Videodrome, The Fly, Dead Ringers, Crash y Crimes Of The Future, donde el cuerpo humano se convierte en el lienzo sobre el cual se manifiestan los miedos y obsesiones de la sociedad. Al igual que en el trabajo de Cronenberg (padre e hijo), The Substance utiliza el horror corporal no solo como un medio para impactar visualmente, sino como una forma de explorar las ansiedades culturales en torno a la transformación del cuerpo y la identidad, como lo hace su colega mucho más madura y experta Julia Ducournau (la autora de las obras maestras Raw y Titane)

La razón de que La Sustancia haga el ruido que está haciendo, que la campaña de promoción sean las reacciones de las personas en el cine, es porque ver un cuerpo saliendo de otro es lo más ligero que pasa en la película. En lo que avanza la historia exploran diferentes formas de lo grotesco”, añade Ibarreche.

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