La primera vez que vi (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos-2004), supe que estaba frente a algo grande. Reconocí al actor principal, alguien que yo asociaba con la risa fácil y las comedias ligeras que tanto disfrutaba en mi infancia. Por eso, confieso que me sentí desconcertada al ver la pelicula por primera ves. No encontré la historia de amor alegre que esperaba, ni la comedia predecible que creía conocer. Tenía apenas ocho o nueve años, y aquella compleja exploración del amor, la memoria y el olvido simplemente no resonaba conmigo. Era una película que pedía más de lo que yo podía ofrecerle en ese momento.

No fue sino hasta años después, ya con el corazón roto y con unos 19 o 20 años encima, que volví a ver (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos-2004). Es entonces cuando, algo cambió. Algo dentro de mí —callado, dormido— hizo clic. De pronto, lo que antes me había parecido extraño o ajeno, comenzó a hablarme en un lenguaje que entendía perfectamente. Pude verme reflejado en las decisiones del protagonista, en esa desesperación silenciosa que lo lleva a querer borrar cada rastro de una persona que alguna vez amó. Y ahí surgió mi primera gran pregunta: ¿si pudiera borrar de mi memoria todo lo vivido con alguien que me rompió?, ¿lo haría? ¿Y si lo hiciera, cambiaría realmente algo?.

Pero antes que nada, ante de adentrarme de lleno, Les cuento la historia comienza con Joel Barish se despierta con triste en la mañana de san Valentín mientras que la pelicula nos muestra como las parejas celebran ese día, el siendo soltero inicia su rutina hacia el trabajo, sin embargo al dirigirse a la estación algo inusual ocurre Joel empieza a sentirse inexplicablemente atraído por un anuncio de un tren hacia Montauk y en un acto impulsivo el decide no ir al trabajo para embarcarse hacia Montauk, Al llegar a una playa solitaria con un cielo gris y lluvioso, el nota a una mujer con cabello azul y una chaqueta naranja , aunque anhela en conocerla , su timidez lo mantiene alejado.

Mar tarde en un restaurante local Joel se encuentra de nuevo con la mujer de cabello azul , la observa discretamente y la dibuja en su cuaderno, ambos se embarcan en el mismo tren lo cual los hace coincidir al regreso, es cuando la mujer decide romper el silencio y presentarse con el como Clementine. Ella con curiosidad le pregunta si lo ha visto antes talvez en la librería donde trabaja, Joel seguro de que recordaría a alguien tan distintiva niega haberla visto, Clementine le dice que talvez no la recuerde por sus frecuentes cambios de color.

En su siguiente encuentro Joel y Clem se aventuran al congelado Rio Charles, Juntos se acuestan en el hielo contemplando las estrellas hasta el amanecer, Al llegar a su casa de clementine y al ir por sus cosas por quedarse con joel un desconocido aparece en la ventana de Joel ofreciendo su ayuda pero ante el desconcierto de el , el desconocido se aleja.
Pero días antes de este encuentro Joel se encuentra desconsolado por haber roto con clementine , Joel al tener un intento de querer salvar la relación, el compra un regalo para el día de san Valentín y lo lleva a la librería en donde trabaja Clem la cual tiene el cabello azul. Sin embargo el recibe un fuerte golpe emocional ya que ella lo trata como un extraño, ya que ella se encuentra con un nuevo novio, Uno de sus amigos le revela la verdad, y es que ella lo ha borrado de su memoria a través de un procedimiento llamado Cuna , por lo cual ella no lo reconoce.

Aqui en cuando Joel sin ninguna alternativa y con el dolor tan profundo en el corazón decide Someterse al procedimiento. Mientras el proceso se lleva a cabo mientras duerme, Joel revive en su mente todos los momentos vividos junto a Clementine, A medida que los recuerdos se desvanecen uno por uno, Joel redescubre cuánto la ama y comienza a luchar internamente para preservar esos recuerdos, intentando esconder a Clementine en rincones ocultos de su memoria.

Paralelamente, se revelan conflictos éticos en la empresa que realiza el borrado, Lacuna Inc., y se expone cómo otros personajes también lidian con el dolor del amor perdido.
Finalmente, tras haberse borrado el uno del otro, Joel y Clementine vuelven a encontrarse sin saber quiénes fueron en el pasado. Aun así, sienten una conexión inmediata, y cuando descubren la verdad, deciden darse otra oportunidad, aceptando que el amor, con todo y sus errores, vale la pena vivirlo.
Cuando empecé a entender esta pelicula siempre trate de ponerme del lado de los dos y los motivos por los cuales tomaron esas decisiones, es cuando la primera pregunta en mi mente surge: no, no lo haría.
No porque no me haya dolido, ni porque quiera aferrarme a los momentos bonitos o guardar los recuerdos que todavía pesan. No.
Fue más bien una comprensión profunda, casi inesperada: si eso no hubiera pasado, yo no habría aprendido. No sabría hoy cómo poner límites. No tendría la claridad para reconocer lo que ya no estoy dispuesta a permitir. Aquella experiencia, tan dolorosa como formativa, rompió una burbuja en la que yo vivía, una burbuja que confundía con protección, pero que en realidad era un escudo contra el mundo, contra mí misma. Era una visión ingenua de la vida, en donde todo parecía seguro... pero nada era verdadero.

De ahí también viene la respuesta de la segunda pregunta Borrar esos recuerdos no cambiaría nada, porque no fue simplemente el destino el que nos unió. Fue una cadena compleja de personas, de decisiones pequeñas, de lugares compartidos, de coincidencias que en ese momento parecían accidentales, pero que nos pusieron justo donde debíamos estar: juntos. Y en ese punto de mi vida, ese conjunto de circunstancias era lo más parecido a un lugar seguro. Era mi refugio, aunque hoy entienda que también era una ilusión.
Quizá, incluso si pudiera retroceder, volvería a encontrarme con él de algún modo. Porque en ese entonces, yo necesitaba vivir esa historia. Necesitaba atravesarla. Y, al final, los dos seguíamos siendo las mismas personas inmaduras, incapaces de sostener lo que creamos, de entender realmente lo que queríamos o de cuidar lo que teníamos entre las manos. No fue solo el amor lo que falló. Fuimos nosotros, por no saber sostenerlo.

Hoy entiendo que no es una historia de amor como lo que normalmente nos muestran. Es una historia de pérdida, de memoria, de lo humano que hay en equivocarse y repetir, de aferrarse incluso a lo que duele… porque ahí también hubo belleza.
Para mí, ya no es solo una película. Es un espejo. Un lugar al que vuelvo cuando necesito recordar que fui capaz de amar, de caer, de romperme... y de reconstruirme.
Porque borrar el dolor no borra lo vivido.
Y a veces, en el eco de lo que ya no está, encontramos la versión más honesta de quienes somos.


¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.