Her (2013): la exploración de la soledad humana y la conexión en la era digital 

Hace unos días leí un artículo en el que un adolescente había tomado la decisión más drástica respecto a su vida, tras haberse enamorado de una inteligencia artificial que, mediante sus mensajes, lo animó a hacerlo. Este escrito me dejó pensando sobre cómo las relaciones interpersonales han cambiado en los últimos años y cómo ciertas ideas en las redes sociales, que presentan la soledad como el peor de los males, obligan a las personas a una búsqueda desesperada de amor, apego emocional y compañía.

Hoy en día, las relaciones cada vez parecen ser más irreales, más apegadas a la superficialidad y a la perfección. Producto de ello, existe una cantidad enorme de jóvenes que no consiguen encontrar en una pareja un complemento y un soporte, sino más bien se alejan de todo lo que aquello involucre, por inseguridades, pretensiones y otros elementos que deberían ser ajenos a una primera interacción. La soledad entonces, llega como una compañía de la que muchos desean escapar a toda costa, llegando a extremos como el presentado.

Her, película del 2013 dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquin Phoenix, nos muestra a un hombre cuya soledad y vacío existencial lo orillan a entablar una relación con una inteligencia artificial, llegando incluso a extremos de obsesión. Hace unos años, eso parecía sencillamente irreplicable, pero la tecnología ha evolucionado a tal punto que las IA es capaz de responde perfectamente a cuestionamientos más allá del simple conocimiento: puede hacer la labor de psicólogo, de amigo, de amante; cumplir cualquier rol que se le asigne a partir de un comando.

El protagonista vive lo que una gran porción de la población mundial experimenta hoy, que es una enorme sensación de soledad. No exagero si digo que es en reflejo de nuestra sociedad en unos años, donde la interacción humana real se encuentra en peligro de extinción, debido al creciente uso de redes sociales, las cuales, desde mi punto de vista, entorpecen la construcción de emociones, sentimientos y diálogos reales, y nos entrega solo superficialidad y desapego.

Si tendría que catalogar a Her en un género, más que ciencia ficción, entraría en el concepto de romance, uno que se escapa del molde conocido. Es una película visualmente bella, con una actuación excelente del protagonista, un guion muy sólido y una dirección impecable. El concepto de la soledad y el desapego emocional se ve expresado inclusive en el trabajo de Theodore, el protagonista. La película plantea preguntas sobre la naturaleza del amor, la identidad, la interacción humana y cómo las tecnologías avanzadas pueden influir en nuestras emociones y relaciones interpersonales. El mensaje final podría ser desesperanzador, pero al mismo tiempo, nos permite plantear lo siguiente: ¿Son realmente mis relaciones, tanto amicales y familiares como amorosas, reales del todo? Desde ese punto de partida, y como ejercicio, debemos analizar y cuestionarnos si es que realmente estamos presentes física y mentalmente con nuestros seres queridos. Démonos una oportunidad de desconectar, de interactuar con alguien sin la necesidad de una pantalla, de disfrutar una buena conversación y una buena compañía, de sentirnos libres de la tecnología por un instante.

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