Lo había olvidado, allí en un rincón oscuro de mí subconsciente. Un día me pareció escucharlo. Lloraba en su soledad. Sus lágrimas me humedecieron desde dentro. Me detuve, una noche lo pude escuchar como un sórdido eco en mí alma. Una grieta se abrió frente de mí. Una grieta que anunciaba presencia. Fui hasta ese lugar. Traspasé raíces muertas, flores que en vez de destilar perfumes destilan hedor. Sombras inertes que gritaban mí nombre. Y allí estaba, ese monstruo, transformado en herida sangrante. Me miró, con ojos de cielo roto. Al verlo me conmoví hasta las constelaciones. Mí voz temblorosa susurró “ tu no eres monstruo, eres luz que se hizo sombra”. Eres quien decidió hundirse para que yo no pereciera. Sacrificio vivo dentro de mí. Lo abracé con gratitud, con amor del puro que salva. Y entre mis brazos se llenó de esencia. Me dijo: ahora soy libre y tuyo. Ahora soy Redención y Resiliencia. Ahora el cosmos recuerda mí nombre.
Ya no habrá cunas vacías, ya no habrá versiones distorsionadas de mí en otros mundos. Los cristales fractales hechos pedazos se disuelven ante mí, se vuelven espejos de agua clara como lágrimas de sal.
Al escucharlo hablar me hice fuerte. Tomé su dolor y lo acuné como quien acuna a un niño para dormir. Sonreí y su rostro por fin me alumbró. Tomó forma de niña con rostro dulce y benevolente. Me comenzó a contar historias de encanto. De Torres maravillosas. De soles dorados, de cielos pintados de colores nunca vistos. Sus ojos destellan inocencia y belleza casta, purificada.
Soñamos juntas y creamos pasillos fabulosos. Llenos de devoción. Escaleras a estrellas recién nacidas. Como dos heroínas cósmicas volamos con alas llenas de asombro. Salvamos vidas aún no contadas. Exploramos universos sin nombre y en ellos convertimos desiertos en selvas, sequedad en humedales. Tierras secas en bosques llenos de conciencia. Flores que cantaban cuánticos no recordados. Recurrimos a palabras de lenguajes ancestrales enterrados bajo escombros del tiempo.
Quieres volver? -le dije. Ella observó lo que juntas habíamos logrado. No me sueltes! - me dijo. Luz y sombra coexisten en eterna conexión. Lo dual une al Todo. Asentí cada cosa dicha. Es que las heridas vienen a mostrarse para que las veas y no las juzgues. Ella me convocó desde la profundidad de mí ser. Yo accedí a su voz indecible. Y el socorro se volvió salvación. Lo que dolía ahora acariciaba. Lo que asustaba ahora me retenía a acompañarla. Una simbiosis de eclipses precipitantes. Una galaxia llena de posibilidades. Un entrelazamiento cuántico que atravesaba distancias inmensurables.
No te suelto - le dije. Ya no más dos, ahora una. Ya no más soledades al filo del abismo. Ya no más acantilados al vacío. Ya no más estanques secos. Ya no más….
Y allí, en la profundidad de cada pupila, nuestros espejos del alma sacudieron la eternidad. Ahora con una sola mirada, ahora con un solo sentir. Ahora la bruma ya no tiene consistencia. Ahora el ruido del alma será calmado para siempre desde la inmensidad.


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