Elio (2025): Al infinito, no muy allá. 

En los pasillos de Pixar, alguna vez se respiró un aire casi místico: el del riesgo creativo entendido como política de empresa. Era la época dorada narrada en Creatividad S.A., cuando la filosofía de Ed Catmull y John Lasseter defendía a muerte la idea de que el corazón de una historia era más importante que cualquier comité de marketing. Con Elio, Pixar intenta volver a ese espíritu: una historia original, sin la red de seguridad de Woody, Buzz o Dory. Sin embargo, tras una producción más confusa que el mapa galáctico de su protagonista, la película se queda a medio camino: algo divertida, algo tierna, algo novedosa y algo repetida. Pero nada del todo. Como si el estudio hubiese querido hablar con honestidad… pero se distrajera chequeando las métricas del box office.

Elio narra la historia de Elio Solis (voz de Yonas Kibreab), un niño huérfano que vive con su tía Olga (Zoe Saldaña), militar de carrera que sacrifica su propio sueño de ser astronauta para criar a su sobrino. Entre la culpa por la muerte de su madre y la sensación de no pertenecer, Elio pasa sus tardes en un museo aeroespacial, donde sueña con que alguien –o algo– allá afuera le devuelva un sentido de conexión. La chispa narrativa surge cuando, usando tecnología militar de la base donde trabaja Olga, Elio logra responder un mensaje interestelar que llega a la Tierra vía las míticas sondas Voyager. Así, el chico es abducido por el “Communiverse”, una suerte de consejo galáctico multiespecie que, por un malentendido, cree que Elio es el líder del planeta.

En este punto, la película despliega su mejor carta: el potencial de una mirada infantil sobre la abducción, la vida extraterrestre y ese deseo casi universal de encontrar que no estamos solos. Es un terreno poco explorado desde E.T. (1982), y que Elio roza con sinceridad: la amistad que nace con Glordon, el hijo pacifista de un emperador galáctico belicoso; el anhelo de Elio por ser visto; y la paradoja de sentirse más cómodo entre alienígenas que en la propia Tierra. Pero ese potencial se queda en sugerencia: la película abre muchas puertas, pero pocas las cruza a fondo. Se nota que hubo una pulsión auténtica de hacer algo fresco… y que en algún punto del camino, la brújula creativa empezó a girar en círculos.

No es casual: Elio es producto de un proceso que, según trascendió, pasó por tres directores y varios guionistas . El resultado se siente, como dicen en inglés, “a mood board come to life”: retazos visuales y narrativos de Close Encounters, Galaxy Quest, y hasta Lilo & Stitch. Hay escenas genuinamente bellas, como las que muestran a Elio grabando mensajes en la arena para quien pueda leerlos desde el espacio; y otras que parecen demasiado mecánicas, como si hubiesen sido diseñadas para el trailer. En conjunto, la película alterna entre la sinceridad emocional de Pixar y la previsibilidad de la animación familiar contemporánea.

UN ADELANTO DE “ELIO”, LA NUEVA PELÍCULA DE DISNEY Y PIXAR ...
Elio - Disney Pixar

La paradoja se profundiza si miramos lo que pasó puertas afuera. Estrenada en un contexto complicado –pisada por How to Train Your Dragon (live action) y con Lilo & Stitch todavía fuerte en cartel–, Elio tuvo el peor arranque de taquilla de la historia del estudio: 21 millones domésticos y 35 globales en su primer fin de semana, frente a un presupuesto que ronda los 150 millones. “Son números decentes para cualquier película animada original, pero esto es Pixar”, resumió un analista en Variety. La comparación es inevitable: un año antes, Inside Out 2 rompía récords. El contraste entre el músculo comercial de las secuelas y la fragilidad de las apuestas originales pinta de cuerpo entero el dilema que atraviesa Pixar desde la pandemia.

Elio no es la primera víctima de este escenario: Onward (2020), Lightyear (2022) y Elemental (2023) también sufrieron el desgaste de una audiencia que aprendió a ver los estrenos de Pixar en Disney+, y que hoy parece más dispuesta a pagar una entrada por lo conocido que por lo nuevo. En el fondo, el desafío sigue siendo el mismo que en los tiempos de Creatividad S.A.: ¿cómo hacer películas originales que sean, a la vez, vendibles? En Elio, Pixar intenta equilibrar el corazón (una historia sobre duelo y pertenencia) con un envoltorio de space opera que, paradójicamente, termina siendo más genérico que innovador.

Narrativamente, la película funciona mejor cuando se detiene en lo pequeño: el duelo de Elio, la crisis de Olga, la amistad improbable entre el chico y Glordon. Hay momentos en que asoma la vieja magia de Pixar: silencios cargados de sentido, miradas que dicen más que los diálogos, un colorido universo alienígena que despierta asombro infantil. Pero en su segundo y tercer acto, Elio empieza a verbalizarlo todo: los personajes explican sus miedos, sus traumas, sus intenciones. Como si los realizadores no terminaran de confiar en que los niños (y los adultos) pueden leer entre líneas.

Elio”: fecha de estreno confirmada y tráiler de lo nuevo de Disney ...
Elio - Disney Pixar

Visualmente, el film es elegante, aunque no deslumbrante. Se nota un trabajo delicado en la paleta (verdes y azules suaves) y en el diseño del Communiverse, que recuerda a los mejores concept arts de Wall·E o Monsters Inc.. Pero también hay algo estandarizado en el acabado: una pulcritud casi aséptica, que deja poco margen para lo impredecible. Quizás porque, como reconoció el propio presidente de Pixar, Jim Morris, la presión por ajustar presupuestos sin deslocalizar la producción (que Pixar sigue haciendo íntegramente en EE.UU.) obliga a decisiones más conservadoras.

Más allá de lo industrial, queda la pregunta esencial: ¿qué quería contar Elio? Su respuesta más honesta surge cuando la película deja de lado la pirotecnia intergaláctica y se centra en la experiencia del chico: la soledad que te empuja a buscar vida más allá; la culpa por pensar que arruinaste los sueños de quien te quiere; y la belleza simple de encontrar a otro “bicho raro” (Glordon) que te entiende sin palabras. Es ahí donde el corazón de Pixar late más fuerte, aunque esta vez no bombea con la potencia de Coco o Inside Out.

Lo más frustrante es que había una veta casi inexplorada: el fenómeno ovni contado desde la infancia, con la mezcla de miedo y fascinación que eso implica. Desde E.T. no veíamos un blockbuster animado que pusiera a un niño en el centro de una historia de contacto extraterrestre, y Elio pudo ser ese puente entre Spielberg y la animación contemporánea. La película coquetea con esa idea (la soledad como motor del contacto, el misterio de lo desconocido), pero rápidamente prioriza la estructura de “niño en misión diplomática” que, aunque simpática, se siente menos arriesgada.

El resultado es un film que conmueve en algunos pasajes, divierte en otros, y deja la sensación de que algo grande se perdió por el camino. Que el corazón está ahí, visible, pero no del todo entregado a la historia. Como si Pixar, esta vez, hubiera preferido no apostar el todo por el todo. Y, en el fondo, esa falta de compromiso total es lo que más extrañamos de la vieja guardia del estudio: la convicción de que era mejor fracasar intentando algo genuinamente nuevo que conformarse con un “casi”.

Nuevo póster de
Elio - Disney Pixar

En el último plano, cuando Elio por fin se siente parte de algo más grande, entendemos lo que quiso ser la película: un homenaje a la necesidad universal de conectar. Pero el viaje que nos lleva hasta ahí, aunque entretenido, nunca despega del todo. Y salimos del cine con una certeza melancólica: Pixar sigue teniendo el talento, las ideas y el corazón. Lo que parece faltarle, esta vez, es la fe ciega que alguna vez tuvo en su propia capacidad para reinventarse.

Tal vez, como el propio Elio, Pixar está buscando señales allá afuera para saber quién quiere ser. Ojalá las encuentre. Porque la galaxia de la animación, más que nunca, necesita que Pixar vuelva a ser ese faro que iluminaba el camino… incluso si a veces eso significaba perderse en el espacio.

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