No se terminan de extinguir... 

¡Ay, cuánta obsesión con aquellas criaturas! A esta altura, debemos recordar que no son pocas las películas que nos advierten sobre las trágicas consecuencias de convivir con dinosaurios. Digámoslo de una vez: ¡no es una buena idea!

Dicho esto, juguemos a la ficción que tanto nos gusta. Por ahí algún trasnochado con buenas intenciones nos propone la idea de pensarnos en un mundo en el que humanos y ¿reptiles? ¿aves? prehistóricas contemplen los mismos amaneceres y se mojen con las mismas lluvias. Descartemos las vicisitudes tecnológicas y científicas que lo hicieron posible. De pronto ellos están acá (o nosotros allá). ¿Qué hacemos como humanidad? La respuesta la arriesgo rápidamente sin ninguna pausa dramática innecesaria: acabaríamos con ellos de la misma manera que lo hacemos en la realidad real que nos toca con tantas otras formas de vida.

“¡Pero así el juego es aburrido!”, grita uno desde el fondo. Está bien. Vayamos a menos, como se dice, y sigamos con el juego.

Podríamos pensar que antes de la extinción inexorable, utilizaríamos a estas variadas formas de vida como animales de trabajo. Lo hemos hecho con los caballos, las vacas, los burros, los perros y con cualquier otra cosa que se mueva. (Exceptuamos a los amos del universo infinito, los gatos, que como bien sabemos han decidido establecerse en este mundo con el objetivo de esclavizarnos y de ser endiosados por nosotros, ínfimos e insignificantes humanos).

Lo hicieron los geniales y anacrónicos Picapiedras. Lo repetiríamos nosotros en este mundo imaginario. Por ejemplo, un braquiosaurio funcionaría las veces de grúa en el sector de construcción. Esto permitiría un enorme ahorro de energía y un enorme gasto de mantenimiento. Un velociraptor sería reducido a un mero animal de carrera reemplazaría a las recientes canceladas carreras de perros. Un tiempo después, los grupos ecologistas o animalistas (siempre al servicio de cuidar los intereses de los animales y odiar profundamente a la humanidad) conseguirían la prohibición de estas carreras. También los triceratops resultarían de gran utilidad a la hora de mover escombros o de transportar grandes cantidades de material en una obra.

En fin, creo realmente que esta realidad de obrero precarizado es la que les depararía a los dinosaurios en caso de que por alguna casualidad cósmica acabaran conviviendo con este menos monstruoso ser que es el ser humano.

Pero no será este el último eslabón de maldad. Lo cierto es que al poco tiempo descubriríamos que no son fáciles de domesticar, y que los gastos de mantenimiento (sólo en alimentación representaría un gran déficit para el mundo). Por lo que no tardaría en aparecer el Congreso de cierto país del norte a legislar sobre una empresa petrolera, a la que se le permitiría la cría exclusiva de dinosaurios, para su explotación como materia prima del petróleo. Esta compañía habrá desarrollado una tecnología que acelera en millones de años la descomposición de los restos orgánicos de los dinosaurios.

No hay ciertamente un final feliz ni parque jurásico. Sólo el ser humano haciendo cosas de seres humanos. Solamente dinosaurios que sabiamente, ya sea por acción divina o por casualidad cósmica, han desaparecido muchos años antes de que nosotros habitemos el planeta.

Este texto es de mi exclusiva autoría y no se ha utilizado inteligencia artificial para su creación.

Las imágenes fueron creadas por la inteligencia artificial chat gpt.

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