Son los momentos en los que se percibe la desesperación de un equipo de producción compuesto por miles; cuando se disuelve la delgada línea de misterio entre el espectador y el creador, y uno asiste al espectáculo de un desastre completo que humillará a un nombre de marca masivo. Es histórico, si acaso los historiadores pudieran superar el pudor de considerar al blockbuster como objeto de estudio legítimo, afirmo sin reservas que el fracaso de este producto es una etapa importante y significativa en la historia del medio. Un ejemplo brutal de la importancia de la visión y planificación en el cine, así como la codicia y desprecio que surgen cuando se trata al medio con condescendencia. A mi parecer, el colapso del universo cinematográfico de DC Comics es relevante para comprender una crisis que ahora parece impactar al cine comercial a nivel general. Debido a ello, es imprescindible iniciar con el frágil castillo de naipes que se construyeron con pegamento de marketing.
Tras el estreno de Man of Steel (2013), era fácil notar que había un nuevo conductor al volante. El tratamiento del personaje de Superman fue llevado a ciertos extremos, aparentemente con el objetivo de traerlo a la realidad. Fue inmediatamente controversial, con buena razón, pues el superhéroe dejó de ser una caricatura de esperanza y justicia encarnadas. Se hizo evidente para mí, mucho tiempo después, que este nuevo camino que se tomó buscaba replicar el éxito de Christopher Nolan y su versión de Batman. Escribir si pienso que el director, Zack Snyder, logró expresar su visión de un universo habitado por superhéroes vueltos trágicos y oscuros con la claridad, tacto y tiempo requerido no es el tema de hoy.

Pero definitivamente no sería el caso luego de que Batman v Superman: Dawn of Justice (2016) fuera soltada sin piedad al público inocente. No fue exitosa a nivel financiero y fue notablemente criticada por todas partes. El cine de superhéroes de Snyder pretendía ser algo más, trascender el molde de su propio género, entre otros puntos. Le sigo atribuyendo el premio a “Única Película que me hizo dormir en el Cine” a esta belleza debido a su demandante y poco satisfactorio ritmo y duración, finalizando con una batalla de 10 minutos. El salto desde una historia de origen de Superman a un drama político entre numerosos personajes en su primera introducción fue un giro que funcionaba de alarma. Warner Bros no tenía interés en construir meticulosamente un universo para rivalizar a Marvel, quienes se acercaban a la cúspide suprema de su popularidad jamás replicada o igualada.
Sin embargo, DC se dio un tiempo para intentar diversificar este nuevo mundo antes de su gran espectáculo. Y lo hizo arrastrando a Suicide Squad (2016) de la casa de edición y embelleciéndolo con trailers estilizados con los cuales confieso haber sido seducido. En concepto, presentaba a un elenco inusual de villanos siendo forzado a ser perros de ataque por el gobierno, potencialmente creando dinámicas dramáticas muy creativas. La película, a pesar de ello, no logró mantener la ilusión el día del estreno y sigue siendo el hazmerreír de su respectivo año hasta el día de hoy. Contando también con una de las propuestas visuales de peor gusto de las que tengo memoria, la recepción crítica fue tan humillante que es comparable a la estrella de esta ocasión, y no dudo que merezca uno o más artículos enteros. Es sencillo de notar al observar por una fracción de segundo de cualquier material visual relacionado a Suicide Squad que había una obvia falta de cohesión entre esta entrega y el resto tanto del pasado como el futuro. El control tonal y respeto por el progreso son factores que solidificaron el modelo de Marvel durante aquello tiempos.

El próximo año, Wonder Woman (2017) sería el último intento de generar la suficiente fe en el público como para no estrellar el tren contra la pared de ladrillo que construyeron para el final de este año. Siendo el trabajo más competente de la franquicia hasta ese entonces, recibió críticas positivas y un desempeño satisfactorio en la taquilla. Destaca la dirección de actores de Patty Jenkins mientras sufre por su débil ejecución de escenas de acción. No deja de derivar de múltiples películas del género, mientras que el limitado rango actoral de Gal Gadot fracasa en darle vida a esta versión moderna de la Mujer Maravilla. La película se adhiere a la plana y aburrida propuesta del universo a nivel general, de forma que no adopta una personalidad propia o desarrolla el mundo en preparación para lo que viene. Una situación similar a poseer la fórmula secreta sin contar con el resto de los ingredientes necesarios, el resultado: un puré gris insípido y sin identidad.
No es necesaria más evidencia de que parte del fracaso de Justice League surge de la insistencia de realizar cambios a último minuto con el objetivo de copiar tendencias de su rival en la industria: Suicide Squad, meses antes del estreno se adaptó a un tono cómico y atrevido que imitaba a Guardians of the Galaxy (2016), Wonder Woman deriva de muchas obras tempranas de Marvel y Justice League terminó representando la obvia y esperada colisión entre todos estos personajes. Las diferencias se hicieron aparentes cuando se aceleró la producción después de la primera entrega. Los ejecutivos anhelaban los billones de dólares sin el arduo trabajo que conlleva construir un público específico del medio. Es una razón por la cual es fácil de encontrar a alguien viendo una película de Marvel sin ser seguidor de la franquicia en primer lugar. DC plantó su semilla muy tarde, sin espacio en el terreno o nutrientes artificiales que rociarle.

Otro clavo en el ataúd sería la repentina salida del proyecto por parte de Zack Snyder debido a una tragedia personal. En lo que imagino como un completo pandemonio de asociados, productores e inversores atropellándose los unos a los otros, las riendas del caballo se le fueron entregadas a la opción menos esperada —o más predecible, según el nivel de cinismo de cada uno hasta ahora: Joss Whedon, director de The Avengers (2012).
Justice League continúa después del final abierto de Batman v Superman: Dawn of Justice. Tras la muerte de Superman, Batman descubre indicios de una inminente invasión a la Tierra por lo que decide formar un escuadrón de superhéroes. Para este nuevo equipo, se introducen nuevos personajes como Aquaman, Cyborg y Flash, quienes no tuvieron tiempo en pantalla previamente. La trama no busca distinguirse de su contraparte, introduciendo un villano secuaz e inferior a lo que sería una especie de mente maestra para enfrentar en películas del futuro (películas que ahora nunca verían la luz del día) que busca apoderarse de un objeto mágico con poderes inimaginables. La historia simplemente no tiene el tiempo o el trabajo de guion necesario para establecer una química positiva entre estos personajes, aproximándose a una ruptura hacia la parodia (un efecto fácilmente identificable en su competencia). La mayoría de las características icónicas de los personajes están ausentes, Batman jamás se había sentido tan abstraído de su personalidad detectivesca y estoica, pues las interpretaciones son vagas y sin presencia, específicamente las de Ben Affleck, Ray Fisher y Gal Gadot.

Whedon y Snyder tienen estilos de dirección fundamentalmente opuestos y esencialmente incompatibles con lo que DC se intentaba posicionar en la industria. El producto fue un caótico Frankenstein de intervenciones y regrabaciones que rogaba ser liberado de su miseria, o en este caso, retirado de las salas de cine. Bajo la pretensión de ser la opción perfecta para realizar la tarea hercúlea de salvar la controversial visión de Snyder, Whedon volvió a filmar casi un tercio de la película, Considerando el producto final, claramente estaba dando todo lo posible por apelar a los fanáticos de la misma forma que The Avengers, ya que la gran mayoría de escenas añadidas al corte son de alivio cómico. Errores de raccord obvios y abundantes que delatan el caos detrás. La corrección de color también fue retocada, esencialmente saturando toda la paleta de colores. Los efectos especiales no recibieron el trato y tiempo necesario para un proyecto tan ambicioso por lo que se asemejan a muchos productos actuales, inacabados. El corte final fue reducido a un par de horas. La película estaba tratando de hacerse pasar como otra edición de Los Vengadores, pero se desploma contra el suelo intentando replicar una reunión satisfactoria de superhéroes icónicos.
En fin, las pruebas están en las cifras. Justice League recaudó $660 millones de dólares con un presupuesto de $300 millones. Esto la convirtió, en su momento, en la película más costosa en la historia. Por encima de ello, más que nada, la volvería un total fracaso en la taquilla. Una película de acción protagonizada por algunos de los superhéroes más conocidos en el planeta durante la cima del afán público por estas historias perdió en la taquilla contra una secuela de Deadpool. Es clave recordar que el punto de equilibrio corresponde al doble del presupuesto. El blockbuster está llegando al límite de cuánto se puede inflar el presupuesto al punto de ser imposible de recuperar, y últimamente estos problemas se hacen más comunes en este tipo de cine.

Justice League termina siendo una amarga lección sobre la importancia de una gestión diciplinada de proyectos y la mortalidad del género. No están exentos a las reglas que determinan el éxito o el fracaso mediante la visión, incluso si no es su intención ser arte. Warner Bros y DC nunca se recuperaron de este desastre y el puñado de películas que le siguen no logra recuperar el impulso sin empezar de cero. El ambicioso corte de director escabullido por Zack Snyder, bajo campaña de sus fieles y resilientes seguidores, destaca la agotadora duración de cuatro horas en un intento de redimir su visión, pero no logró resucitar el interés o desvanecer el desencanto. Lamentablemente, tampoco consiguió mantenerme despierto. Puede que retratar a la Liga de la Justicia como un sombrío grupo de justicieros omnipotentes sin motivación y en estilo noir tampoco haya logrado mover las olas en primer lugar. Sin embargo, es innegable que ondas de choque causadas por esta historia resuenan hasta hoy, ahora que la fórmula de los grandes éxitos en taquilla está a punto de ser aplastada bajo su propio peso.



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