Después de pasar días viendo el anuncio de "Nonna" en Netflix, decidí darle una oportunidad. Una de las cosas que me hacía procrastinar con esta película era que no soy muy fanática de las actuaciones de Vince Vaughn.
Realmente, para mí, siempre les falta un poco de sal y pimienta a sus actuaciones (opinión personal, no es un hecho), pero debo decir que el tráiler me atrapó, más que es una historia real y, sumado al tema de las “nonnas”, junto con Susan Sarandon y Joe Manganiello, me dejé tentar.

Fue una grata sorpresa darme cuenta de que haberle dado la oportunidad valió toda la pena del mundo, porque esta película es de esas que te reconfortan el alma y te resetean el ánimo.
Es una historia simple, pero no ajena, con un giro que conecta. Es una oportunidad para uno mismo, darle la oportunidad a otro de encontrar un nuevo sentido a la vida, luego de una pérdida.
Al igual que con el personaje de Vince, Joe, la siguiente estación de la vida, luego de perder a un ser querido tan fundamental como nuestra madre, es el limbo. Es un antes y un después en la vida, por eso no parece descabellado pensar que podamos hacer cosas que jamás imaginamos.
Es ahí donde entra la otra pata de esta mesa: la comida.

¿Quiénes de los que tuvimos la dicha de tener una abuela maravillosa, que además nos amaba a través de la comida, no tiene una imagen en su baúl de los recuerdos de aquella mujer frente al fogón, con un delantal de flores (quizás) y poniendo todo su amor en cada pequeño detalle, mientras nos lanzaba una mirada fugaz llena de amor?
En eso se resume "Nonna"... Entre el duelo, la risa (que siempre está muy cerca de la tristeza, como un mal chiste de la vida) y las ganas de mantener vivo el recuerdo de lo más querido, transcurre esta historia.
Las actuaciones son destacables, como las de Lorraine Bracco, quien interpreta a Roberta, una mujer encerrada en un ancianato que lidia con las consecuencias de llevar como herencia familiar un carácter que no se sabe doblegar fácilmente.

También las de Brenda Vaccaro, que interpreta a Antonella, quien pasa sus días encerrada sola en casa hablando con el retrato de su difunto esposo.

Actuaciones como la de Talia Shire (quien es conocida por su papel de Adriana Pennino Balboa, la esposa de Rocky) como Teresa, quien intenta buscar su lugar en un mundo donde parece no encajar.

Y por último, pero no menos importante, Gia, interpretada por Susan Sarandon, una mujer que no quiso (o supo) seguir los requisitos de "mujer de un solo hombre", con hijos, patio y y jardín.

Todas ellas en búsqueda de un lugar donde sentirse aún parte de algo (¿no es un poco como nos sentimos todos?) y que encuentran en un anuncio del periódico (o en un pedido de ayuda) el motivo para volver a vivir, sintiendo que vale la pena abrir los ojos cada mañana.
Como verás, soy una romántica de estos temas porque para mí es la esencia del cine: contar historias que se parecen mucho a la realidad. Todo bien con los superhéroes y los cuentos de hadas, pero la vida real con sus tramas y dramas tiene su propio encanto, sobre todo cuando sabemos transformar una mala jugada en los puntos que nos faltaban para ganar la partida.





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