Y si los dinosaurios vivieran hoy...
No sé si correría a esconderme o me quedaría mirando, con los ojos abiertos como un niño, el cuello largo de un braquiosaurio asomándose entre los edificios.
Nunca soñé con tener uno como mascota. Pero sí me pregunté muchas veces, mientras jugaba con figuras de plástico o miraba Jurassic Park por cuarta vez en un mismo fin de semana, cómo sería si esos gigantes nunca se hubieran ido. Si el mundo, de alguna manera, tuviera que aprender a vivir con ellos otra vez. No como espectáculo. Como vecinos. como parte de nosotros.
Hoy tengo más de treinta. Y en este mundo tan caótico, con tanto ruido, tanta urgencia, tanto cemento… me gusta imaginar que, si los dinosaurios regresaran, no vendrían a destruirnos. Vendrían a recordarnos lo pequeños que somos. Y no en tamaño, sino en humildad.
¿Qué haría si los dinosaurios vivieran hoy? Creo que haría silencio.
Caminaría por una ciudad transformada, donde las calles estén reforzadas para soportar las pisadas de un triceratops, y los parques se amplíen para que vuelen los pterosaurios. Me detendría a observar cómo la humanidad, por una vez, no puede controlar algo. No puede dominarlo. Solo adaptarse.
Quizá también tendríamos miedo. Claro que sí. La historia humana ha reaccionado así ante lo desconocido durante siglos. Pero tal vez, después del susto inicial, algo en nosotros cambiaría. Porque no hay ego que se sostenga frente a un tiranosaurio que te mira a los ojos desde las ruinas de lo que creíste eterno.
Yo, personalmente, escribiría. Me sentaría en una colina o en el último piso de un edificio con vista a lo imposible, y escribiría sobre cómo nos reordenamos. Sobre cómo algunos humanos buscaron domesticarlos, y otros decidieron protegerlos. Escribiría sobre una niña que creció abrazando el cuello de un dinosaurio herbívoro, y sobre un anciano que lloró al ver volar un animal extinto sobre su casa, como si se abriera el cielo.
No todo sería hermoso. Algunos usarían a los dinosaurios como armas. Otros, como símbolo de poder. Pero en medio de todo, yo querría encontrar a quienes decidan escucharlos. A quienes comprendan que el verdadero mensaje de su regreso no está en su fuerza, sino en su permanencia.
Porque si algo tienen los dinosaurios es eso: resistieron el tiempo. Fueron borrados por catástrofes, por hielo, por fuego, por olvido. Y aun así, seguimos hablándoles. Los pintamos en las paredes, los guardamos en libros, los revivimos en películas. Los hicimos parte de nuestra memoria, aunque ya no estaban.
Si regresaran hoy, yo no les tendría miedo. Me acercaría con respeto. Como quien se reencuentra con algo sagrado.
Y quizás, solo quizás, ellos vendrían a enseñarnos lo que hemos olvidado: que el mundo no nos pertenece. que ha pesar de ser tan inteligentes olvidamos lo que realmente importa. Que la tierra, antes de nuestras guerras, nuestras torres y nuestros algoritmos… fue un lugar libre. Y que todavía, si escuchamos con atención el retumbar de sus pasos, podríamos aprender a compartirla otra vez.



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