Pulp Fiction, Amor en Tiempos Violentos  

Al pensar a grandes rasgos en Tarantino, no me imagino a un hombre que suspira al ver un beso apasionado en una película romántica, o a alguien que se emocione cuando el chico debe recuperar a la chica en el típico clímax del género. Pero, si hacemos un recorrido rápido por la filmografía de este, podemos ver cómo el romance mancha todas sus historias de una forma u otra.

Por ejemplo, el romance entre Jackie y Max en Jackie Brown, que parece una historia aislada a la historia principal, en la que en realidad Max ni siquiera parece implicado en nada relacionado a otros aspectos de la vida de Jackie que no sea el de un enamorado en cualquier película romántica, y no en una pelicula de criminales y robos. ¿O qué me dicen de la boda de The Brite donde la venganza es promovida por un amor resentido, en este caso el de Bill? También vemos esto mismo, en Bastardos sin Gloria y ese corto beso entre Shosanna y Marcel o la búsqueda de Django al recuperar a su esposa esclavizada. Y así podríamos seguir, concluyendo que Tarantino resulta todo un romántico… a su manera.

Pero sin duda mi ejemplo favorito es Pulp Fiction. Que a grandes rasgos cuenta tres historias románticas. Sí, sí, ¡románticas!. Empezando por Bunny y Pumpkin, una copia de Bonnie y Clyde, que en vez de ir por Texas robando bancos, roban restaurantes de forma táctica y muy bien respaldada en el primer diálogo entre ambos. Si bien no son la pareja más interesante, Tarantino les da el final más redentorio y hasta satisfactorio de la cinta, pues si nos damos cuenta, al final en el mal logrado robo, todo termina bien, con ambos llevándose varias billeteras, el dinero de la caja… y con Pumpkin comprando su vida, ¿que mejor golpe que ese?

Después tenemos a Butch y Fabienne, un luchador que es tan duro que mata a su contrincante en una pelea planeada y también que es el hombre soñado de cualquier mujer a la que le gusten los hombres tiernos y dulces. Sin duda esta relación es la más romántica de la película, pues ambos desean escapar con el dinero, y eso es algo con lo que nos podemos identificar, pues este objetivo está evidentemente influenciado por el amor. Aunque aparentemente Butch se muestra violento, Fabienne es ese inhibidor que logra tranquilizarlo y mostrar otra faceta en él, la de una persona que puede reiniciar su vida fuera del ring y de la mafia. La escena más íntima es cuando Fabienne le comparte su implícito deseo de tener un bebé, a lo que Butch parece estar de acuerdo. Sin duda, una de las parejas más puras de la filmografía del director.

Por último, creo yo que tenemos que hablar de una de las parejas más icónicas de la historia del cine y, en lo personal, de mis parejas favoritas del séptimo arte. Mia y Vincent son una tragedia andante, un amor imposible entre un empleado y la esposa de su jefe, o en este caso entre un gángster y la esposa de un capo del crimen. Poco a poco, Vincent se ve atraído por Mia, que parece solitaria y empeñada en seducirlo, aunque a veces de forma un poco torpe.

Aunque parece que él es desinteresado y soso, la química es inevitable, y la tensión invade la pantalla. “Ahí es cuando sabes que has encontrado a alguien realmente especial; puedes callarte la boca por un minuto y compartir cómodamente el silencio”. Y eso hacen. Después, en un acto de una damisela recién liberada, Mia decide participar en un concurso de baile, y Vincent, el gangster serio y frío, acepta participar sin renegar demasiado, cosa rara.

Al volver con el trofeo, la tensión se rompe, y lo evidente va saliendo a la luz. Vincent entra al baño de la mansión, y tiene un diálogo consigo mismo en el que se dice que no hará nada con Mia que ponga en riesgo su trabajo… o su vida. Esta preocupación dura poco, hasta que él la ve con una sobredosis en el sofá. Si me preguntan a mí, si Mia no se hubiera mandado ese paquete de polvo blanco y lo hubiera esperado en el sofá, Vincent habría tirado su mantra del baño a la basura, y la historia de ambos sería muy parecida a la de Butch y Fabienne. Pero saltando un poco en la historia, y después de un frenético momento en el que Mia casi muere, la despedida de estos personajes es un beso que nunca fue, y que ella nunca se enteró que él le dio.

Obviamente, narrado desde una perspectiva aislada de toda la violencia y excesos, podemos ver el romántico que yace en el fondo de Tarantino, que ha aceptado que es fan del género, pero que, a final de cuentas, adapta de una forma muy innovadora en distintos géneros. Y que entra de forma perfecta en una actualidad donde el romance “tradicional” es cada vez más atípico en nuestros días y en el cine.

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