Reflexiones desordenadas sobre el apocalipsis jurásico. 

Si tuvieras un dinosaurio colosal frente a ti, ¿estarías aterrado o emocionado?

Un día, cuando era niña, tuve un sueño al respecto. Corrí y corrí, hasta que caí en la cuenta de que la situación que estaba viviendo era demasiado absurda. Me detuve en seco y me giré a verlo tranquilamente. Fue como experimentar un videojuego glitcheado en carne y hueso; el dinosaurio que, por cierto, era un T-rex (muy original, lo sé) se pixeló, para después caer en pedacitos al frío suelo polar. Me sentí poderosa. Sabía que estaba soñando, pero es de esas veces que deseas tener esa clase de control en la vida real.

Ahora me doy cuenta que por esa razón siempre se plantea el control humano sobre lo desconocido, incluso en la ficción. No podemos evitar involucrarnos. Nos cuesta dejar que las cosas simplemente sucedan. Los guionistas ni siquiera exploran la posibilidad de lo contrario. Tenemos que tener un papel protagónico, para bien o para mal.

Si lo transpongo a la vida real, probablemente pasaría lo mismo… pero sin ser los “bad-ass” de la ciencia ficción. Siendo sincera, hasta da pereza pensar en eso. Porque ganemos o perdamos, todo terminaría mal. Ah, pero sin duda la vida sería más emocionante. Corta, pero emocionante.

Por eso, lo que más me interesa dentro de esta posibilidad es: ¿por qué se daría nuestro encuentro? En el cine se han explorado ya diversas posibilidades. Mi favorita personal es el experimento fallido que se sale de control… incluso el sacerdote poseído por un espíritu de velociraptor (una disculpa por semejante referencia).

Sin embargo, aquí quiero ahondar en el vasto universo de los kaijus. De estos, muchos han sido inspirados en estas criaturas prehistóricas, aunque agregándole un trasfondo más fantasioso. Lo que me encanta.

Qué bárbara la idea de seres colosales que han estado ocultos en partes recónditas del planeta, probablemente también con un origen cretácico. Otros incluso resultando de mutaciones genéticas por los desechos que nosotros mismos producimos… hasta es poético. Si habrá un apocalipsis, por favor que sea ese. Me encantaría pasar mis últimos momentos asombrada y horrorizada por el descubrimiento de semejantes criaturas. Puede que hasta dioses despiadados.

Ahora bien, nuestra fiebre de control sería la misma. Bueno… la de los que pueden, porque el resto de nosotros, los simples mortales, probablemente correríamos en círculos esperando que pase lo peor. Unos rezando, otros armándose de valor para el nuevo orden mundial, y yo, por ejemplo, buscaría si por allí aparece alguno de tamaño compacto. Si los dinosaurios fueron, en su mayoría, incluso más pequeños que nosotros, no veo por qué los kaijus no. Puede que incluso sean amigables, y lleguen a ser mascotas modernas.

¿Mencioné que soy veterinaria de profesión? Pues también me emociona esa parte. Ya es difícil aprender sobre tantas especies existentes, pero que excitante se tornaría mi carrera si de paso puedo tratar especies totalmente novedosas. Me pregunto si ellos también serán un problema para cortarles las uñas y ponerles sus vacunas. Y quién sabe con qué tipo de correa deberíamos contenerlos. Hasta regresaría a ejercer mi profesión con tal de vivir la experiencia.

Pero, siendo más realistas, dudo que lleguemos a ese tipo de convivencia siquiera. Si coexistiéramos en el mismo plano, puede que las personas comunes ni nos lleguemos a enterar. Los mantendrían como un secreto, como ya han sabido hacerlo con otros fenómenos, incluso menos impactantes.

Me gusta imaginar que ya están aquí. Aunque… puede que esa sea mi niña interior fantaseando con una realidad donde nuestras desgracias sean por un factor externo, al contrario de como es en el presente.

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