El café está tranquilo. Ladrillo a la vista, música indie de fondo. Clara llega primero. Lleva su cuaderno de dibujos como escudo emocional. Mira su celular, lo bloquea, lo desbloquea. Nervios. Leo aún no llega.
CLARA (voz en off):
“¿Y si todo esto fue solo idealización? ¿Y si no hay química fuera de una pantalla?”
Una campanita suena. Entra LEO. Jeans gastados, campera negra. Se miran. Ninguno sonríe de inmediato. Es una mezcla de vergüenza y expectativa.
LEO
(sincero, torpe)
—Hola. Sos real.
CLARA
(media sonrisa)
—Y vos más alto de lo que pensaba.
Se ríen. Se sientan. Silencio. No incómodo, sino frágil.
LEO
—No sabía si darte un abrazo o un emoji de corazón.
CLARA
—Probá con un café primero.
Él asiente, va a la barra. Clara lo observa de espaldas, luego abre su cuaderno. Hay un dibujo de Leo, hecho de memoria.
Leo regresa con dos cafés.
LEO
(mirando el cuaderno)
—¿Ese soy yo?
CLARA
—Shhh. Es una versión beta.
Se miran. Esta vez, largo. Algo cambia en el aire: un comienzo.
LEO (sonriendo, tocando la taza)
—¿Y qué tal va la beta? ¿Muchos bugs?
CLARA (encogiéndose de hombros)
—Todavía no le encontré el botón de apagar pensamientos.
LEO
—Me pasa igual. Estoy como... con el corazón haciendo buffering.
Clara ríe, bajito. Él la acompaña.
CLARA
—No pensé que fueras tan literal como en los mensajes.
LEO
—Y yo no pensé que tu risa me iba a desarmar tanto.
Pequeño silencio. Esta vez, cómodo.
CLARA
—¿Te das cuenta que estamos hablando como si alguien estuviera escribiendo esto?
LEO
—Capaz alguien lo está haciendo. O capaz somos buenos en esto... cuando no tratamos de serlo.
Ella cierra el cuaderno. Lo apoya sobre la mesa.
CLARA
—Bueno. Entonces empecemos sin guion.
LEO
—Dale. Pero si me trabo, decime "acción".
Sonríen. Afuera, empieza a llover suave. Adentro, se quedan. Café, dibujos, miradas. Un comienzo, ahora sí, sin pantallasLEO (sonriendo, tocando la taza)
—¿Y qué tal va la beta? ¿Muchos bugs?
CLARA (encogiéndose de hombros)
—Todavía no le encontré el botón de apagar pensamientos.
LEO
—Me pasa igual. Estoy como... con el corazón haciendo buffering.
Clara ríe, bajito. Él la acompaña.
CLARA
—No pensé que fueras tan literal como en los mensajes.
LEO
—Y yo no pensé que tu risa me iba a desarmar tanto.
Pequeño silencio. Esta vez, cómodo.
CLARA
—¿Te das cuenta que estamos hablando como si alguien estuviera escribiendo esto?
LEO
—Capaz alguien lo está haciendo. O capaz somos buenos en esto... cuando no tratamos de serlo.
Ella cierra el cuaderno. Lo apoya sobre la mesa.
CLARA
—Bueno. Entonces empecemos sin guion.
LEO
—Dale. Pero si me trabo, decime "acción".
Sonríen. Afuera, empieza a llover suave. Adentro, se quedan. Café, dibujos, miradas. Un comienzo, ahora sí, sin pantallas.
UNA HORA DESPUÉS
El café se fue enfriando. Las tazas siguen ahí, vacías. Clara y Leo hablan bajito, como si el mundo alrededor se hubiera apagado.
LEO
—...y cuando me mudé solo, me di cuenta que no sabía usar un lavarropas. Ni cocinar. Básicamente, sobreviví a base de tostadas y culpa.
CLARA (riendo)
—¿Y ahora?
LEO
—Ahora hago arroz que no se pega. Y una pasta que podría conquistar a alguien.
CLARA
—Me estás haciendo una propuesta indecente, ¿sabías?
LEO (jugando)
—No tan indecente. Solo gastronómica. Por ahora.
Clara baja la mirada. Un pequeño gesto. Sincero.
CLARA
—No sé si estoy lista para todo esto.
Leo se queda callado. La mira sin presión. Le habla con cuidado.
LEO
—Está bien. No vine a buscar certezas. Vine a conocerte. A ver si todo eso que nos escribimos... respira acá.
Clara lo mira. Hay ternura, hay miedo, hay algo que tiembla.
CLARA
—Y... ¿respira?
LEO (sonriendo suave)
—Está empezando a latir.
Silencio.
Ella respira hondo, como quien se entrega de a poco.
CLARA
—¿Vamos a caminar?
LEO
—¿Aunque llueva?
CLARA
—Sobre todo porque llueve.
Salen. El cuaderno queda sobre la mesa, abierto. En la última página, hay dos figuras: una chica con un cuaderno, un chico con un corazón pixelado. Caminan juntos, bajo una lluvia que parece limpiar todo lo anterior.


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