Yo estaba sentado en mi cama, mirando por la ventana. Fue un día cansado. Venía de entrenar y no me salió nada en esa maldita práctica. Erré muchos tackles, no gané ningún scrum. Me sentía mal.
Hace semanas que no dejaba de pensar en qué hubiera pasado si me iba a otro club hace dos años, para poder seguir con mi vida en el rugby. Pero bueno, fui seleccionado para ir al centro de URBA, donde van los destacados de cada club. Había mucha gente, muchos jóvenes que hoy en día son promesas.
Jugué muy bien, estuve a la altura de ellos y más. Pero me dijeron una cosa que me cambió el pensamiento: “No te llevamos por el color de tus medias”. Entendí todo en ese momento. No me llevarían por el lugar donde me formé como jugador.
Tres meses estuve con depresión, sin saber qué hacer con el deporte, con mi vida en general.
Y llegó el plantel superior: “Primera”. Mi primer año fue excelente con ligeros tras pies pero bueno en lo social hice muchísimos amigos incluyendo de otros clubes tengo todo pero me falta concretar , se que soy mi joven y que tengo todo por delante pero me pasa factura cada golpe digo y hago como que no me duele pero me duele dormir no encuentro comodidad en mi cama y siempre sigo lo mismo “amor me das una relajante muscular así mañana estoy como nuevo ” pero eso solo lo frena al dolor unas horas la espalda duele las rodillas duelen pero me dolerá más el saber que no hice lo que me gustaba cuando era más joven entonces todos los días me levanto y sigo tirando para adelante como mi papá me enseñó , el se levantaba a las 4 de la mañana para ir a trabajar y no era bueno su trabajo pero s nosotros no nos faltó nunca nada el también quiso jugar al rugby pero no le dieron la oportunidad y a mi me cierran las puertas pero siempre para adelante mi rey mijo mi papá . Tenía muchas ganas, volví con todo lo que tenía y mejoré. Conocí nueva gente que me seguía diciendo: “Estás para más”. Y sin creerme más que nadie, seguí.
Mitad de año. Llega el día: debut en Primera. Muchísima felicidad, pero con el corazón en la boca. ¿Y si no entro bien? ¿Y si me lastimo? ¿Y si no cumplo con lo que me piden? Otra vez, mi cabeza.
Me pegaron un cachetazo de realidad: me sacaron amarilla faltando 15 minutos para que termine el primer tiempo. Salí enojado y triste. No jugué mi mejor partido. Pero me di cuenta de que siempre podemos mejorar cosas.
Seguí, y seguí adelante. Llegamos a la final del torneo. La perdimos por poco. Se nos escapó. Pero terminó el año y me propuse salir campeón en 2025, en mi casa, con mi gente y, más que nada, con mis amigos.
También entendí que todo pasa, y que lo que tiene que llegar, que llegue a su tiempo.
Continuará...


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