LA CRUZADA DE LA DECEPCIÓN: ALGUNAS PELÍCULAS QUE ASESINARON NUESTRA FE EN LOS SUPERHÉROES 

Para muchos de nosotros, que crecimos devorando cómics y soñando con héroes que volaban o luchaban contra el mal, el cine de superhéroes era un santuario, una promesa de ver a nuestros ídolos cobrar vida. Grandes producciones nos han hecho volar, soñar y construir u mundo mejor, éxitos en taquilla y marketing le han dado furor al mundo entero. Sin embargo, no todo ha sido gloria y taquilla millonaria. Existe una oscura galería de horrores cinematográficos que no solo fracasaron estrepitosamente en la crítica y en la recaudación, sino que lograron algo aún peor: nos hicieron perder la fe. No en los héroes en sí, sino en la capacidad de Hollywood para entender y honrar aquello que los hacía especiales.

Han existido muchas de las que podemos hablar, sin embargo, permítanme guiarles por el sendero de la amargura, recordando cinco películas que marcaron un antes y un después en nuestra relación con el género.
La decepción no es una palabra lo suficientemente fuerte para describir la experiencia de sentarse en la oscuridad de una sala de cine, lleno de expectación, para ser bombardeado por una sucesión de malas decisiones artísticas, guiones insípidos y una falta de respeto flagrante por el material original. Estas películas no solo no lograron convencer a la crítica especializada –que las vapuleó sin piedad–, sino que también alienaron a los fans más acérrimos, aquellos que, como yo, esperaban ser transportados a mundos de maravilla y heroísmo.

Comencemos por el caso de Catwoman (2004). Ya veníamos de una magistral actuación de Michelle Pfeiffer en Batman Returns (1992), que nos enamoró con su presencia y su puesta en escena. Pero esta nueva versión más heroica (al parecer), se presentó como la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer en la era moderna, con la talentosa Halle Berry a la cabeza. La expectativa era palpable. Lo que obtuvimos fue un desastre sin precedentes. El fracaso fue multifacético: un guion que transformó a Selina Kyle de una astuta ladrona con moral ambigua en una mujer con poderes felinos inexplicables gracias a un gato egipcio místico. El infame traje, más cercano a un disfraz de Halloween de baja calidad que a algo digno de una heroína. Las actuaciones, incluyendo la de la propia Berry, parecían desconectadas y sobreactuadas, inmersas en una trama absurda que implicaba una crema anti-envejecimiento con efectos secundarios peligrosos. Catwoman fue un insulto a la inteligencia del público y a la rica historia del personaje. Verla era una tortura, una afrenta a la memoria de una de las villanas o anti-heroínas más fascinantes del mundo de DC.

Casi inmediatamente después, en 2005, llegó Elektra, un spin-off de la ya olvidable "Daredevil" de Ben Affleck, la cual tampoco fue una gran hazaña en la industria, por lo que generó dudas cuando fue nombrado Batman, pero que al final la película tuvo sus divisiones en cuanto a la críticaPero volviendo al punto; si Catwoman fue una herida, Elektra fue echar sal en ella. Jennifer Garner regresaba como la asesina ninja, pero la película carecía de coherencia, dirección y cualquier atisbo de la intensidad y el estilo visual que caracterizan a los cómics de Frank Miller en los que se basaba el personaje. La trama era genérica hasta la médula, los villanos para el olvido y las secuencias de acción carecían de impacto. Elektra no solo falló en capturar la esencia de su fuente, sino que fue tan vacía que su mayor pecado fue la indiferencia. Después de verla, uno no sentía rabia, sino un profundo vacío y la sensación de haber malgastado un par de horas preciosas de vida.

Retrocediendo un poco en el tiempo, nos adentramos en la oscuridad para hablar sobre una de las peores noches del caballero nocturno más famoso de Gótica. Y asi llegamos al infame Batman y Robin (1997). Después del tono gótico y oscuro de las dos primeras películas de Tim Burton, Joel Schumacher intentó inyectar un camp descarado y un festival de luces de neón que terminó matando la franquicia por años. Con George Clooney como un Batman que parecía incómodo en su propio traje, y un elenco de villanos exagerados (Mr. Freeze y Hiedra Venenosa), la película es un monumento al exceso y la mala toma de decisiones. Los "bati-pezones", los chistes forzados, el bat-patín... todo era tan ridículo que se convirtió en una parodia de sí misma. Para los fans del Caballero Oscuro, fue una traición, una burla al héroe que amaban, y dejó una cicatriz tan profunda que la saga no se recuperaría hasta que Christopher Nolan llegó con "Batman Begins" casi una década después. Esta película no solo nos hizo reír por las razones equivocadas, sino que nos hizo dudar si el cine alguna vez volvería a tomarse en serio a Batman.

Pero antes de todo esto, hubo una película que sentó un precedente sombrío para las secuelas fallidas: Superman IV: The Quest for Peace (1987). Después de tres entregas que, con sus altibajos, habían cimentado a Christopher Reeve como el Superman definitivo y el más querido de todos, esta cuarta entrega fue un desastre catastrófico. Con un presupuesto ridículamente bajo, efectos especiales que parecían sacados de una película de clase B de los años 50, y un guion que intentaba abordar temas como el desarme nuclear con la sutileza de un martillo, la película fue una vergüenza. No tuvieron fe desde un principio y la forzaron a realizarse con un presupuesto muy mezquino. El "Hombre Nuclear" es un villano tan mal concebido que roza lo cómico, y cada escena rezumaba una falta de cuidado y respeto por el legado del héroe más grande de todos. Ver a Superman reducido a esto, con escenas tan mal hechas que rompían la inmersión por completo, fue desolador. Fue el clavo en el ataúd de la era Reeve y una advertencia de que ni siquiera el Hombre de Acero era inmune a la mediocridad. Prácticamente encerraron a Superman en el baúl de los recuerdos, hasta que apareció Superman Regresa en 2005, que no elevo muy alto las expectativas del hombre de acero pero que de alguna manera lo impulso ha regresar a la gran pantalla.

Finalmente, en 2008, cuando parecía que el género empezaba a encontrar su rumbo con películas como "El Caballero Oscuro" e "Iron Man", llegó The Spirit. Dirigida por Frank Miller, el genio detrás de algunos de los cómics más influyentes, incluyendo "Sin City", la película prometía un estilo visual único y una narrativa noir (novela negra). Lo que entregó fue un desorden narrativo incomprensible, actuaciones sobreactuadas hasta el punto del ridículo (Samuel L. Jackson como el Octopus es un meme viviente) y una trama inexistente. Intentó ser estilizada, pero terminó siendo pretenciosa y vacía, una sucesión de escenas sin conexión ni propósito. The Spirit no solo fue un fracaso de taquilla y crítica; fue una especie de advertencia, de que ni siquiera los visionarios de los cómics estaban a salvo de producir obras de arte fallidas, dejando al espectador con la sensación de que había presenciado un experimento visual que salió terriblemente mal.

Estas cinco películas, cada una a su manera, representan puntos bajos en la historia del cine de superhéroes. No solo perdieron dinero y cosecharon críticas negativas; lo que es peor, erosionaron la confianza del público y, en mi caso, me hicieron dudar seriamente de si alguna vez volvería a sentir esa emoción pura y sin adulterar al ver a un héroe en la pantalla grande. Me hicieron preguntar si los cineastas realmente entendían lo que hacía grandes a estos personajes, o si solo los veían como mercancías para explotar. Afortunadamente, el género se ha recuperado y nos ha dado obras maestras, pero el recuerdo de estos fracasos permanece como un recordatorio de que incluso los héroes más grandes pueden caer, y a veces, nos arrastran a nosotros con ellos en su descenso a la mediocridad.

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